Neuquén le ganó la pulseada al mar: ya tiene 35 kilómetros de costa habilitada sobre los ríos y ahora va por un hub aéreo para turistas
La capital neuquina superó los 20 kilómetros de costa útil de Mar del Plata con la reciente inauguración de un tramo de 3,5 kilómetros en la calle Figueroa, mientras el gobierno provincial ultima un proyecto de transporte integrado en el aeropuerto para conectar la ciudad con el resto del valle y la Patagonia norte.
La ciudad de Neuquén atraviesa un punto de inflexión en su perfil urbano que pocos habían anticipado: acaba de alcanzar los 35 kilómetros de paseo costero aprovechable sobre los ríos Limay y Neuquén, una extensión que, medida en cifras concretas, deja atrás los aproximadamente 20 kilómetros de costa utilizable con los que cuenta Mar del Plata, el faro histórico del turismo de sol y playa en la Argentina. La diferencia es importante porque no se trata de una comparación retórica sino de un dato físico: la capital neuquina ofrece hoy más de un setenta por ciento de orilla intervenida adicional respecto del principal balneario atlántico del país, con la salvedad evidente de que sus costas son de agua dulce y no de mar, lo que redefine por completo la lógica del turismo regional en el norte de la Patagonia.
El tramo que acaba de inaugurarse, de 3,5 kilómetros, se emplaza en el sector de la calle Figueroa y se suma a una red de senderos, espacios verdes e infraestructura deportiva que el municipio viene construyendo de manera sostenida desde hace más de una década. La recorrida original, cuando se puso en marcha el primer segmento, apenas alcanzaba 1,8 kilómetros, una cifra que ilustra la velocidad con la que la ciudad se fue apropiando de sus riberas: en menos de quince años, la orilla habilitada se multiplicó casi veinte veces, en un proceso que combina inversión pública, planificación urbana y una presión demográfica que no da tregua.
¿Por qué Neuquén se empecinó en convertir sus ríos en un paseo de escala regional?
La respuesta combina dos vectores que avanzan en paralelo. Por un lado, la ciudad recibe en promedio unas noventa personas por día que buscan radicarse de forma permanente, lo que representa más de veintiséis mil nuevos residentes por año, una cifra que explica por sí sola la presión sobre el suelo urbano y la necesidad de ampliar de manera constante la oferta de espacios públicos, equipamiento deportivo y áreas de esparcimiento. Por otro lado, el Ejecutivo provincial y el municipal parecen haber entendido que el futuro de Neuquén no puede seguir atado exclusivamente al perfil de capital energética asociada a Vaca Muerta, y que la construcción de un destino turístico exige infraestructura costera de calidad, conectividad aérea eficiente y una red de transporte que saque al visitante del aeropuerto y lo distribuya por el valle y la cordillera sin obligarlo a alquilar un auto.
¿Qué se anunció para octubre y por qué importa tanto el hub del aeropuerto?
Según lo que trascendió en las últimas semanas, el gobierno provincial tiene previsto presentar en octubre un proyecto de hub de transporte integrado en el aeropuerto local, una iniciativa que apunta a articular los vuelos que arriban a la capital con servicios de tren y colectivos capaces de distribuir a los pasajeros hacia distintas localidades del valle neuquino y del interior provincial. La movida es relevante porque rompe con la lógica del turista que llega en avión y se mueve exclusivamente en vehículo particular, y porque posiciona a Neuquén como punto de entrada y puerta de salida para un circuito que hoy resulta poco práctico recorrer sin auto propio. Si la propuesta se concreta con la profundidad que sugieren los anuncios, la ciudad quedará conectada por tierra y por aire con destinos como San Martín de los Andes, Villa La Angostura, Caviahue, Copahue y el corredor de los lagos del sur, sin necesidad de pasar por Buenos Aires o de alquilar un rodado.
- 35 kilómetros de paseo costero habilitado sobre los ríos Limay y Neuquén, cifra que supera los 20 kilómetros de costa útil de Mar del Plata.
- 3,5 kilómetros del nuevo tramo inaugurado en el sector de la calle Figueroa, con espacios para deporte, recreación y esparcimiento al aire libre.
- Un crecimiento de casi veinte veces en la extensión del paseo desde el primer segmento original de 1,8 kilómetros habilitado hace más de una década.
- Un promedio de 90 radicaciones diarias que equivalen a más de 26.000 nuevos residentes por año y que explican la presión sobre la infraestructura urbana.
- Un anuncio previsto para octubre sobre un hub de transporte integrado en el aeropuerto, con articulación de vuelos, tren y colectivos hacia el valle y la Patagonia norte.
El contraste entre lo que la ciudad ofrece hoy y lo que podría ofrecer si el hub se concreta es enorme. Mientras la obra del paseo costero se muestra como una política de escala ya en marcha, con metros lineales inaugurados y fotografiables, el proyecto de transporte sigue siendo una declaración de intenciones a la espera de pliegos, presupuestos y cronogramas. Allí aparece la principal deuda del plan: todavía no se conocen con precisión los plazos de ejecución del hub, ni las frecuencias de tren y colectivo que se piensan implementar, ni los acuerdos operativos con las líneas aéreas que utilizan el aeropuerto. Convertir un anuncio en infraestructura concreta será la prueba de fuego de una gestión que, hasta ahora, muestra más kilómetros construidos sobre la ribera que sobre la vía pública.
Lo que falta, en definitiva, es que el ambicioso plan deje de vivir en los papeles y se traduzca en obras licitadas, trenes en circulación y colectivos coordinados con los horarios de los vuelos, porque sin esa articulación el paseo costero seguirá siendo una postal atractiva para los neuquinos y para algunos turistas aventurados, pero Neuquén difícilmente logrará consolidarse como destino regional mientras el visitante que arriba en avión se tope con un aeropuerto aislado del resto del territorio. La pulseada con Mar del Plata en materia de kilómetros ya está ganada en los papeles; falta ganar la pulseada con la conectividad, que es la que define, en los hechos, si una ciudad se transforma en destino o se queda en escala.
