Mario Pergolini reinventa el living de No preguntes por Rusia: vinilos al ritmo de la impresión 3D
El conductor sumó una estructura con soportes fabricados por él mismo para exhibir discos en el estudio. La selección alterna rock argentino, pop internacional y rarezas como un laserdisc de Prince y una edición japonesa de Nirvana.
Lo dijo el Flaco Spinetta, en una de esas frases que sobreviven a los discos y a las modas: "La música es un soplo de aire que te lleva". Y vaya si en el sótano desde donde Mario Pergolini conduce No preguntes por Rusia, por estas tardes, sopla un aire nuevo. El conductor decidió renovar el fondo de su programa y, en lugar de llamar a un decorador o gastar fortunas en un ambientador, agarró una impresora 3D y se fabricó él mismo los soportes para exhibir vinilos. La imagen, para cualquiera que haya pisado una disquería de barrio en los años noventa, tiene algo de artesanal y de militancia: es como si el living de casa se hubiera mudado a la pantalla.
Un altar con forma de colección
La estructura, instalada en el estudio subterráneo que el ciclo utiliza desde el arranque de la temporada 2026, permite ir rotando las tapas de una emisión a la otra sin desarmar el conjunto. Pergolini lo contó con la tranquilidad de quien habla de un proyecto personal: armó los soportes, eligió los discos y los fue acomodando como quien ordena una biblioteca sentimental. El resultado es una suerte de altar laico, con paredes oscuras y luces azuladas, donde conviven objetos de la cultura pop —una figura de un Stormtrooper de Star Wars, una guitarra apoyada, un sillón, una lámpara de pie— con un mueble donde se apilan equipos y piezas de colección, y una estantería con CDs que sigue firme en otra pared.
- Peluson of milk, de Luis Alberto Spinetta, y Fore!, de Huey Lewis & The News, identificados al aire por el conductor.
- Un laserdisc de Prince y una edición japonesa de Nirvana entre las rarezas destacadas.
- Discos de Pink Floyd, Manu Chao y Babasónicos en las filas superiores.
- En las filas inferiores: Catupecu Machu, The Velvet Underground, The Rolling Stones, Los Tipitos, Barry Manilow, Los Piojos, AC/DC, Daniel Melingo, La Renga, Foo Fighters, Viejas Locas, Ataque 77 y Fito Páez.
La escena, para los que peinamos canas o empezamos a peinarlas, remite a esas tardes de sábado en la casa de un amigo, cuando alguien bajaba la persiana, encendía el equipo y empezaba a sacar tapas de la bolsa con la misma ceremonia con la que se sirven los mates. Pergolini parece haber decidido traer esa liturgia a la televisión, y lo hace con un detalle que tiene su poética: eligió títulos que no responden a una moda ni a un ranking de streaming, sino a una historia de escucha. Están Los Piojos y La Renga, que son casi una geografía del recital argentino; está Babasónicos, que es la traducción del riff inglés a la cadencia de Haedo; están Fito Páez y Spinetta, dos costados de una misma pasión por la canción como literatura. Y del otro lado del mapa, el rock de estadio de AC/DC, la liturgia de Pink Floyd, el costado más pop de Huey Lewis, y dos rarezas —el laserdisc de Prince y la edición japonesa de Nirvana— que delatan al coleccionista de toda la vida.
Un sótano prestado que se ganó un alma
Cuando arrancó la temporada, Pergolini había presentado este espacio como un "sótano prestado" y había aclarado que tenía limitaciones para recibir invitados. Con el correr de las emisiones, el lugar fue tomando temperatura propia, como esas cocinas de los bares de pueblo donde la gente termina volviendo no tanto por la comida sino por las fotos colgadas y la música que suena bajito. La incorporación de la estructura con vinilos termina de darle un perfil: ya no es un set improvisado, sino un cuarto que se habita. Lo dijo el propio conductor al aire, después de que el columnista Nico Etevenaux reparara en los cambios y le preguntara por el sector cercano al Stormtrooper: "Los vamos a ir cambiando". La frase, simple, alcanza para entender la lógica del proyecto: un fondo que se mueve al ritmo de los discos quePergolini quiere escuchar esa semana, o que quiere que veamos mientras conversa.
“Los vamos a ir cambiando.”Mario Pergolini, en No preguntes por Rusia
A mí, como oyente de toda la vida, esta movida me reconcilia un poco con la pantalla. Porque ver a un conductor que se banca fabricar con sus manos los soportes donde apoya sus discos es una manera de decir que la música todavía se toca, se huele, se guarda, se exhibe. Y me deja, además, con una pregunta que les tiro como al pasar, mientras espero el próximo bloque del programa: si ustedes tuvieran que decorar su propio estudio, su propio sótano o el rincón de la casa donde se escuchan discos, ¿qué tapas pondrían en la pared? Yo ya tengo la mía: la de Peluson of milk, por donde empezar; la de Nevermind en la edición japonesa, para soñar un rato; y una de Los Piojos, porque hay reuniones que sólo se explican con un disco sonando de fondo.
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