El dólar se movió dentro de un rango estrecho mientras la inflación de agosto volvió a pegar en los servicios de vivienda
El oficial cerró a $1.530 y el blue a $1.545, con una brecha de apenas el 1%, en una jornada cambiaria estable que coincidió con la publicación del IPC de 1,7% y un alza de 2,8% en Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles.
El mercado cambiario transitó este lunes 14 de septiembre sin sobresaltos y confirmó una dinámica que ya se volvió costumbre: el dólar oficial se mueve dentro de un rango estrecho y el paralelo apenas se despega del primero. La pizarra del Banco Nación mostró $1.480 para la compra y $1.530 para la venta, exactamente el mismo precio con el que abrió la jornada, mientras que el dólar blue se negoció en las cuevas del microcentro porteño a $1.545, lo que dejó una brecha de aproximadamente el 1% entre ambas cotizaciones, un margen que refleja una calma cambiaria relativa pero que no se traduce automáticamente en alivio para el bolsillo de los hogares.
Para quienes gastan en moneda extranjera con tarjeta, el número que importa es otro bien distinto del que miran los analistas. Sin el impuesto PAIS, que dejó de regir, el cálculo se reduce al dólar oficial más un 30% de percepción a cuenta de Ganancias, lo que arrojó este lunes un dólar tarjeta de $1.995,50. Eso significa que cada cien dólares consumidos fuera del país o en plataformas extranjeras terminan costando casi doscientos mil pesos, una carga que pega de lleno en el turismo emisivo, las suscripciones digitales y las compras de bienes importados que se canalizan por esa vía.
¿Qué dice la foto cambiaria y qué dice el termómetro de precios?
El INDEC publicó este mismo lunes el dato de inflación de agosto y el cuadro pinta un escenario que el mercado cambiario parece no querer reconocer: el IPC mensual fue de 1,7% y volvió a encabezar las subas el rubro Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con un alza de 2,8%. Educación quedó en segundo lugar con 2,5%, una combinación que describe con precisión el tipo de presión que sienten los hogares argentinos de entre 40 y 60 años, propietarios de inmuebles con expensas y servicios en alza sostenida, y padres que aún pagan cuotas de colegios privados o de idiomas dolarizados.
La distancia entre lo que dice el mercado y lo que dice el termómetro oficial de precios es, justamente, lo que debería preocuparle al lector desprevenido. Mientras el riesgo país cerró en 485 puntos básicos, un indicador que elabora JP Morgan para medir el sobrecosto de la deuda argentina frente a los bonos del Tesoro estadounidense, y la curva cambiaria se mantiene estable, los servicios regulados siguen marcando su propio ritmo inflacionario al margen de la discusión financiera. La empresa y el mercado celebran la estabilidad del tipo de cambio; el estudio del INDEC muestra que la presión sobre los gastos fijos del hogar se acelera por encima del promedio.
Para quienes deban operar dólares por home banking, el procedimiento habitual sigue siendo ingresar a la sección de operaciones cambiarias, indicar el monto en pesos que se desea convertir y confirmar la transacción con el tipo de cambio que muestra el sistema en el momento exacto de la operación, ya que no existe un valor unificado sino el de cada instante del día.
En un país donde la estabilidad cambiaria suele ser celebrada como un logro en sí misma, queda por verse si esa calma relativa del dólar se traduce en algún alivio concreto para las familias que ya recibieron el golpe de las boletas de gas, luz y expensas con subas de casi tres puntos en un solo mes. Por ahora, el número que mira el mercado y el número que mira el INDEC siguen contando dos historias distintas, y la nota la paga, como siempre, el bolsillo de los hogares. La pregunta que sigue abierta es qué falta hacer para que esa brecha entre la macro y la calle empiece a cerrarse.
