A un cuarto de siglo de su estreno, "Hermanos de sangre" sigue siendo la serie de guerra contra la que se mide todo lo demás
La producción de HBO que reunieron Steven Spielberg y Tom Hanks cumplió 25 años y permanece como referencia ineludible del género bélico en la pantalla chica, con una factura cinematográfica que ni sus propias herederas lograron igualar.
"Lo que más me enorgullece es haber conocido a esos hombres y haber podido contar su historia", dijo Tom Hanks al recordar el rodaje. Aquella frase resume el espíritu de "Band of Brothers", la miniserie que HBO puso en pantalla el 9 de septiembre de 2001, apenas dos días antes de que el mundo cambiara para siempre, y que ahora cumple 25 años sin que nadie haya podido destronarla en el género bélico televisivo.
Una compañía que se volvió eterna
La historia sigue los pasos de la Easy Company del 506.º Regimiento de Infantería de Paracaidistas del Ejército de los Estados Unidos, desde el entrenamiento en el campamento Toccoa hasta los campos de concentración en Europa, atravesando el Día D, Market Garden y la Batalla de las Ardenas. La base es el libro homónimo que Stephen E. Ambrose publicó en 1992, aunque la serie elige otro ángulo: el lazo entre los soldados pesa más que la estrategia militar.
El proyecto fue una sociedad creativa entre Steven Spielberg y Tom Hanks como productores, apenas dos años después de haber rescatado a un soldado privado en el cine. Ambos tomaron una decisión que terminó definiendo el tono de los diez capítulos: los veteranos reales de la Easy Company presentan cada episodio en cámara y relatan en primera persona lo que les tocó vivir. Esa presencia no es un adorno: le da a la serie una capa de testimonio que las reconstrucciones puramente ficcionales difícilmente alcanzan.
- Michael Fassbender, en uno de sus primeros papeles en inglés.
- James McAvoy, aún lejos de los X-Men.
- Simon Pegg, antes de convertirse en Shaun of the Dead.
- Tom Hardy, en sus primeros créditos relevantes.
- David Schwimmer, el rostro más conocido del elenco, como el capitán Herbert Sobel.
Una producción fuera de escala
Los 125 millones de dólares de presupuesto eran, en aquel 2001, una cifra impensada para la pantalla chica, y se notan en cada secuencia de combate. La puesta en escena recurrió a criterios de cine bélico de gran formato, con un diseño de producción minucioso y una rotación de directores que incluyó a Phil Alden Robinson y David Nutter. La violencia aparece sin estetizarla, pero tampoco se vuelve el centro de la escena: lo que queda en la retina es la humanidad de los personajes.
El estreno juntó diez millones de espectadores, pero la campaña publicitaria se suspendió tras los atentados del 11 de septiembre, porque la cadena entendió que el mundo no estaba para ficciones sobre soldados. Aun así, la audiencia acompañó la emisión hasta el final y construyó, capítulo a capítulo, una relación de fidelidad que no hizo más que crecer con el paso del tiempo.
Un legado que incluye a la Argentina
En nuestro país, la serie encontró un público muy particular, en buena parte porque parte de la Easy Company incluía soldados descendientes de italianos y porque varios capítulos se desarrollan en los Países Bajos, una región con la que existen lazos migratorios históricos. Para los espectadores argentinos, la liberación de Eindhoven y el contacto con la población civil holandesa resonaron de un modo especial, como un puente inesperado entre aquella guerra lejana y la historia de la inmigración a estas tierras.
La propia descendencia de la serie se nota cuando uno compara. "The Pacific" (2010), también producida por Spielberg y Hanks, eligió un enfoque más íntimo y se concentró en dos o tres protagonistas. "Hermanos de sangre", en cambio, apostó por una narración coral, repartiendo el peso entre todo el batallón, y esa decisión le dio una textura distinta, más cercana a la de un libro de memorias colectivo que a la de una épica individual.
Si nunca la vieron, aprovechen este aniversario para darle una oportunidad: es de esas series que se disfruta por primera vez como si fuera un evento, y que invita a revisitarla cada cierto tiempo, porque siempre hay un diálogo, una mirada o un gesto de los soldados que había pasado desapercibido. Yo la vuelvo a poner cada vez que necesito recordar que la televisión, cuando se pone a la altura de las circunstancias, puede ser tan poderosa como el mejor cine.
