Indumentaria y gastronomía arrastran a la Argentina al podio de los rubros más caros de la región, pese a la baja en dólares
Un informe de Fundar muestra que el país quedó por debajo del promedio latinoamericano en julio, pero cinco categorías, lideradas por restaurantes (53%) y ropa (37%), todavía encabezan el ranking regional. En agosto la tendencia ya se revirtió.
Con 117 mil megawatts de capacidad instalada en el parque eléctrico nacional como telón de fondo energético del mes, la fotografía que dejó julio en materia de precios relativos dejó una paradoja incómoda: la Argentina se abarató en dólares por segundo mes consecutivo y, sin embargo, dos rubros que pesan fuerte en el bolsillo de los consumidores, la ropa y los restaurantes, se mantienen en lo más alto del podio de los más caros de toda América Latina. El dato, que surge del índice mensual de precios relativos elaborado por Fundar a partir del Price Level Index del Banco Mundial, vuelve a poner en evidencia la distancia entre lo que muestra el promedio agregado y lo que sufren las familias cuando miran la etiqueta o se sientan a comer fuera de casa.
¿Qué pasó con el tipo de cambio y la inflación en julio?
El mes pasado la inflación minorista fue del 2,1% y el tipo de cambio oficial avanzó un 2,4%. La diferencia, mínima en términos relativos, alcanzó para empujar los precios medidos en moneda extranjera un 0,3% hacia abajo y dejar al país un 0,9% por debajo del promedio latinoamericano y un 1,7% debajo de la media regional al cambio oficial. Es la segunda caída mensual consecutiva. En la comparación con otros países, la Argentina resultó más barata que Uruguay, Costa Rica y México, pero más cara que Brasil, Colombia, Honduras y Ecuador, y por primera vez desde abril de 2025 quedó levemente por encima de Chile, que se abarató casi un 3% por la depreciación de su peso.
¿En qué rubros la Argentina sigue liderando el ranking de los más caros?
- Restaurantes: 53% por encima del promedio regional
- Indumentaria: 37% más cara
- Recreación: 39% por encima
- Comunicaciones: 21% más cara
- Equipamiento del hogar: 7% y transporte: 2%, en el límite
La contracara son cinco rubros que sí se ubicaron por debajo de la media latinoamericana: alimentos, con un 10% menos, vivienda y servicios, educación, alcohol y tabaco y salud. Es decir, mientras la comida en el supermercado se acerca a precios razonables, comer afuera o vestirse sigue siendo un lujo relativo frente a lo que pagan los vecinos de la región.
¿La baja fue pareja en todos los rubros?
No. De las once categorías relevadas, diez bajaron en dólares durante julio y solo una subió. La mayor caída la registró la indumentaria, con un descenso del 4,1%, lo que confirma el proceso de reacomodamiento que ya acumula una baja del 41,2% desde fines de 2023, la más pronunciada de toda la economía. Le siguieron alcohol y tabaco, vivienda y servicios y equipamiento del hogar. La excepción fue recreación, que subió un 1,3% y mantiene una brecha del 39% frente al promedio regional. Los restaurantes, pese a liderar el ranking de los más caros, acumulan desde fines de 2023 una baja del 26,5% en términos relativos, un dato que muestra que la corrección llegó: lo que todavía no llegó es la equiparación con el resto de la región.
¿Qué dice el estudio frente a lo que dice la empresa?
El contraste es notorio. Mientras los voceros del Gobierno suelen presentar la baja en moneda extranjera como señal de competitividad y apertura, el informe de Fundar advierte que el proceso se frenó en agosto: la inflación fue del 1,7% y el tipo de cambio oficial avanzó apenas un 1,0%, lo que implicó un encarecimiento del 0,7% en dólares y borró parte del avance de los dos meses previos. La foto agregada muestra un país que se abarata, pero la foto por rubros muestra una estructura de precios que sigue condicionada por la protección comercial, los costos logísticos y la falta de competencia en sectores como la gastronomía y la producción textil.
¿Qué falta hacer para converger con la región?
Lo que falta, según el propio informe y lo que se desprende de la evidencia, es atacar de raíz las causas estructurales que mantienen a la indumentaria y a los restaurantes en el podio de los más caros. La baja del tipo de cambio real no alcanza si no se acompaña de una apertura sostenida de la economía, una baja de aranceles a la importación de ropa y textiles, una mayor formalización y competencia en el sector gastronómico, y una política de ingresos que permita absorber la corrección de precios sin comprimir el consumo. Mientras tanto, los datos de agosto ya marcan que la tendencia se revirtió y el país vuelve a encarecerse en dólares: la ventana competitiva que se abrió en junio y julio empieza a cerrarse antes de que la convergencia con la región se vuelva estructural.
