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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Selva, kayak y restauración: la reserva que produce hasta 200.000 plantines por año en el corazón de Yabotí

A 40 kilómetros de El Soberbio y a 290 de Iguazú, la reserva privada Margay combina cuatro cabañas sobre el arroyo Paraíso, recorridos guiados por el monte paranaense, navegación en kayak y un vivero que funciona como motor de recuperación de ambientes degradados dentro del área de amortiguación de la Reserva de Biosfera Yabotí.

Por Federico SandovalAmbiente y energías renovables · · hace 30 d
Selva, kayak y restauración: la reserva que produce hasta 200.000 plantines por año en el corazón de Yabotí

La cuenta arranca con un dato que suele pasar desapercibido cuando se habla de turismo de naturaleza en Misiones: el vivero Kawsay, instalado dentro de la reserva privada Margay, produce entre 100.000 y 200.000 plantines por año de especies nativas de la selva paranaense, una cifra que lo coloca como una herramienta concreta de restauración dentro de un área de amortiguación que protege 253.000 hectáreas de monte y que, sin embargo, sigue presión por la caza furtiva, los incendios y el avance de actividades productivas sobre los bordes. La reserva ocupa 65 de esas hectáreas y funciona como una suerte de cabecera accesible para entender, en dos o tres días, qué se está haciendo —y qué falta— para sostener esa franja de biodiversidad que conecta a El Soberbio con el corredor verde más importante del norte argentino.

Para llegar hay que pensar a Misiones en su escala real: Margay está a 40 kilómetros de El Soberbio y a 290 de Iguazú, lo que la convierte en una escala lógica para quienes ya recorrieron las Cataratas y quieren bajar hacia el sur de la provincia, donde la selva se espesa y el ruido del mundo se aleja. El pueblo, además, opera como base para conocer los Saltos de Moconá, de modo que la reserva se inscribe en un circuito más amplio que combina saltos de agua, comunidades guaraníes y áreas protegidas de gran porte. La estadía recomendada es de dos a tres jornadas, y los meses sugeridos para visitarla son febrero y marzo, cuando el clima acompaña las actividades en el agua sin los extremos del invierno misionero.

¿Qué se puede hacer en Margay entre caminatas, kayak y fogón?

La oferta turística está articulada alrededor de cuatro cabañas instaladas sobre la ribera del arroyo Paraíso, rodeadas de vegetación y pensadas para que el agua sea una presencia constante durante la visita. Un deck de madera permite desayunar o merendar frente al curso, y la gastronomía incorpora preparaciones frescas y orgánicas con identidad misionera. Por la noche, la actividad se corrie hacia el fogón, donde se cocina pescado en hojas de banano y se abren conversaciones sobre la cultura guaraní, un componente que los guías locales aprovechan para contextualizar el paisaje y sus habitantes originarios. Durante el día, en cambio, el menú se reparte entre senderos autoguiados, caminatas con guía profesional —que explican las características de la flora y la fauna del monte— y la posibilidad de recorrer el arroyo en kayak, una actividad que requiere contemplar un equipaje específico: una muda para mojarse, calzado de trekking, pantalón largo y camisa de manga larga, además de abrigo nocturno, repelente, protector solar, sombrero y anteojos de sol.

El vivero Kawsay es la pieza que diferencia a Margay de otras propuestas de lodge de selva. No se trata de un adorno decorativo ni de un paseo opcional: el lugar está pensado para mostrar cómo se producen las especies nativas que después se utilizan en la recuperación de ambientes degradados y en el arbolado urbano. La visita, guiada, permite ver de cerca el trabajo con plantas como el palo amargo y entender el vínculo entre turismo y restauración, una ecuación que, en la mayoría de los destinos de naturaleza de la Argentina, suele quedar solo en el discurso.

¿Qué hace Margay por la selva paranaense y qué le falta?

El trabajo ambiental de la reserva se apoya en tres líneas que conviene leer con atención. Por un lado, el seguimiento de fauna mediante cámaras trampa, una herramienta que se utiliza para reducir la caza furtiva, una de las presiones históricas más fuertes sobre la Reserva de Biosfera Yabotí. Por otro, la producción de plantines en Kawsay, con esa cifra anual de entre 100.000 y 200.000 ejemplares de especies nativas que se destinan tanto a la restauración interna como al arbolado urbano. Y, finalmente, los sistemas agrícolas que integran cultivos y árboles nativos con el objetivo de recuperar suelos y biodiversidad en zonas donde la selva fue reemplazada por actividad productiva. A eso se suma el proyecto M2 x Naturaleza, que apunta específicamente a restaurar superficies de selva afectadas por actividades productivas e incendios. Aun así, el diagnóstico es incómodo: se conservan 253.000 hectáreas de selva paranaense dentro de Yabotí, pero la presión sobre los bordes sigue activa y la restauración avanza a una escala que, aunque significativa, todavía queda lejos de compensar la velocidad con la que se pierden ambientes. Falta, en definitiva, que este tipo de experiencias deje de ser una excepción y se convierta en un modelo replicable para los pueblos del corredor sur de Misiones.

  • Reserva privada Margay: 65 hectáreas dentro del área de amortiguación de la Reserva de Biosfera Yabotí, que protege 253.000 hectáreas de selva paranaense.
  • Alojamiento: cuatro cabañas sobre el arroyo Paraíso, con deck frente al agua y gastronomía fresca y orgánica de raíz misionera.
  • Actividades: senderos autoguiados, caminatas con guía profesional, kayak por el arroyo y encuentros nocturnos en el fogón con relatos sobre la cultura guaraní y pescado cocinado en hojas de banano.
  • Vivero Kawsay: produce entre 100.000 y 200.000 plantines por año de especies nativas para restauración de ambientes degradados y arbolado urbano.
  • Trabajo ambiental: seguimiento de fauna con cámaras trampa para reducir la caza, sistemas agrícolas que integran cultivos y árboles nativos, y el proyecto M2 x Naturaleza para restaurar superficies afectadas por actividades productivas e incendios.
  • Ubicación y logística: a 40 kilómetros de El Soberbio y a 290 de Iguazú; estadía recomendada de dos a tres días, en febrero o marzo, con ropa para mojarse, calzado de trekking, abrigo nocturno, repelente, protector solar, sombrero y anteojos de sol.
FS
Federico SandovalAmbiente y energías renovables

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