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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La vida después de la quimio: «Sunny Dancer» y la adolescencia que aprende a volver a empezar

Bella Ramsey protagoniza la segunda película de George Jaques, una historia rodada en Escocia que sigue a jóvenes que atravesaron un cáncer y buscan rearmar sus vínculos, sus deseos y su futuro.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · · hace 14 d
La vida después de la quimio: «Sunny Dancer» y la adolescencia que aprende a volver a empezar

Como dijo una vez Patti Smith, «la gente tiene la capacidad de hacer algo hermoso aunque les haya pasado algo horrible», y esa parece ser la idea que atraviesa cada plano de «Sunny Dancer», la nueva película del director británico George Jaques, que tiene a Bella Ramsey como protagonista absoluta y a un puñado de jóvenes actores que se animan a contar lo que casi nunca se cuenta en el cine adolescente: cómo se vuelve a vivir cuando el cuerpo todavía está temblando de lo que le hicieron para curarlo. Les confieso que cuando me senté a ver el material me encontré con una historia que no necesita adornar nada para conmover, porque lo que cuenta es, en el buen sentido de la palabra, profundamente humano.

Una historia que nace en la propia biografía del director

Jaques no llegó a este guion por un capricho creativo ni por la búsqueda de un tema «de moda»: lo hizo porque su madre tuvo cáncer de mama durante la adolescencia de él, una herida que él mismo tardó años en entender y que, ahora, se tradujo en un filme ambientado en un campamento rural de Escocia donde adolescentes que atravesaron la enfermedad comparten cuatro semanas de convivencia. El director, además, es embajador de Teenage Cancer Trust, la organización británica que trabaja con jóvenes oncológicos, y durante el rodaje contó con sobrevivientes reales y con terapeutas disponibles para acompañar al elenco: un detalle que, leído desde acá, me parece de una sensibilidad enorme y que deja clara la seriedad con la que se encaró un tema todavía muy poco explorado por la industria.

Ramsey, a quien muchos lectores reconocerán por «The Last of Us», se pone en la piel de Ivy, una chica de diecisiete años que lleva diez meses en remisión de una leucemia y que llega al campamento a empujones de sus padres, sin ninguna gana de sumarse a las actividades ni, mucho menos, de abrirse con desconocidos. La actriz vuelve a mostrar esa combinación de fragilidad y firmeza que la viene caracterizando, y le da a Ivy una incomodidad muy verosímil: la de quien aprendió a defenderse del mundo mientras estaba en tratamiento y no termina de confiar en que ese mundo haya cambiado.

  • Elenco central: Bella Ramsey como Ivy, Ruby Stokes como Ella, Daniel Quinn-Toye como Jake y Earl Cave como Ralph.
  • Ambientación: un campamento rural en Escocia, con bosques, noches compartidas y una estética de colores cálidos.
  • Una historia que cruza la enfermedad con lo que se siente tener diecisiete años: líos, peleas de habitación, fiestas, besos a escondidas y la pregunta inevitable sobre qué hacer con la vida que empieza de nuevo.
  • Acompañamiento sensible: sobrevivientes reales participaron de la producción y hubo terapeutas para el elenco durante el rodaje.
“Jaques ha explicado que no considera su trabajo una película sobre el cáncer: la enfermedad atraviesa a los personajes, pero sus deseos y relaciones también organizan el relato.”George Jaques

Y ese es, a mi entender, el gran acierto del filme: no convertir al cáncer en el protagonista absoluto, sino dejarlo como una marca más en el cuerpo y en la cabeza de chicos y chicas que, mientras tanto, se enamoran, discuten, se burlan, hacen trampa en las actividades y se escapan de noche al bosque a tocar la guitarra. La música cumple un papel clave en ese mundo: Este Haim y Zachary Dawes firman la banda sonora, y el recorrido se completa con clásicos como Scissor Sisters y Goldfrapp, que suenan en esas fiestas y bailes que cualquier adolescente reconoce como propios, aunque acá tengan un condimento extra: la conciencia de que cada momento compartido puede ser el primero en mucho tiempo o, quién sabe, el último.

Las respuestas que cada personaje encuentra para sobrellevar lo que les tocó vivir son, además, un retrato cuidadoso de cómo reacciona la gente joven frente al trauma. Las distintas formas de sobrellevar el miedo conviven en la pantalla con la misma naturalidad con la que conviven en cualquier grupo de diecisiete años: Jake, el personaje de Quinn-Toye, carga con ataques de pánico que aparecen en los momentos menos pensados; Ivy, como ya dije, canaliza parte de su malestar a través de la agresividad y la ironía; y Ralph, a quien Earl Cave le pone ese humor negro tan inglés, se ríe de lo que le duele para poder seguir adelante. No hay moraleja, no hay sermón: hay jóvenes aprendiendo, a los tropezones, a volver a habitar su propio cuerpo.

Si les interesa el cruce entre el cine coming-of-age y las historias que suelen quedar fuera del foco de Hollywood, «Sunny Dancer» les va a gustar: tiene la energía de los mejores filmes de campamentos, la sensibilidad de las películas británicas independientes y un elenco joven que sostiene la emoción sin caer en golpes bajos. Yo, si me permiten la recomendación bien personal, les diría que la busquen cuando se pueda ver en alguna plataforma o en un ciclo de cine, idealmente en una noche tranquila, con tiempo, y dejándose llevar por esos paisajes verdes de Escocia que, en el contexto de la película, terminan siendo casi un personaje más.

IE
Iris EvansCultura y espectáculos

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