Visión sin identidad: la nueva serie de Marvel que se pierde en su propio laberinto filosófico
Paul Bettany vuelve a ponerse el traje del sintezóide en una producción de Disney+ que arranca con una premisa intrigante y se desvanece entre demasiadas explicaciones y pocas resoluciones. James Spader como Ultrón es lo mejor de un conjunto que no termina de encontrar su rumbo.
Como escribió Charly García en una de sus canciones más lúcidas, hay quienes buscan una identidad y terminan encontrando un espejo que devuelve más preguntas que respuestas. Algo de esa sensación íntima recorre los primeros capítulos de VisionQuest, la nueva apuesta de Marvel para Disney+, donde el androide más melancólico del Universo Cinematográfico regresa después de cinco años sin pisar la pantalla, y lo hace de la manera más desconcertante posible: sin saber quién es. La serie, dirigida por Terry Matalas —el mismo que le devolvió el pulso a Star Trek: Picard—, nos encuentra con un Visión que trabaja como empleado de un pub en Edimburgo, lleva una vida discreta entre clientes habituales y platos de papas, y cada vez que se queda dormido se interna en un mundo interior donde convive con manifestaciones de distintas inteligencias artificiales y, sobre todo, con un Ultrón recluido al que James Spader le pone la voz y la mirada más perturbadoras del elenco. Esa coexistencia forzada entre el creador y la criatura, entre el ser y su sombra más destructiva, es sin dudas el corazón filosófico de la propuesta, y también el rincón donde la serie respira con mayor soltura.
Un villano de peso y un triángulo familiar inesperado
Lo que VisionQuest acierta de entrada es presentarnos a un Ultrón distinto al que recordábamos de la película de 2015. Spader, que ya había hecho suyo al personaje en aquel recordado filme, vuelve con una ironía afilada y una contención que sorprenden: es el contrapunto ideal para un Visión que pasa buena parte del tiempo intentando reconstruir los pedazos de su propia historia. A esa dupla se suma Tommy, un joven londinense que sobrevive como carterista en la capital británica y que empieza a experimentar sueños que remiten a una vida que nunca vivió. El vínculo que se teje entre los tres —dos inteligencias artificiales y un chico de carne y hueso conectado al legado de Wanda Maximoff— funciona como el verdadero motor emocional de la serie, y por momentos recuerda, en su mejor versión, a esas historias de ciencia ficción que indagan sobre qué significa pertenecer a una familia cuando uno fue ensamblado en un laboratorio. La incorporación de Yocasta, interpretada por T'Nia Miller, aporta un costado menos explorado en Marvel: el de las inteligencias artificiales que observan, cuestionan y, llegado el caso, conspiran desde los márgenes.
Demasiadas ideas, pocas conclusiones
El problema de VisionQuest no es su ambicioso cóctel temático —la identidad, la memoria, los acuerdos de Sokovia, el célebre dilema del barco de Teseo—, sino el hecho de que la narración se detiene a cada rato a explicarnos de qué va todo eso. Es una serie marcadamente expositiva: los personajes verbalizan sus emociones, justifican sus decisiones y, sobre todo, nos cuentan qué están pensando antes de que tengamos tiempo de deducirlo nosotros. Ese exceso de diálogo explicativo le quita aire a una historia que, por su ADN, pediría a gritos más silencio, más imágenes, más espacio para la sugerencia. Mientras WandaVision y Agatha, ¿quién si no? —las otras dos piezas de esta trilogía informal que Marvel fue construyendo alrededor del mito de Wanda y su familia— encontraron un tono propio y una estética reconocible, VisionQuest queda a medio camino entre el thriller filosófico, el drama paternofilial y la aventura de súper espías cuando un mercenario de élite llamado Paladin entra en escena para alterar la calma del pueblo. Cada uno de esos registros podría haber dado para una temporada entera; juntos, se neutralizan.
Quiero ser justa con el material: VisionQuest no es una mala serie. Las actuaciones de Bettany y Spader justifican el visionado, los episodios iniciales generan una intriga genuina y hay escenas —sobre todo las que transcurren dentro de ese paisaje onírico donde se cruzan las inteligencias artificiales— que permanecen en la memoria. Pero, al igual que su protagonista, la producción parece andar en busca de una razón de ser que no termina de encontrar. Después de cinco años de ausencia, Visión merecía un regreso que consolidara su lugar en el universo Marvel; lo que tenemos es una despedida elegante, con destellos de genio, que deja al personaje en el umbral de una definición que la serie no se anima a escribir del todo. Como espectadora, te la recomiendo si ya estás dentro de este viaje y querés cerrar el círculo; si recién te asomás al mundo de WandaVision, empezá por el principio. Ahí, en esa primera serie donde todo era sorpresa y melancolía, está la magia que esta entrega homenajea sin terminar de igualar. Cinco años esperando, y la sensación se parece un poco a la del propio Visión: se reconoce en el espejo, pero todavía no sabe bien quién lo mira.
“Al igual que su protagonista, la producción parece buscar una razón de ser que no termina de encontrar.”Iris Evans
