Un Superclásico con el silbato en el ojo de la tormenta
Collado apuntó contra Nicolás Ramírez por cómo manejó dos infracciones casi idénticas en el 1-0 de Boca sobre River en la Bombonera.
Cuando el viento sopla de costado, el partido se pone traicionero y cualquier chispa prende fuego. Eso fue lo que pasó en la Bombonera el domingo, donde Boca ganó 1-0 y el protagonismo se lo llevó la terna arbitral, no la pelota.
Dos patadas parecidas, dos destinos distintos
Gonzalo Montiel, de River, fue expulsado tras una falta que el árbitro no vio en el campo: la primera roja llegó después del llamado del VAR. Lautaro Blanco, de Boca, cometió una infracción que Ramírez sí percibió de forma directa, sancionó, dejó seguir el juego y recién unos instantes después le mostró la amarilla.
Para Javier Collado, ex árbitro que analizó el partido en declaraciones radiales, esa diferencia de tiempos fue clave. Según su mirada, las dos jugadas eran "hasta iguales" y ambas debían terminar con roja.
“Lo perdió desde el minuto uno.”Javier Collado
La amarilla que llegó tarde
Le voy a poner un apodo a la jugada que más ruido hizo: la del semáforo tardío. Porque Ramírez resolvió una al instante y la otra la dejó pasar un rato largo para después sacar la tarjeta, y en el medio se perdió la coherencia que el hincha espera de un árbitro.
Seamos sinceros: cuando el juez no resuelve en el campo lo que el VAR después le marca, la autoridad se vuelve un papel mojado. Collado aclaró que la primera decisión no estuvo mal, pero que el hecho de no tomarla él mismo le quitó firmeza para el resto del encuentro.
- Lo que más pesa es cómo impacta el pie en el rival, según el criterio que citó Collado.
- El VAR se llama para revisar una posible expulsión, no para avisar una falta que el árbitro no vio.
- Collado calificó este como el peor momento del arbitraje argentino en los últimos dos o tres años.
- Vinculó la crisis con una falta de conducción interna en el cuerpo arbitral.
- Señaló que los futbolistas colaboran poco con los jueces, sobre todo en los clásicos.
El debate sobre el criterio del Superclásico quedó abierto. Lo que sí quedó en claro es que, con tanto ruido alrededor, el silbato siempre termina siendo el que más se juega.
