Such Brave Girls vuelve a Filmin con una segunda temporada que hurga en la herida familiar con bisturí y sin anestesia
La comedia escrita y protagonizada por Kat Sadler suma seis nuevos episodios en los que Josie, Billie y Deb siguen chocando entre relaciones, la salud mental y una madre que no para de empujar a sus hijas al borde del colapso. La llegada a la plataforma española se produjo unos catorce meses después del estreno original de la entrega.
Hay una línea que Billie le escupe a su madre Deb en uno de los nuevos capítulos y que resume el corazón negro y brillante de esta serie británica que acaba de sumar su segunda temporada al catálogo de Filmin en España, y que viene a confirmar que la comedia familiar más incómoda de los últimos años no tiene ninguna intención de pedir disculpas: la familia es el lugar donde más te lastiman, pero también el único del que no podés escapar, y Such Brave Girls lo dice a los gritos, entre pastillas mal contadas y bodas forzadas. La segunda entrega, de seis episodios de media hora, retoma a las hermanas Josie y Billie y a su madre en ese triángulo tóxico que Kat Sadler escribe y protagoniza con una precisión clínica disfrazada de humor cruel.
Un regreso sin red y con mucha presión familiar
El primer episodio de esta nueva tanda abre con una situación que parece sacada de una comedia negra de los años setenta y que funciona como declaración de principios: Billie y Deb secuestran a Josie para que se case con Seb, el personaje interpretado por Freddie Meredith, y la arrastran a una boda que nadie quiere pero que todas terminan firmando. La escena instala desde el arranque el lugar que la presión familiar ocupa en esta historia, un motor que Sadler conoce de primera mano porque, como ella misma ha explicado en entrevistas previas, la serie nace de experiencias propias convertidas en material cómico, y por eso cada golpe duele el doble, porque se nota que detrás de la broma hay una memoria que todavía tira.
Kat Sadler interpreta a Josie y vuelve a hacerse cargo de la escritura, Lizzie Davidson encarna a Billie y Louise Brealey retoma a la madre Deb, tres actrices que sostienen el núcleo del elenco con una química que parece improvisada pero que está milimétricamente calibrada, y lo que se ve en pantalla es una coreografía de silencios incómodos y de estallidos verbales en la que cada decisión de una de las tres termina por rebotar en las otras dos, como una partida de tenis jugada con cadenas.
Salud mental, trauma y un pesimismo que no se disfraza
Porque esta no es una comedia que prometa reconciliaciones al final de cada capítulo, ni que recompense a sus protagonistas por haber sobrevivido un día más, y ahí reside, a mi entender, su mayor hallazgo. Josie arrastra antecedentes psiquiátricos serios, Billie lidia con sus propios desbordes y Deb es esa clase de madre que quiere a sus hijas de un modo torpe, ruidoso y a veces destructivo, y los seis episodios se niegan a cerrar los arcos con un moño, porque la evasión de los problemas y las tensiones entre las tres siguen empujando la historia hacia delante sin permitirle al espectador la comodidad de la resolución.
“La familia es el lugar donde más te lastiman, pero también el único del que no podés escapar.”Línea de Billie que define el espíritu de la serie
Lo que me gusta particularmente de esta segunda temporada, y por eso se la recomiendo a quien todavía no la haya visto en la plataforma, es que mantiene el mismo tono pesimista y desfachatado de la primera entrega sin repetirse, y eso es algo que muy pocas comedias británicas consiguen, porque lo habitual es que las segundas temporadas o se vuelven más complacientes o se hunden en su propio exceso. Aquí, en cambio, Sadler y su equipo parecen haber entendido que el dolor cómico necesita tiempo para macerar, y los seis episodios van soltando capas con paciencia, como quien pela una cebolla que te hace llorar y reír al mismo tiempo.
La llegada a Filmin en España se produjo unos catorce meses después del estreno original de la temporada, un margen razonable para una serie que en su país ya se transformó en objeto de culto y que en nuestro mercado todavía tiene la oportunidad de sumar nuevos espectadores con esta ventana. Si te interesa el humor incómodo, las comedias que no le tienen miedo a la oscuridad y los retratos familiares que prefieren la verdad a la ternura, esta segunda temporada de Such Brave Girls merece, a mi criterio, una maratón de una tarde de domingo, con el teléfono en silencio y un café bien cargado, porque el viaje que propone no es precisamente un paseo por el parque.
