Los demonios vuelve a las salas con la versión que Ken Russell soñó y nunca pudo mostrar
A 55 años de su estreno, la película más inquietante del cine británico se reestrena en 4K con escenas prohibidas, material recuperado y un montaje que el director dejó casi listo antes de morir.
Hay una frase que Ken Russell repetía en sus últimos años, según cuentan quienes lo acompañaron en el tramo final de su vida: "El cine que de verdad importa es el que te prohíbe la Iglesia, te censura el Estado y, sin embargo, igual llega a la pantalla". Esa definición extrema parece escrita a medida de Los demonios, la película que lo expuso, lo condenó y lo volvió eterno al mismo tiempo, y que ahora, 55 años después de su estreno original, regresará a las salas con una restauración en 4K que recupera escenas eliminadas, fragmentos recortados y hasta una secuencia completa que hasta hoy sólo podía verse dentro de un documental.
La novedad fue confirmada por Warner Bros, que lanzará el filme a través de Clockwork, su flamante división de cine de autor pensada tanto para acompañar a realizadores independientes como para revisitar títulos de su propio catálogo. Y como primera gran apuesta de esa etiqueta, eligieron justamente una de las películas más conflictivas, más hermosas y más injustamente mutiladas de la historia del cine inglés: un retrato de posesiones, herejías, sexo y poder que la Iglesia, los censores y hasta el Vaticano intentaron borrar, sin terminar de conseguirlo.
La versión que Russell quiso mostrar
Antes de morir, el director dejó un montaje que restituye buena parte de lo que la censura le arrancó. El crítico Mark Kermode, uno de los grandes especialistas en la obra de Russell, participó de la recuperación de una secuencia completa que había quedado totalmente afuera de la película y que muestra la supuesta posesión de las monjas, incluido el derribo de un crucifijo de grandes dimensiones, un momento que durante décadas sólo se podía rastrear en un documental. A eso se suman fragmentos de orgías y otros pasajes que habían sufrido recortes, reconstruidos a partir de distintos materiales para armar, por fin, el corte que el director consideraba definitivo.
El resultado es una película que, técnicamente, nunca se vio como Russell la pensó. Lo que llegue a las salas será, en la práctica, la primera vez que el público pueda ver Los demonios sin la tijera de la clasificación por edades, sin la intervención del Vaticano y sin los cortes que la propia Warner Bros se vio obligada a hacer para poder exhibirla en distintos mercados en 1971.
Una historia real convertida en pesadilla psicodélica
El punto de partida es tan real como incómodo. La acción se inspira en hechos del siglo XVII, en una ciudad amurallada de Francia azotada por plagas. Allí, un grupo de monjas afirma estar poseído y empuja, deliberadamente, a que se ejecute a un sacerdote al que acusan de herejía. El religioso, mientras tanto, había consolidado una autoridad enorme en la ciudad y mantenía relaciones sexuales con varias de las mujeres del convento. Esa combinación de fervor religioso, deseo, miedo a la peste y lucha de poder dentro de los muros del claustro fue la materia prima con la que Russell construyó una de las películas más arriesgadas de los años setenta, rodada con una libertad formal que mezcla horror gótico, performance, psicodélico y una crudeza visual que en su momento resultó insoportable para buena parte de la industria.
Censura, Vaticano y calificación X
El recorrido del filme estuvo atravesado por la polémica desde la preproducción. United Artists se alejó del proyecto y Warner Bros terminó quedando como única distribuidora, en una operación que dejó a la película en una situación incómoda dentro del propio estudio. Más tarde, el Vaticano intervino para exigir que se suprimieran algunas imágenes y los organismos de clasificación por edades de distintos países impusieron cortes adicionales. Aun así, la versión que llegó a los cines fue calificada X tanto en Reino Unido como en Estados Unidos, una etiqueta que en la práctica la condenó a una circulación marginal, a salas de exploitation y a la leyenda, más que al circuito de las grandes películas de autor que hoy se reivindican en retrospectiva.
Clockwork, la nueva puerta de Warner para el cine de autor
La decisión de reestrenar Los demonios como pieza de cabecera de Clockwork no es casual. La nueva división de Warner Bros está pensada para trabajar con realizadores independientes y, al mismo tiempo, volver a poner en circulación títulos del catálogo que el estudio considera injustamente olvidados o mal leídos por la historia. En ese sentido, Los demonios funciona como una declaración de principios: arrancar con una película que en su momento fue castigada por la industria y por la Iglesia es una manera de decir, sin demasiadas palabras, que Clockwork viene a recuperar aquello que el sistema no supo o no quiso defender.
- Reestreno internacional en 4K del montaje que Ken Russell dejó listo antes de morir, con material recuperado y escenas prohibidas.
- Una secuencia completa de posesión, con el derribo de un gran crucifijo, que hasta ahora sólo aparecía en un documental.
- Recortes de escenas de orgías y otros fragmentos censurados que vuelven a la versión definitiva de la película.
- Inclusión de España entre los países donde se proyecta, como parte del plan de Warner Bros para su nueva división de cine de autor Clockwork.
- Repaso de un caso único: una película que fue clasificada X en Reino Unido y Estados Unidos y que tuvo al Vaticano como uno de sus censores.
Yo, que vi Los demonios por primera vez en una copia en VHS recortada y después en una versión en DVD que ya parecía un avance, confieso que la posibilidad de verla en pantalla grande, restaurada y en la versión que Russell quiso mostrar me genera una expectativa casi infantil. Es la clase de película que uno necesita ver en una sala oscura, con sonido envolvente, para entender de verdad por qué sigue asustando, por qué sigue incomodando y por qué, más de medio siglo después, sigue siendo una obra imposible de domesticar. Si tienen la chance de encontrarla en cartelera, no lo duden: dense el gusto de ver, por una vez, la película entera, la que los censores no quisieron que lleguemos a conocer. Es una experiencia que, créanme, no se olvida.
