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Miércoles, 21 de octubre de 2026
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El bocado justo: la degustación de Maru Botana que abrió debate en MasterChef Celebrity

Una arveja partida en cuatro, la sombra de Dolli Irigoyen y la frase de Betular pusieron en el centro de la escena la manera en que la pastelera prueba los platos. La pregunta que sobrevuela al ciclo es si alcanza con eso para juzgar.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · · hace 47 min
El bocado justo: la degustación de Maru Botana que abrió debate en MasterChef Celebrity

"Hay que comer de todo, para eso me pagan", dice una canción vieja del oficio gastronómico, esa que insiste en que probar es un compromiso y no una cortesía. Esa idea, convertida en frase por Damián Betular al evaluar un plato en MasterChef Celebrity, terminó cruzando la pantalla y chocando de lleno con el modo en que Maru Botana se lleva los sabores a la boca. Lo que durante semanas fue apenas un murmullo entre televidentes se volvió debate abierto en redes, y lo instaló en un lugar incómodo: el del tamaño del bocado que se toma una jurado antes de opinar sobre una preparación ajena. La pregunta que sobrevuela al ciclo no es menor ni caprichosa, porque toca uno de los gestos más elementales del oficio: probar la comida antes de juzgarla.

Lo que comenzó como una observación aislada una conversación colectiva. El señalamiento central es bastante gráfico, y por eso circuló tan rápido: hay quienes describen que Botana corta una arveja en cuatro partes y se queda apenas con una fracción antes de dar su devolución. La comparación con sus compañeros de mesa es inevitable. En un programa donde la cocina se piensa en porciones, en cantidades y en experiencias completas, ver a una jurado limitarse a probar casi nada abre un interrogante difícil de esquivar. ¿Alcanza con esa mínima porción para evaluar el punto de una carne, la sazón de una salsa o el equilibrio de un postre? La duda es razonable, y por eso el debate se sostuvo en el tiempo.

La sombra de Dolli Irigoyen

La visita de Dolli Irigoyen como jurado invitada le dio al reclamo un nombre propio y una referencia concreta. Algunos usuarios la postularon directamente como reemplazante de Botana, y la comparación entre ambas frente a las cámaras no hizo más que alimentar esa posición. La descripción que empezó a repetirse en redes es bastante clara: una cocinera que come sin reparos frente a otra que restringe lo que lleva a la boca. No hace falta inventar nada para notar que la diferencia quedó a la vista, y que esa diferencia fue leída por un sector del público como una señal de compromiso distinto con el programa.

  • La queja central apunta al tamaño de las porciones que Botana prueba antes de opinar.
  • La comparación con Donato De Santis dejó en evidencia el detalle, ya que el cocinero anterior tenía otro estilo de degustación.
  • La presencia de Dolli Irigoyen como invitada reavivó la conversación sobre quién debería ocupar la silla.
  • La frase de Betular "Hay que comer de todo, para eso me pagan" fue interpretada como referencia indirecta al tema.
  • El debate en redes creció hasta instalar la pregunta sobre qué espera el público de un jurado de MasterChef.

Botana se incorporó al ciclo tras la salida de Donato De Santis, y su llegada fue celebrada por buena parte del público. Durante las primeras emisiones, su estilo de degustación no había generado ruido público. La novedad, entonces, no fue la llegada de la pastelera sino la comparación constante con sus compañeros, que volvió visible un detalle que antes pasaba desapercibido. Lo que se discute no es únicamente cuánto come, sino algo más de fondo: si la devolución que ofrece después de probar resulta creíble para quienes están del otro lado de la pantalla. En un concurso donde el paladar es la herramienta principal de evaluación, la sospecha de que esa herramienta se usa a medias pesa.

“Hay que comer de todo, para eso me pagan.”Damián Betular, jurado de MasterChef Celebrity

Quiero detenerme aquí en algo que me parece importante. En los shows de cocina, mucho antes de la tele y de las redes, el gesto de probar el plato ajeno era casi sagrado. Un cocinero que se negaba a probar lo que otro cocinero había hecho quedaba automáticamente fuera del círculo de respeto. En la tradición de las cocinas argentinas, esa regla no escrita sobrevive, y muchos la aprendimos al lado de una abuela o de un chef que miraba con recelo a quien se llevaba el tenedor a la boca apenas para mojar los labios. Botana es una figura muy querida, con una trayectoria que nadie discute, y por eso el debate duele más de lo que debería: no porque se desconfíe de su palabra, sino porque la escena televisiva amplifica gestos que en una cocina familiar pasarían desapercibidos.

Las opiniones relevadas en redes no constituyen una decisión editorial sobre la continuidad de la cocinera en el ciclo, y sería irresponsable leerlas como tal. Sin embargo, el volumen del debate instaló una pregunta que el programa tendrá que responder de algún modo, aunque sea con el correr de los próximos episodios: qué espera el público de quien ocupa el lugar de jurado en un certamen donde la cocina se vive y se juzga con la boca tanto como con la vista. Mi recomendación, si me permiten el tono confesional, es ver el próximo capítulo con la cucharita a mano. A veces la mejor manera de entender un debate gastronómico es cocinar algo simple en casa mientras se mira la pantalla, y dejar que el olfato haga el resto.

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Iris EvansCultura y espectáculos

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