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La Amazonía boliviana abre su río de 350 kilómetros a la pesca con devolución: quince especies y piezas de hasta 25 kilos en aguas de selva

Un tramo navegable en el norte de Bolivia concentra tambaquí, pacú, dorado y manguruyú, entre otras especies de agua dulce, con jornadas que se extienden hasta doce horas y un régimen obligatorio de captura y suelta. El acceso desde Buenos Aires exige vuelos con escala y un tramo final en vehículos de doble tracción, y el campamento opera con carpas, guías locales y botes con motor para grupos reducidos.

Por Federico SandovalAmbiente y energías renovables · · hace 55 min
La Amazonía boliviana abre su río de 350 kilómetros a la pesca con devolución: quince especies y piezas de hasta 25 kilos en aguas de selva

Un río de más de 350 kilómetros en la Amazonía boliviana reúne, en un mismo tramo navegable, quince especies de agua dulce que ya llaman la atención de pescadores argentinos en busca de piezas grandes y ambientes poco transitados. Tambaquí, pacú, manguruyú amarillo y negro, dorado, payara, yatorana, corvina de río, surubí atigrado y paleta conviven en pozos, correderas y costas de piedra que los guías locales conocen al detalle, según describe el material de base consultado por esta redacción.

En jornadas buenas, una sola caña puede registrar más de veinte piques con peces que van desde los cuatro kilogramos hasta ejemplares cercanos a los 25, un rango de portes que vuelve al destino atractivo tanto para el pescador deportivo como para quien busca registros de trofeo. La diversidad de ambientes —pozos profundos para los manguruyú, correderas oxigenadas para el dorado, costas de piedra para el tambaquí y el pacú— obliga a cambiar de estrategia varias veces por día y mantiene a los pescadores atentos durante toda la jornada.

¿Cómo se llega desde Buenos Aires y qué se necesita para pescar?

El viaje desde Buenos Aires combina tramos aéreos con escala y traslados terrestres que, sumados, superan las diez horas. El tramo final se cubre en vehículos de doble tracción, porque el camino deja de ser asfalto y la transición marca, según relutan los operadores, el ingreso al ambiente selvático y la confirmación de que el ritmo de la ciudad quedó atrás. Una vez en el campamento, tres botes con motor y tres guías cubren al grupo durante las salidas, con alojamiento en grandes carpas cerca de la costa, refrigerios, almuerzos y cenas incluidos en el programa.

Las jornadas arrancan alrededor de las 8:30 y pueden extenderse hasta las 20, un rango de doce horas sobre el agua que exige cierto estado físico y, sobre todo, equipamiento adecuado. La carnada base es sábalo, sardinas de la zona, lombriz y postas de peces autóctonos. Cuando el agua está clara, los guías sugieren trabajar con señuelos artificiales: minnows de 90 a 110 milímetros, crank de paleta corta, cucharas giratorias número 5 y superficie tipo whopper plopper. Con agua oscura, en cambio, la recomendación es mantener la carnada natural, porque los artificiales pierden visibilidad y los piques bajan de manera considerable.

¿Qué exige el entorno y qué reglas hay que respetar?

Caminar por las costas de piedra cubiertas de verdín obliga a usar calzado con suela antideslizante bien sujeta al pie, ya sea tipo Crocs con traba o botines de trekking. La selva suma calor, humedad e insectos durante muchas horas seguidas, por lo que el equipo mínimo incluye ropa de manga larga, guantes, buff, lentes con protección ultravioleta, bronceador, repelente y filtros de agua personales. Cinco días consecutivos de actividad en ese entorno desgastan rápido si el equipamiento no está completo desde el primer día, advierten los guías.

¿Qué falta para que el destino se consolide?

Más allá del entusiasmo que genera un río de esa longitud con piezas que rozan los 25 kilos, el destino todavía muestra falencias que los propios operadores reconocen. Faltan frecuencias aéreas directas desde Buenos Aires —la mayoría de los itinerarios hace escala en Santa Cruz de la Sierra o en La Paz—, faltan protocolos ambientales públicos que documenten la presión turística sobre las quince especies mencionadas y falta, sobre todo, regulación clara y verificable sobre la devolución obligatoria, ya que la modalidad pesca y suelta depende, en la práctica, de la buena voluntad de cada pescador y de la fiscalización efectiva de los guías locales. Hasta que esos tres puntos —conectividad aérea, monitoreo ambiental y control efectivo de la devolución— no queden resueltos, el destino seguirá siendo una promesa para unos pocos en lugar de una opción consolidada para el pescador argentino que sueña con un viaje serio al norte de Bolivia.

FS
Federico SandovalAmbiente y energías renovables

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