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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Migraña: la nueva guía que cambia la conversación entre médico y paciente

Un panel de especialistas publicó 17 recomendaciones para decidir cuándo y cómo prevenir los ataques. La idea central es que no hay un fármaco ideal para todos y que la elección se construye en la consulta.

Por Camila AguilarSociedad y vida · · hace 42 d
Migraña: la nueva guía que cambia la conversación entre médico y paciente

Me lo crucé la semana pasada en la sala de espera de un consultorio de neurología. Ella tenía 47 años, dos hijos en edad escolar y un trabajo administrativo que la esperaba cada mañana a las ocho. Mientras acomodaba el turno me dijo, casi al pasar, que hacía más de quince años que convivía con la migraña y que ya no sabía si lo que sentía era dolor o costumbre. Se había automedicado tanto que el estómago empezaba a cobrarle la cuenta. Cuando le pregunté si alguna vez había hablado de prevención con un especialista, me miró como si la palabra no existiera. Esa escena, multiplicada por miles, es parte de lo que mueve a un grupo de expertos de la Academia Estadounidense de Neurología y de la Sociedad Estadounidense del Dolor de Cabeza a publicar una guía clínica que apareció en la revista Neurology.

Cuándo conviene empezar a prevenir

La recomendación es clara y, para muchos pacientes, llega tarde. La guía sugiere ofrecer tratamiento preventivo a quienes tengan cuatro o más días de migraña por mes, o cuatro o más jornadas mensuales con dolor de cabeza moderado a intenso. También a personas con discapacidad significativa asociada a la enfermedad, aunque no lleguen a ese umbral. El objetivo no es cortar un ataque en curso, sino reducir la frecuencia y el impacto sobre la vida cotidiana. En otras palabras: si la migraña ya condiciona lo que hacés, ya es motivo suficiente para hablar de prevención.

Ahora bien, decidir empezar no resuelve la pregunta más difícil: con qué. Y ahí el documento rompe con una lógica muy arraigada en los consultorios.

La elección del fármaco se construye con el paciente

La guía dice, sin rodeos, que los ensayos clínicos disponibles no permiten afirmar que un preventivo sea claramente superior a otro. Entonces la decisión deja de ser potestad exclusiva del médico y pasa a construirse en una conversación que pondere antecedentes clínicos y psiquiátricos, medicación que ya se está tomando, contraindicaciones, vía de administración, tolerancia a efectos adversos, costo y, sobre todo, las prioridades del paciente. ¿Busca máxima eficacia? ¿Prefiere evitar ciertos efectos secundarios? ¿Necesita una opción oral o está dispuesto a aplicarse inyectables? ¿Qué peso tiene el costo en su economía? Todas esas variables entran en la balanza.

  • Para migraña episódica, la guía respalda con mayor evidencia a atogepant, eptinezumab, erenumab, fremanezumab, galcanezumab, propranolol, topiramato y valproato.
  • Para migraña crónica se suma onabotulinumtoxinA.
  • La elección varía según lo que priorice cada paciente: eficacia, tolerabilidad, seguridad a largo plazo o modalidad de administración.

Otro punto que me parece central, y que muchas veces queda afuera de la consulta por falta de tiempo, es el de los plazos. La guía recomienda esperar entre ocho y doce semanas antes de evaluar si un tratamiento funciona. Es un dato clave para no abandonar un medicamento antes de tiempo ni quedarnos enganchados con uno que no está dando resultados.

Lo que dice la guía sobre poblaciones con mayor riesgo

El documento también entra en terrenos sensibles. En personas con posibilidad de embarazo, desaconseja agentes con efectos teratogénicos conocidos, como valproato y topiramato, y sugiere privilegiar estrategias no farmacológicas. En pacientes con obesidad, menciona la opción de evaluar topiramato oral; en fibromialgia concomitante, amitriptilina; en hipertensión no tratada, opciones como enalapril o telmisartán. Además, advierte que el ácido valproico puede aumentar el riesgo de síndrome de ovario poliquístico, un dato que merece ser discutido punto por punto con cualquier mujer en edad reproductiva que esté considerando ese tratamiento.

Cuando le conté todo esto a la mujer de la sala de espera, me dijo algo que me quedó dando vueltas: que durante años había asumido que la migraña era algo que le pasaba, no algo que se podía tratar de otro modo. Esa es, creo, la transformación que propone esta guía. No promete una bala de plata, porque no la hay. Pero corre el eje de la consulta: del médico que elige al médico que escucha y decide junto al paciente. Para alguien que lleva quince años de dolor, eso ya es muchísimo.

CA
Camila AguilarSociedad y vida

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