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Pardo, el pueblo de las cuatro calles donde Bioy Casares escribió La invención de Morel

A 200 kilómetros de Buenos Aires, sobre la Ruta Nacional 3, un paraje de menos de 200 habitantes cumple 150 años de la llegada del primer tren y lo festeja con desfile gaucho, baile popular y almuerzo criollo. Un repaso por la historia literaria que dejó marca en las letras argentinas.

Por Federico SandovalAmbiente y energías renovables · · hace 36 d
Pardo, el pueblo de las cuatro calles donde Bioy Casares escribió La invención de Morel

El 18 de septiembre de 1876 llegó a Pardo el primer tren y el pueblo empezó a existir alrededor de la estación. Ciento cincuenta años después, el paraje rural del partido de Las Flores, con menos de 200 habitantes y calles de tierra que llevan nombres de árboles, prepara los festejos del aniversario para el fin de semana del 19 y 20 de septiembre, con desfile gaucho, baile popular y almuerzo criollo. La cita pone en primer plano un pueblo chico que, sin embargo, carga una historia literaria desmesurada para su tamaño: la de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, que veranearon allí y escribieron algunas de las páginas más recordadas de la literatura argentina del siglo XX.

¿Qué hizo la familia Bioy en Pardo desde 1835?

La historia del pueblo y la de la familia Bioy se cruzan desde mucho antes de la llegada del ferrocarril. En 1835, Juan Bautista Bioy, un inmigrante francés, compró un campo a Lino Pardo, de quien el paraje tomó su nombre, y fundó la estancia Rincón Viejo, además de abrir una pulpería sobre el camino que con el tiempo se convertiría en la Ruta 3. Décadas más tarde, su nieto Adolfo Bioy Casares empezó a pasar los veranos en aquella estancia junto a su esposa, Silvina Ocampo. A esos veraneos llegaban como visita Jorge Luis Borges y Victoria Ocampo, fundadora de la revista Sur, y de ese cruce salieron colaboraciones concretas que dejaron huella en las letras nacionales.

¿Qué obras nacieron en Rincón Viejo?

En la tranquilidad del campo de Pardo, Bioy Casares escribió La invención de Morel, publicada en 1940 y convertida desde entonces en una referencia ineludible de la literatura fantástica en lengua castellana. Borges mencionó la estancia en su cuento El Sur, mientras que Silvina Ocampo, que hasta entonces se dedicaba sobre todo a la pintura, se animó a escribir en aquel ambiente rural; de esa época salieron libros como Viaje olvidado (1937) y Autobiografía de Irene (1948). Además, Borges y Bioy firmaron juntos, bajo los seudónimos H. Bustos Domecq y B. Suárez Lynch, una serie de relatos de literatura fantástica y policial que dejaron marca en el género. La ebullición creativa de esos veranos en un pueblo de pocas cuadras contrasta con la imagen apacible que hoy muestra Pardo al visitante.

¿Qué queda hoy del pueblo que vio nacer esas obras?

El edificio original de la estación del ferrocarril sobrevivió al cierre del servicio ferroviario y hoy funciona como Museo Biblioteca Adolfo Bioy Casares, donde se exhiben fotografías, libros, documentos y objetos que reconstruyen tanto la vida del escritor como la historia rural de la zona. Entre los papeles guardados allí se conservan los registros del casamiento de Bioy Casares y Silvina Ocampo, celebrado en Las Flores en enero de 1940. A su alrededor, el pueblo ofrece la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, construida en 1892 y vinculada a la familia Bioy, la escuela que lleva el nombre del abuelo del escritor y el Club Unión Deportiva. Recorrerlo lleva poco más que una caminata por unas pocas cuadras de calles tranquilas.

¿Cómo es la oferta de alojamiento y gastronomía?

  • Bar-pulpería La Vieza Estación, instalado en el predio de una antigua estación de servicio, abre fines de semana y feriados con comidas de olla en invierno, parrilla en verano y opciones vegetarianas.
  • Dispone de cuatro cabañas y suma un camping con parador para motorhomes, con servicio de descarga de aguas negras y grises.
  • El Proyecto Yamay ofrece cabalgatas y otras actividades rurales que completan la oferta de turismo de campo, todavía pequeña pero en crecimiento.

Lo que falta en Pardo es justamente lo que el aniversario debería empujar: mayor difusión de su patrimonio literario, mejoras en la señalización del circuito Bioy-Borges-Silvina Ocampo y un calendario estable de actividades culturales que vaya más allá de los fines de semana largos. El pueblo tiene los cimientos para sostener una propuesta turística sostenida, pero todavía depende del entusiasmo de los vecinos y de la voluntad del municipio de Las Flores para transformar un pasado riquísimo en un presente con servicios todo el año.

FS
Federico SandovalAmbiente y energías renovables

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