Cabalgatas con cepillado previo: la apuesta de una familia neuquina para repensar el vínculo con el caballo en Caviahue
En el paraje La Vega, los Garrafa reabrieron una tradición de generaciones con un eje poco habitual en el turismo de équidos: el bienestar animal como puerta de entrada a la experiencia y como sostén de toda la propuesta.
En la entrada de Caviahue, en el paraje La Vega, una familia neuquina recuperó una tradición de varias generaciones y la convirtió en una propuesta turística formalmente habilitada por el Ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales de la Provincia, en un emprendimiento donde el vínculo previo con el animal, alimentarlo, cepillarlo y conocer su comportamiento, ocupa un lugar tan central como el propio recorrido a lomo de caballo por los paisajes del Alto Neuquén, con el volcán Copahue como horizonte permanente y una merienda casera como cierre.
¿Qué se hace antes de subir al caballo?
Los días en La Vega arrancan antes de que llegue el primer visitante. La familia revisa los caballos, los alimenta y los cepilla, un ritual de cuidado que no forma parte de la escenografía turística sino que constituye la base sobre la que se apoya toda la experiencia, un detalle que la propia familia se encarga de subrayar cada vez que describe el proyecto y que los visitantes atraviesan de manera directa al llegar al predio.
¿Quién está detrás del proyecto?
El emprendimiento lleva el nombre del paraje y pertenece a la familia Garrafa desde hace décadas, ya que el abuelo realizaba cabalgatas allí cuando sus hijos eran chicos, luego dejó la actividad durante un tiempo y años después impulsó él mismo la vuelta al lugar, cuando sus nietos ya habían desarrollado un vínculo propio con los caballos y con esa forma de vida, de modo que la decisión de abrir la propuesta a visitantes fue el resultado de un proceso familiar largo y no de una búsqueda repentina de rentabilidad turística.
¿Qué los diferenció de una cabalgata convencional?
“No queremos que el caballo sea visto solamente como un medio para recorrer un sendero. Queremos enseñar a conocerlo, respetarlo y entenderlo.”María René Garrafa, quien lidera el proyecto junto a su pareja Marcos y sus tres hijos.
¿Qué falta hacer?
Los planes a corto plazo incluyen ampliar el espacio, mejorar los accesos y construir una caballeriza propia, mientras que el objetivo de largo alcance es más ambicioso: sostener esta actividad como modo de vida y transmitirla a la próxima generación, en un territorio donde el clima puede cambiar en pocas horas y donde la temporada turística sigue dependiendo de factores que la familia no controla, desde la nieve sobre el Copahue hasta la llegada efectiva de visitantes al corazón del Alto Neuquén, de modo que el verdadero desafío pendiente no es solo edilicio sino también comercial, ya que una propuesta centrada en el bienestar animal exige tiempos de explicación y de trato con el caballo que muchas veces chocan con la lógica de los tours exprés, y ese desajuste entre el ritmo del visitante y el ritmo del animal es, justamente, el punto que la familia Garrafa se niega a negociar.
