Jaime Lorente se prueba como director en un debut que promete más de lo que termina entregando
El actor español presenta "El mal hijo", una ópera prima ambientada en Murcia que arranca con la intimidad de un vínculo entre una abuela y su nieto, pero se pierde cuando decide cruzar hacia el thriller de mafias y drogas.
Soy de los que suele decir que nadie conoce del todo a una persona hasta que se sienta a la mesa con su familia. Esa frase, que bien podría caber en una canción de Joan Manuel Serrat, sobrevuela buena parte de lo que se cuenta en "El mal hijo", la primera película que dirige Jaime Lorente, el actor español que saltó a la fama con "La casa de papel" y "Élite" y que ahora decide probar suerte detrás de la cámara. Y digo probar suerte porque, después de verla, queda la sensación de que Lorente apostó por un camino ambicioso, con zonas muy logradas, pero también con decisiones que le juegan en contra.
La historia arranca en la Murcia de los años ochenta, donde un niño llamado Rubén crece marcado por la ausencia de su padre y termina siendo criado por su abuela, con quien construye un lazo afectivo que la película retrata con una calidez inhabitual en el cine español reciente. Hay una puerta entreabierta desde la que se espía una ceremonia familiar, hay conversaciones entre chicos al atardecer, hay silencios que dicen más que los diálogos. Ese primer tramo tiene la textura de un recuerdo propio, como si el director hubiera buceado en la memoria de alguna infancia que conoce de primera vista, y eso le da una autenticidad que cuesta conseguir.
El giro que rompe el encanto
El problema aparece cuando el relato da un salto temporal y Rubén ya es un adulto. Ahí la película cambia el tono por completo y abandona el territorio íntimo que la sostenía para meterse de lleno en un universo de tráfico de drogas, mafias locales y persecuciones que remite al cine negro y al thriller de manual. Lo que antes parecía propio y específico se vuelve fórmula: las persecuciones, los ajustes de cuenta, los personajes secundarios que entran y salen sin espesor. Lorente demuestra ojo para componer algunos planos, sobre todo cuando deja respirar la imagen, pero la inexperiencia se nota a la hora de sostener la tensión en las escenas de acción y de darles carne a los personajes que orbitan alrededor del protagonista.
- El primer tramo funciona porque se sostiene en lo emocional y en lo autobiográfico posible, no en el giro de género.
- El salto temporal hacia la adultez convierte al relato en un thriller con drogas y mafias que ya fue recorrido con más convicción.
- Momentos del inicio, como la escena de la puerta entreabierta, quedan en la memoria precisamente porque no buscaban efectismo.
- Los secundarios quedan como estereotipos del género: el compinche, el capo, la madre que sufre de lejos.
“Entre lo que promete el arranque y lo que termina entregando, hay una distancia considerable. No defrauda de manera estrepitosa, pero tampoco deja huella.”Iris Evans
Recomendación de la semana
Si me preguntan a mí, les diría que "El mal hijo" vale la pena por sus primeros cuarenta minutos, que son de lo más interesante que dio el cine español reciente en clave de drama familiar. Después se deja ver, pero sin la fuerza de ese arranque. Les sugiero llegar temprano al cine, con el café todavía en la mano, y entregarse a la historia de Rubén y su abuela antes de que la pantalla se llene de persecuciones y encapuchados. Esa Murcia íntima bien vale una función sola, aunque la segunda parte termine pidiéndonos disculpas por no estar a la altura de lo que arrancó.
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