Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

El oro negro de Dublín: Netflix se mete en la disputa que reventó a los Guinness

La plataforma estrena una serie de ocho episodios que reconstruye, con pulso de drama de época, la pelea hereditaria que se desató tras la muerte de Benjamín Lee Guinness en 1868 y que puso en jaque al imperio cervecero más famoso de Irlanda.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · · hace 41 d
El oro negro de Dublín: Netflix se mete en la disputa que reventó a los Guinness

Hay una frase del propio Steven Knight que sobrevuela cada uno de sus trabajos como creador y que, me animo a decir, late con fuerza en esta nueva apuesta: "La historia se repite, primero como tragedia, después como negocio". Y vaya si en la saga Guinness se cumple esa ley no escrita de los apellidos demasiado grandes, donde las familias terminan devorándose a sí mismas con la misma fruición con la que el mercado devora a sus competidores más débiles. Por eso les propongo hoy detenernos en esta serie que acaba de desembarcar en Netflix y que reconstruye, capítulo a capítulo, el momento exacto en que el imperio cervecero más célebre de Irlanda dejó de ser una empresa para convertirse en un campo de batalla entre hermanos, primos y abogados muy bien pagos.

La historia arranca en Dublín, en 1868, con la muerte de Benjamín Lee Guinness al frente de uno de los conglomerados más influyentes del siglo XIX, y lo que podría haber sido una transición ordenada entre herederos se transforma, episodio tras episodio, en una pulseada familiar donde el dinero, el apellido y el poder se mezclan con secretos que la producción va dosificando con bisturí. La excusa argumental es la disputa sucesoria, pero el verdadero motor de la serie es lo que ocurre puertas adentro de una dinastía cuando ya no alcanza con administrar una marca: hace falta decidir quién la controla, quién la proyecta y quién, finalmente, queda afuera del reparto.

Dublín como personaje

Les confío algo: a mí, que llevo años siguiendo este tipo de ficciones de época, lo que más me interesa de "La casa Guinness" no es solamente el juego de sillas en el consejo de la cervecería, sino la decisión de sus productores de usar a la Dublín del siglo XIX como un personaje más, con sus desigualdades profundas, sus tensiones políticas y ese contraste brutal entre la opulencia de los nuevos dueños del mundo y una sociedad irlandesa que por entonces atravesaba transformaciones históricas de fondo que terminarían reventando en las décadas siguientes. La serie no se limita al living de los Guinness: abre las ventanas, muestra las calles, los pubs, los conventos y los barcos que entraban y salían del puerto, y deja que ese contexto empape cada decisión económica que toman los herederos.

  • Anthony Boyle como uno de los ejes centrales del elenco protagónico, en un papel que le permite lucirse en las escenas más ásperas del conflicto.
  • Luis Partridge y Emily Fairn completan el triángulo principal y sostienen el costado más íntimo y emocional de la trama.
  • Fionn O'Shea, Jack Gleeson, Niamh McCormack, Danielle Galligan y Ann Skelly redondean un reparto coral que aprovecha cada minuto en pantalla.
  • Steven Knight, creador de "Peaky Blinders", repite la fórmula: violencia de época, clase y vínculos familiares atravesados por el poder.

Lo que me llevo como espectador, después de recorrer estos ocho capítulos, es la sensación de que la ficción histórica basada en familias reales funciona precisamente porque trabaja con un archivo emocional que ninguna invención puede igualar: uno sabe, mientras mira, que detrás de cada grito en la mesa hubo un papel firmado, una deuda saldada y una traición que todavía se comenta en los libros de historia empresarial. La serie lo entiende y por eso no apura los tiempos ni abusa del golpe bajo: deja que la respiración de los diálogos haga el trabajo pesado, y confía en que el espectador adulto, el que ya vio caer a otras dinastías en pantalla, sabrá leer entre líneas lo que los personajes callan.

“La historia se repite, primero como tragedia, después como negocio.”Steven Knight

Si todavía no la vieron, les recomiendo tomarse la serie como una visita guiada a un Dublín que ya no existe pero que late debajo de cada pinta que se sirve en el mundo: dense el gusto de conocer a los herederos, entender sus pactos y, sobre todo, prestar atención a cómo una familia entera puede quedar atrapada en la propia marca que lleva su nombre. Y después, si les queda energía, cuéntenme en los comentarios qué otras sagas familiares de este tipo les gustaría ver adaptadas: la mesa de discusión, como verán, recién se empieza a armar.

IE
Iris EvansCultura y espectáculos

Te puede interesar