Siete rellenos posibles para que el pollo del domingo no termine en la basura
Con lo que ya hay en la heladera y un repaso por la alacena, una tarta casera alcanza para estirar las sobras y evitar otra compra en el supermercado.
La imagen es de todos los días: quedó pollo asado de la comida del domingo, unos vegetales que empiezan a pedir consumo y una masa comprada esperando en la heladera. Con esos tres elementos ya está armada otra cena sin necesidad de pasar por la verdulería ni por la carnicería, y la ventaja extra es que se reduce el desperdicio en la cocina, una discusión cada vez más presente en los hogares argentinos.
¿Qué cortes sirven y cómo mantenerlos tiernos?
El relleno admite tanto pechuga como pata muslo, ya sea hervido, al horno, a la parrilla o salteado. El punto clave es la humedad: la carne cocida pierde agua y, sobre todo cuando salió del horno, tiende a endurecerse si se la lleva directo al molde. Por eso conviene cortarla en cubos o desmenuzarla y saltearla con cebolla y morrón, agregando unas gotas de agua en el paso por la sartén para que no quede seca.
¿Con qué vegetales se puede rellenar la tarta?
- Calabaza asada y queso, para una mezcla cremosa con el pollo desmenuzado.
- Choclo amarillo y crema de choclo blanco, una combinación con dos texturas en un mismo plato.
- Cebolla como base, para una versión corta de ingredientes y de fuerte sabor.
- Zanahoria, espinaca, zapallito y morrón cortados en tiras o cubos, que suman volumen.
- Puré de berenjena, morrón, calabaza o batata, como pasta de acompañamiento.
- Queso, huevo o crema, que funcionan como unión y dan consistencia al relleno.
¿Conviene hacer la masa en casa o usar una tapa comprada?
La cubierta puede resolverse con una tapa comprada o con una masa casera. Una de las proporciones sugeridas es de dos tazas de harina por una taza de líquido repartida entre agua y aceite, una mezcla que da una textura más arenosa, casi tipo sableé. Hacerla en casa abre la puerta a condimentar la base con orégano, ajo en poudre, ají molido o semillas, de modo que tanto la masa como el relleno se adapten a lo que haya en la alacena.
¿Qué falta hacer?
Falta prestarle atención al pequeño inventario que suele quedar olvidado en la heladera: un cuarto de calabaza, un pote con crema al borde de la fecha, una lata de choclo a medio usar. Ahí están, muchas veces, las mejores respuestas para resolver la próxima comida sin gastar de más y sin tirar nada a la basura.
