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Un cuarto de siglo después del 11-S: el legado de controles que redefine cada vuelo y que el pasajero argentino todavía subestima

A 25 años de los atentados que reconfiguraron la aviación mundial, los escáneres corporales, el límite de 100 mililitros para líquidos y la obligatoriedad de sacar el calzado siguen marcando el ritmo en los controles aeroportuarios. Un repaso por las reglas vigentes, su origen y qué le conviene saber a quien viaja desde la Argentina.

Por Federico SandovalAmbiente y energías renovables · · hace 34 d
Un cuarto de siglo después del 11-S: el legado de controles que redefine cada vuelo y que el pasajero argentino todavía subestima

Veinticinco años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las medidas de seguridad que rigen en los aeropuertos de todo el mundo continúan siendo, en lo esencial, una consecuencia directa de aquella jornada. Escáneres corporales, límites estrictos para llevar líquidos en el equipaje de mano, revisión obligatoria del calzado y cabinas de pilotaje blindadas forman parte hoy del ritual cotidiano de cualquier vuelo, y muy pocos viajeros reparan en que cada uno de esos procedimientos nació como respuesta a una amenaza concreta, identificada en una fecha y un lugar precisos. Repasar ese legado no es un ejercicio de nostalgia periodística: es una manera concreta de anticiparse en el mostrador de embarque y de evitar sorpresas que pueden arruinar un viaje antes de despegar.

El punto de inflexión institucional más visible fue la creación de la Administración de Seguridad del Transporte (TSA, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos, en noviembre de 2001, apenas dos meses después de los ataques. La nueva agencia reemplazó a las empresas privadas que hasta entonces se encargaban de los controles y conformó un cuerpo de inspectores federales con presencia permanente en las terminales. Su modelo, con adaptaciones, se replicó después en buena parte del mundo, incluida la región, y sentó las bases del tipo de vigilancia que hoy se da por sentado al atravesar un pasillo de embarque.

¿Qué episodios posteriores terminaron de moldear los controles actuales?

Dos hechos posteriores fueron clave para empujar medidas que hoy parecen rutinarias pero que en su momento generaron fuerte resistencia entre los pasajeros. El primero fue el intento de un viajero de detonar explosivos ocultos en su calzado, lo que llevó a las autoridades a exigir que los pasajeros se saquen los zapatos antes de pasar por los escáneres; en muchas terminales esa exigencia se aplica solo al calzado voluminoso, pero la regla de origen se mantiene. El segundo fue el desbaratamiento, en 2006, de un plan para hacer explotar artefactos con líquidos en vuelos entre el Reino Unido y Estados Unidos. Aquel operativo dio lugar a la famosa norma de los 100 mililitros, una de las más consultadas y, a la vez, una de las peor comprendidas por quienes llegan al mostrador con un shampoo familiar de medio litro.

  • Hasta un litro de líquidos, geles y aerosoles en total, repartido en envases individuales de no más de 100 mililitros cada uno.
  • Todos los envases deben viajar dentro de una bolsa de plástico transparente con cierre hermético, de no más de 20 centímetros por 20.
  • Dispositivos electrónicos como notebooks y tablets deben salir de la mochila y colocarse en una bandeja aparte para su escaneado individual.
  • Está prohibido llevar en el equipaje de mano tijeras, cortaplumas, cubiertos metálicos y cualquier objeto considerado punzante.
  • Las puertas de la cabina de pilotaje se reforzaron y permanecen cerradas durante todo el vuelo, sin acceso de pasajeros.

¿Cuánto tiempo extra hay que calcular por los controles reforzados?

Un dato práctico que muchos viajeros subestiman es el peso real de los controles en los tiempos de paso por la terminal. Para vuelos internacionales, la recomendación generalizada es presentarse en el aeropuerto con al menos tres horas de anticipación; para vuelos de cabotaje, dos. En temporada alta, feriados largos o cuando coinciden varios vuelos simultáneos en la misma terminal, conviene agregar un margen adicional. Quien pretenda resolver el check-in y el control de seguridad en menos de 90 minutos asume un riesgo innecesario, porque cualquier contingencia, desde una fila inesperada hasta una revisión secundaria del equipaje de mano, puede dejar al pasajero literalmente con el bolso en la mano y la puerta de embarque ya cerrada.

¿Qué reglas siguen vigentes en la Argentina?

En el país, la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) es el organismo federal que tiene a su cargo los controles de pasajeros, equipajes y cargas en los aeropuertos, y aplica criterios que en líneas generales coinciden con los estándares internacionales. Aerolíneas Argentinas y el resto de las operadoras locales reproducen las exigencias globales: tope de 100 mililitros por envase para líquidos en cabina, retiro de dispositivos electrónicos para su escaneado separado, prohibición de objetos punzantes en el bolso de mano y exigencia de sacar el calzado cuando el escáner o el inspector así lo requieran. La coincidencia con los protocolos internacionales es, en los hechos, la mayor garantía de que un pasajero que cumpla con las reglas en Ezeiza no se llevará sorpresas al embarcar en Madrid, Miami o San Pablo.

¿Qué falta para que el pasajero deje de improvisar en el control?

A un cuarto de siglo del golpe que redefinió la aviación, la tarea pendiente sigue siendo del lado del viajero. Las compañías publican sus reglamentos en sitios web que pocos consultan con tiempo, y la información oficial suele quedar enterrada bajo publicidades y promos. Falta, del lado de las aerolíneas y de los organismos de seguridad, una campaña sostenida y didáctica que recuerde las reglas básicas antes de la fecha de viaje, no en la fila del scanner. Falta, del lado del pasajero, la disciplina de leer las condiciones con anticipación en lugar de improvisar a último momento. Y falta, sobre todo, entender que estas medidas no son caprichos burocráticos sino la respuesta concreta a intentos concretos de atacar aviones en vuelo, un dato que conviene tener presente cada vez que alguien se queja, sin demasiada gracia, de tener que sacarse los cordones de las zapatillas en una mañana de lunes.

FS
Federico SandovalAmbiente y energías renovables

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