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"Perdidos", quince años después: Lindelof desarma la gran mentira del purgatorio y revela la clave budista del final

El cocreador de la serie confirmó que la isla existió, que Hurley y Ben siguen al mando de la Iniciativa Dharma y que los flash sideways de la sexta temporada nunca fueron una realidad alternativa: eran otra cosa, y la respuesta estaba en un antiguo texto tibetano.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · 27 de agosto de 2026 · hace 1 h

"Todo lo que siempre te hemos mostrado, todo lo que ocurre en la isla, ocurrió. Absolutamente, al cien por cien". La frase es de Damon Lindelof, pero bien podría ser la confirmación que millones de fans de Perdidos esperaron durante años: la isla fue real. La Iniciativa Dharma fue real. Y al terminar la serie, Hurley y Ben continuaban operando allí, en un rincón del Pacífico que nunca figuró en ningún mapa.

A más de quince años del final emitido en mayo de 2010, el cocreador de la serie volvió a desmigar el sentido último de uno de los cierres más discutidos de la televisión contemporánea. Y lo hizo para dejar en claro algo que lleva años repitiendo: la teoría más popular entre los seguidores, aquella que sostiene que la isla era el purgatorio y que nada de lo visto durante seis temporadas ocurrió en realidad, no se sostiene.

Qué pasó y qué no pasó en la pantalla

La distinción que propone Lindelof es quirúrgica. En el último fotograma de la serie, Jack Shephard cierra los ojos y muere. Ese momento pertenece al relato principal, al hilo de lo que efectivamente sucedió en la isla, con sus números, sus osos polares y su humo negro. En cambio, los flash sideways de la sexta temporada, esa línea narrativa donde los personajes no se conocen entre sí y el vuelo Oceanic 815 nunca se estrella contra la selva, representan algo completamente distinto: la experiencia de los personajes después de la muerte, no una realidad alternativa ni una paradoja temporal.

Dicho de otro modo: lo que pasó en la isla pasó. Lo que no pasó fue esa otra vida en Los Ángeles, donde Jack era viudo y padre de un hijo que no tenía en la línea principal, donde Desmond atendía un bar y Kate y Claire se cruzaban como desconocidas. Esa línea nunca existió en el universo de la serie; fue, en palabras del propio Lindelof, una construcción de los guionistas para mostrar lo que ocurría con los personajes una vez muertos.

La clave budista que cambió el final

Para encontrar la fórmula de ese recurso narrativo, los guionistas viajaron lejos: hasta el Bardo Thodol, conocido en Occidente como el Libro tibetano de los muertos. El concepto de Bardo describe un estado intermedio en el que una persona muere pero no sabe que está muerta; nadie puede decírselo, aunque puede recibir señales. Lindelof lo sintetizó con una imagen potente: "La idea de Bardo es un lugar al que vas cuando mueres pero no sabes que estás muerto. Nadie puede decírtelo".

La idea de construir esa dimensión post mortem nació entre la tercera y la cuarta temporada. Los guionistas sabían desde temprano que la serie cerraría con la muerte de Jack: la simetría entre el ojo que se abre en el piloto y el ojo que se cierra en el final les parecía la conclusión inevitable. El verdadero desafío era cómo mostrar lo que le pasaba al personaje después de ese último latido.

Por qué los flash sideways se hicieron pasar por viajes en el tiempo

  • Para que el recurso no resultara obvio desde el arranque, los guionistas introdujeron los viajes en el tiempo al final de la cuarta temporada.
  • Sobre esa base construyeron toda la quinta temporada, con saltos constantes entre el presente y los años setenta de la Iniciativa Dharma.
  • La intención era que el público interpretara los flash sideways de la sexta como una paradoja temporal más del mismo paquete.
  • Recién cuando los propios personajes comenzaran a recordar sucesos que en esa línea nunca habían vivido, la pregunta estallaría: ¿cómo podían recordar algo que no les había ocurrido?
  • Esa grieta en la lógica era la puerta de entrada al verdadero significado: los personajes estaban reuniéndose en el más allá, no viviendo una vida paralela.
“La idea de Bardo es un lugar al que vas cuando mueres pero no sabes que estás muerto. Nadie puede decírtelo.”Damon Lindelof, cocreador de Perdidos

A quince años de aquel cierre, la conversación sigue viva en foros, redes y encuentros de fans. Y cada vez que Lindelof vuelve a hablar del tema, repite la misma convicción con tono pedagógico: la isla no fue nunca un castigo ni una metáfora religiosa al uso; fue el escenario donde estas personas se conocieron, se perdieron y aprendieron, literalmente, a soltar. Lo demás, ese brillo dorado del templo con las puertas que se cruzan en todas direcciones, fue otra cosa. Fue el después. Y, como me gusta repetir cada vez que vuelvo a maratonear la serie en compaña de algún amigo que se anima: vale la pena volver a entrar en esa selva. Siempre hay algo nuevo para recordar.

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Iris EvansCultura y espectáculos

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