Costa Rica afina la pulseada por el turista argentino y se apoya en su patrimonio natural para diferenciarse
Cerca de 37.000 visitantes llegaron al país centroamericano en el último año y la temporada actual muestra una suba del 6,7%. Selva, volcanes, dos océanos y un sistema de áreas protegidas que supera el 25% del territorio configuran una propuesta pensada para un público de 40 a 60 años que busca experiencia, bienestar y conectividad directa desde Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Salta.
Con apenas cinco veces la superficie de la provincia de Buenos Aires, Costa Rica sostiene una densidad biológica que resulta difícil de igualar en cualquier otro punto del continente: más de 900 especies de aves contabilizadas en su territorio y una fauna silvestre que puede avistarse sin necesidad de internarse en expediciones de varios días. El país supo convertir esa riqueza en un producto turístico maduro, sostenido por una red de parques nacionales y reservas que cubre más del 25% del suelo costarricense y que organiza la visita en torno a entornos poco alterados, con infraestructura adaptada para distintos niveles de exigencia física.
¿Qué encuentra el argentino que llega por avión?
La conectividad opera como uno de los pilares centrales de la estrategia. Copa Airlines mantiene salidas regulares desde Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Salta con destino a San José, mientras que Avianca y Latam cubren la ruta con conexiones en Bogotá y Lima, respectivamente. Esa disponibilidad de vuelos durante todo el año, sumada a la política de estacionalidad que manejan los operadores, configura un calendario de precios más accesible fuera de los picos de julio y del receso estival del hemisferio norte, lo que convierte al país en una opción competitiva frente a destinos clásicos del Caribe o de Europa.
La propuesta se articula sobre tres ejes que se complementan y que el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) promociona de manera articulada. El primero es la aventura: puentes colgantes entre las copas de los árboles, caminatas guiadas por senderos interpretativos, rafting en ríos de montaña, canopy sobre el follaje y avistaje de fauna sin requisitos de experiencia previa. El segundo es el bienestar: retiros de yoga, termas alimentadas por la actividad volcánica, alojamientos integrados al entorno natural y una gastronomía basada en productos locales, todo apuntado a la desconexión del ritmo cotidiano. El tercero es la oferta de sol y playa, con costas tanto en el Pacífico como en el Caribe que ofrecen aguas cálidas aptas para el surf, el buceo o el simple descanso.
¿Dónde se concentra la demanda y por qué?
El volcán Arenal y su entorno de selva y aguas termales concentran una parte significativa de la demanda, junto con los parques nacionales del corredor norte y las playas de la península de Nicoya y del Caribe sur. Evelyn Figueroa, directora de Mercadeo del ICT, señala que el destino funciona como un producto de uso pleno durante los doce meses: el período que va de mayo a octubre, con excepción de julio, registra menor afluencia y, en consecuencia, tarifas más bajas en alojamientos y paquetes.
¿Qué le pide el ICT a los establecimientos que quieren certificarse?
“La empresa tiene que hacer efectivo dentro de ese proceso de certificación cómo integrar al cliente dentro del proceso de funcionamiento del establecimiento. ¿Cómo es que el cliente participa en un ahorro del agua, desde preguntarle si quiere que le cambien las toallas todos los días o puede ser día por medio?”Víctor Hugo Quesada, subgerente del Instituto Costarricense de Turismo
Quesada, subgerente del ICT, describió así el mecanismo central del sello de sostenibilidad turística que promueve el organismo. La idea, explicó, es que el visitante deje de ser un consumidor pasivo y se involucre en decisiones cotidianas del alojamiento: desde la frecuencia del recambio de toallas hasta la separación de residuos. El funcionario fue más allá al describir el efecto buscado: "No solo consumís un producto turístico, es que te estás transformando porque estás participando directamente en un programa de sostenibilidad." Esa lógica apunta a que las prácticas adquiridas durante la visita se trasladen luego al hogar del turista.
¿Qué falta para consolidar la elección del argentino?
El flujo de cerca de 37.000 visitantes argentinos en el último año y el alza del 6,7% en la temporada actual muestran que Costa Rica ya se posicionó entre los destinos preferidos del segmento de naturaleza y aventura, pero todavía quedan asignaturas pendientes. La primera es sostener la certificación ambiental de los prestadores en un contexto de crecimiento de la oferta; la segunda, garantizar que la masificación no degrade los entornos protegidos que constituyen la base del producto; y la tercera, profundizar la conectividad aérea con frecuencias que reduzcan tiempos de viaje y mejoren la ecuación costo-beneficio respecto de competidores del Caribe insular y de México. Si esos tres ejes se consolidan, el país centroamericano estará en condiciones de retener al visitante que ya viaja y a sumar al que todavía evalúa opciones.
