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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Un británico de 19 años recupera la esperanza de ser padre gracias a un trasplante de su propio tejido testicular

En Edimburgo, un joven que había preservado una muestra antes de una quimioterapia de altísimo riesgo recibió el primer implante experimental de este tipo en el Reino Unido. Los médicos evaluarán en ocho meses si las células madre vuelven a fabricar espermatozoides.

Por Camila AguilarSociedad y vida · · hace 4 d
Un británico de 19 años recupera la esperanza de ser padre gracias a un trasplante de su propio tejido testicular

Lo conocí en los papeles del caso antes de que se hiciera público, y lo primero que me llamó la atención no fue el hallazgo médico, sino la edad: diecinueve años. Un pibe que a esa altura debería estar pensando en la facultad, en salir con amigos, en cualquier pavada de la vida, terminó sentado en una camilla de Edimburgo con un trozo de su propio tejido testicular reimplantado, mientras los médicos le explicaban que todavía no podían prometerle nada. Lo miro desde acá, a miles de kilómetros, y me cuesta no pensar en lo solos que se sienten estos pibes cuando el cuerpo les avisa, tan jóvenes, que algo tan básico como ser padre puede no llegar nunca.

Una decisión tomada en 2023, antes de que la quimioterapia borrara todo

La historia arranca tres años antes, cuando el joven, cuya identidad se mantiene en reserva, enfrentaba un trastorno sanguíneo grave. El tratamiento indicado era un trasplante de médula ósea, que exige una quimioterapia de altísima dosis. Ese tipo de droga, según le explicaron los especialistas, podía dejarle los testículos inutilizados de manera irreversible. Antes de empezar, los médicos del NHS Lothian le propusieron algo que por entonces sonaba a ciencia ficción: extraerle una pequeña muestra de tejido testicular y guardarla congelada. Aceptó. Lo que no sabía era que esa muestra, guardada en un freezer de Edimburgo, terminaría siendo la única puerta abierta hacia la paternidad.

En agosto de 2026, tres años después, los análisis confirmaron lo que se temía: el joven ya no producía espermatozoides. Ahí entró en escena el equipo de la Universidad de Edimburgo, que lidera el investigador Rod Mitchell, profesor de endocrinología del desarrollo. La propuesta fue volver a colocarle una parte del tejido que él mismo había guardado. No es magia ni un invento improvisado: es la continuidad de una línea de investigación que lleva años en marcha y que en Bélgica, según el material al que pude acceder, ya había dado una señal concreta en un adulto.

“Siempre quise tener hijos propios, pero empecé a aceptar que quizá no sería posible. Este procedimiento me dio una esperanza real para el futuro.”El paciente, 19 años

Cómo funciona el procedimiento y qué falta demostrar

  • El tejido testicular contiene células madre espermatogoniales, que a partir de la pubertad son las encargadas de fabricar espermatozoides. La apuesta es que, una vez reimplantadas en el mismo organismo, puedan reactivarse.
  • Ocho meses después de la intervención, los médicos retirarán un pequeño fragmento del tejido reimplantado para analizarlo y comprobar si efectivamente se produjo espermatogénesis, es decir, si hay espermatozoides.
  • Antes de cualquier intento de reproducción asistida, en pacientes oncológicos se exige descartar que el tejido vuelva a contener células malignas, mediante histología, inmunohistoquímica y marcadores moleculares.
  • El ensayo clínico previo en Bélgica marcó un precedente: un hombre de 27 años, al que le habían congelado tejido a los 10, produjo espermatozoides maduros luego de reimplantar fragmentos dieciséis años después, aunque hasta ahora no se reportó ningún nacimiento a partir de ese material.

Lo que más me interesa destacar, y acá me juego la opinión, es que no estamos frente a una promesa cerrada. El propio Mitchell lo dijo con todas las letras: la técnica todavía tiene que demostrar que permite obtener espermatozoides y, sobre todo, que esos espermatozoides sirven para lograr embarazos seguros y repetibles. No es un avance menor, pero tampoco es una solución definitiva. Falta esperar los resultados de este joven y de los próximos pacientes que se sumen al ensayo para empezar a hablar en serio de un antes y un después.

Por qué importa, incluso desde la Argentina

En nuestro país, la Ley 26.862 ya incorporó al Programa Médico Obligatorio los procedimientos de reproducción asistida, y la preservación de gametos o tejidos reproductivos. Eso quiere decir que el debate que están dando hoy en Edimburgo nos toca de cerca. Cada vez más adolescentes y jóvenes argentinos reciben quimioterapia o radioterapia por leucemias, linfomas y otros cuadros, y la pregunta por la fertilidad futura suele quedar tapada por la urgencia del tratamiento. Ver que en otro lugar se animan a probar, y que el propio paciente lo cuenta con una mezcla de cautela y alivio, me parece un recordatorio de que esa conversación médica hay que darla antes, no después. A este chico de diecinueve años, mientras le sacan los análisis y le devuelven la historia al laboratorio, todavía le falta una parte del camino. Pero verlo en ese trance, en ese presente que parece chico y enorme al mismo tiempo, me deja una sensación rara: la de que la ciencia, cuando se pone al servicio de alguien concreto, deja de ser abstracta y vuelve a ser profundamente humana.

CA
Camila AguilarSociedad y vida

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