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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Pipa, el rincón del Nordeste brasileño que los surfistas rescataron del olvido y hoy seduce con once playas, delfines y acantilados rojos

A una hora y media de Natal, el antiguo pueblo de pescadores del Río Grande del Norte combina olas fuertes, pozas naturales, avistaje de cetáceos y dunas del otro lado del río. Hospedajes desde 50 dólares y gastronomía potiguar que recién arranca a la tardecita.

Por Federico SandovalAmbiente y energías renovables · · hace 31 d
Pipa, el rincón del Nordeste brasileño que los surfistas rescataron del olvido y hoy seduce con once playas, delfines y acantilados rojos

Once playas, un acantilado que los portugueses confundieron con un barril y un pueblo que durante décadas solo conoció el ritmo de los pescadores. El balneario de Pipa, en el estado de Río Grande del Norte, sobre la costa noreste de Brasil, reúne esos tres condimentos en un mismo punto del mapa y se consolidó como uno de los destinos más singulares del Litoral brasileño, con tarifas que arrancan en los 50 dólares la noche en alojamientos sencillos y que en temporada alta pueden trepar hasta los 400.

El acceso desde Buenos Aires es directo al aeropuerto de Natal y desde allí el traslado por tierra hasta el pueblo insume alrededor de una hora y media en automóvil, suficiente para que el viajero llegue a un sitio que mantiene una escala humana difícil de encontrar en otros puntos turísticos del Brasil.

Un nombre que nació en el mar

Los portugueses que llegaron a esta costa en el siglo XVII divisaron desde sus barcos un acantilado con forma curva que les recordó a los barriles de madera que transportaban en las bodegas. En portugués de Portugal, pipa significa justamente eso: barril. Con el correr de los siglos, la palabra quedó asociada al poblado y se transformó en su identidad.

Durante décadas la economía giró en torno a la pesca artesanal y los visitantes fueron una rareza. En los años ochenta, los surfistas argentinos y de otras latitudes descubrieron las olas y, de a poco, el boca a boca convirtió a Pipa en un punto del mapa. La transformación llegó sin alterar del todo el carácter de pueblo que aún se respira en sus calles.

Playas para todos los perfiles: ¿cuál elegir?

  • Praia do Amor: la más fotografiada, llamada así por la silueta de corazón que dibuja vista desde lo alto del acantilado. El oleaje es más intenso que en el resto y es la preferida de los surfistas. Se accede por una escalera tallada en la roca durante la marea alta o caminando por la arena cuando el mar se retira.
  • Praia do Centro: la versión más tranquila, con aguas calmas, pozas naturales que afloran con la bajante y una hilera de barcos de pescadores que siguen trabajando junto a los turistas.
  • Baía dos Golfinhos: una bahía donde los delfines se acercan a comer cerca de la orilla y se los puede avistar sin excursión ni guía, a simple vista.
  • Tibau do Sul y el otro lado del río: cruzando en balsa se abren dunas extensas, cajueiros entre los médanos y playas menos concurridas como Malembá, Barreta y Camurupim.

El paseo en buggy por ese litoral del otro lado del río parte desde los 85 dólares por vehículo para hasta cuatro personas y puede extenderse a versiones de día completo por alrededor de 110 dólares. El ferry, en tanto, suma unos 2 dólares por persona.

¿Qué se come y a qué hora conviene sentarse?

La gastronomía local tiene un ritmo particular. La mayoría de los locales abre recién a media tarde, reservando la mañana para el mar, por lo que las primeras opciones de almuerzo suelen aparecer después de las cuatro. Sobre la avenida Baía dos Golfinhos, las mesas al aire libre y la música en vivo se adueñan de la calle cuando cae el sol.

El plato de referencia de la cocina potiguar, como se conoce a la gastronomía del Río Grande del Norte, es la moqueca: un guiso de pescado que concentra el sabor del litoral en una sola olla y que se sirve en las casas de comida como sello de identidad regional.

Qué falta saber antes de armar la valija

Los once perfiles de playa abren un abanico que va desde el surf exigente en Praia do Amor hasta el relax familiar en Praia do Centro, pasando por el avistaje de delfines en la bahía y la aventura de dunas cruzando el río. Falta, eso sí, planificar los traslados: la balsa a Tibau do Sul funciona con horarios variables según la marea y los paseos en buggy suelen reservarse con uno o dos días de anticipación en temporada alta, cuando los valores trepan y los alojamientos más económicos se agotan primero.

FS
Federico SandovalAmbiente y energías renovables

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