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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cinco preparados de cocina que salvan al jardín de plagas sin química

Con la llegada del calor, los hongos, pulgones y ácaros se hacen un festín en las huertas urbanas. El INTA difunde recetas caseras, simples y baratas, para mantenerlos a raya antes de tener que salir a comprar agroquímicos.

Por Camila AguilarSociedad y vida · · hace 1 d
Cinco preparados de cocina que salvan al jardín de plagas sin química

A esta altura del año, con el termómetro trepando y la primera lluvia de la temporada todavía fresca en la memoria, cualquier maceta del balcón o cantero del patio empieza a mostrar señales de que algo se mueve. Manchas oscuras en las hojas del tomate, pulgones verdes apiñados sobre los brotes nuevos del rosal, una tela finísima que aparece entre las hojas de la begonia. Yo lo vi la semana pasada en lo de una vecina de Lanús, Mabel, que tiene una huerta chica en el patio de su casa: me llamó porque el perejil se le había llenado de unos puntos blancos y la albahaca, la misma que usa para el pesto del domingo, amaneció con las puntas pegajosas. Estábamos, sin saberlo, delante del combo clásico de esta época del año.

Por qué el calor y la humedad cambian el escenario

El ingeniero agrónomo que la atendió por teléfono se lo explicó con una frase que a mí me quedó dando vueltas: "la primavera y el verano no traen las mismas plagas". Cuando el calor y la humedad coinciden, el terreno es ideal para los hongos; en cambio, cuando el ambiente se seca y se llena de frutos, los que se aprovechan son los insectos y los ácaros, que además de reproducirse a toda velocidad encuentran comida en cada rama. Eso es exactamente lo que estaba pasando en la huerta de Mabel: una mezcla de las dos cosas, porque en Buenos Aires el clima no avisa antes de cambiar.

Para casos como el de ella, donde el ataque todavía no es severo, existe una batería de preparados caseros que el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria recomienda desde hace años y que tienen una ventaja enorme: se hacen con lo que ya hay en la cocina o en la propia huerta, cuestan poco y, sobre todo, no intoxican ni el suelo ni a quien después cosecha el tomate. No reemplazan a un agroquímico cuando la plaga ya se fue de las manos, pero sirven como prevención y en los primeros estadios del problema, que es justo cuando más rinden.

Tres reglas de oro antes de empezar a mezclar

Antes de tomar el mortero y salir a la galería, hay tres reglas básicas que conviene no saltearse. La primera: usar siempre recipientes de plástico, vidrio o cerámica. Los metálicos liberan componentes que terminan siendo tóxicos para la planta, y uno termina cocinando el problema en vez de resolverlo. La segunda: preparar todos los macerados en un lugar ventilado y sin luz solar directa, porque el sol directo puede alterar la fermentación y arruinar el preparado. La tercera, tan simple como olvidada: colar bien el líquido antes de cargarlo en el rociador, porque cualquier resto sólido tapa la boquilla a la primera de cambio y termina uno rociándose la mano en vez de la planta.

Las cinco recetas que siempre conviene tener a mano

  • Purín de ortiga: un kilo de ortiga fresca, o entre 100 y 200 gramos si está seca, en diez litros de agua. Se deja fermentar a la sombra entre 7 y 12 días, revolviendo a diario hasta que desaparezcan las burbujas. Antes de pulverizar se diluye al 50 por ciento con agua. Sirve contra pulgones y hongos, y como bonus aporta nutrientes al suelo. Dato clave: la ortiga se manipula siempre con guantes, porque sino la quemadura está garantizada.
  • Macerado de ajo con alcohol: una cabeza entera de ajo bien licuada, medio litro de agua y medio litro de alcohol. Se guarda siete días en la heladera, se filtra y al momento de usar se diluyen 100 mililitros por cada litro de agua, con unas gotitas de jabón blanco neutro para que el preparado se pegue a la hoja. Funciona contra ácaros, pulgones, mosca blanca, orugas y hongos, lo que lo convierte en un verdadero todo terreno.
  • Cáscara de naranja: se hierve la cáscara de una naranja en medio litro de agua durante diez minutos, se deja enfriar y se pulveriza. Resulta útil para pulgones y cochinillas, y además deja un olor cítrico que en el patio se agradece.
  • Cebolla en reposo: se pican dos o tres cebollas medianas y se las deja en agua hirviente hasta 48 horas. El líquido colado se aplica sobre hojas y tallos. Cubre pulgones y hongos, sobre todo los mildius, que son los más comunes en esta zona.
  • Infusión de ruda y salvia: en partes iguales, como si fuera un mate cocido, se infusionan las hojas y se deja enfriar antes de rociar. Es la opción más rápida porque no necesita fermentación y va bien contra pulgones.

Después de probar varias de estas recetas durante un mes en lo de Mabel, lo que más me llamó la atención no fue tanto el resultado sobre las plantas, que fue bueno, sino la tranquilidad con la que ella ahora riega y poda: ya no se pone los guantes con la sensación de estar rociando algo que después va a comer la familia. Esa es, me parece, la promesa real de volver a lo casero: no sólo cuidar el jardín, sino cuidar a la gente que vive alrededor.

CA
Camila AguilarSociedad y vida

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