Cinco montañas argentinas van por el sello internacional de la IMTA y el turismo los mira de cerca
El Aconcagua, el Champaquí, el Mercedario, el Copahue y el Famatina quedaron seleccionados entre dieciocho postulaciones de diez provincias para competir en las Montañas de Fama Mundial 2026, un reconocimiento que puede reposicionar a la Argentina en el mapa del turismo de montaña.
El dato de partida lo dice todo: de dieciocho postulaciones elevadas por diez provincias, apenas cinco montañas argentinas pasaron el filtro de la Dirección Nacional de Desarrollo y Promoción Turística y quedaron en carrera para integrar la lista 2026 de Montañas de Fama Mundial que organiza la International Mountain Tourism Alliance. El Aconcagua, con sus 6.962 metros como techo de América, el Champaquí cordobés, el Mercedario sanjuanino, el volcán Copahue neuquino y el Famatina riojano son los elegidos para defender la bandera nacional en una convocatoria cuyos resultados se conocerán antes de fin de año.
¿Qué se evaluó para llegar a esta short list?
La selección no fue un capricho ni una elección estética: la Dirección Nacional construyó un expediente que cruza la calidad de los recursos naturales y culturales con el estado de conservación, la infraestructura y los servicios disponibles, la sostenibilidad ambiental de la actividad turística, el apoyo de las comunidades locales y el respaldo institucional de cada jurisdicción. A ese trabajo se sumó la validación técnica de la Dirección General de Asuntos Ambientales de la Cancillería y del Comité para el Desarrollo Sostenible de las Regiones Montañosas de la República Argentina, dos organismos clave para darle consistencia diplomática al planteo argentino frente a la IMTA.
¿Cómo se reparten las categorías y por qué importa esa distribución?
- Aconcagua (Mendoza): Categoría natural. El coloso andino como emblema del trekking de altura y la logística de alta montaña.
- Champaquí (Córdoba): Categoría natural. El techo de las Sierras Grandes como ícono del turismo serrano y de senderismo de mediana exigencia.
- Mercedario (San Juan): Categoría natural. Macizo de origen volcán entre las provincias de San Juan, Mendoza y San Luis, con 6.770 metros.
- Volcán Copahue (Neuquén): Categoría natural. Paisaje andino-patagónico con aguas termales y actividad volcánica como atractivos diferenciales.
- Famatina (La Rioja): Categoría nevado. Representante exclusivo de una categoría donde se miden las cumbres blancas por encima de los seis mil metros.
La división entre la categoría natural y la categoría nevado no es un detalle administrativo: le permite a la Argentina presentar cinco propuestas con perfiles realmente distintos ante los evaluadores internacionales y reduce el riesgo de que compitan entre sí dentro del mismo casillero, una estrategia que muestra lectura política del proceso de la IMTA por parte del equipo que armó la presentación.
¿Qué dice el expediente y qué calla la comunicación oficial?
Lo que la comunicación oficial destaca es el carácter federal de la selección, con representación de Mendoza, Córdoba, San Juan, Neuquén y La Rioja, y la diversidad de paisajes que van desde la alta montaña andina hasta las sierras pampeanas pasando por la Patagonia volcánica. Lo que no se dice, y debería quedar sobre la mesa, es el contraste evidente entre lo que declaran las provincias en sus postulaciones y lo que efectivamente muestran los informes de conservación, los accesos, los servicios de montaña y la capacidad real de gestión comunitaria en cada destino. Un sello internacional como el de la IMTA no se sostiene sólo con buenas fotografías y relatos épicos: exige indicadores ambientales verificables, infraestructura turística probada y comunidades locales que efectivamente se beneficien del flujo de visitantes, no que queden al margen o padezcan los impactos del turismo.
¿Qué falta hacer antes de fin de año?
Quedan varios meses hasta que se conozca el veredicto y el calendario apremia. Falta terminar de consolidar los dossiers técnicos de cada montaña con información homogénea y comparable, garantizar que los informes ambientales estén actualizados y auditables, y sobre todo cerrar el diálogo con las comunidades anfitrionas para que el respaldo institucional que figura en el papel se traduzca en gobernanza efectiva del territorio. Si la Argentina quiere que el resultado de la convocatoria 2026 no sea sólo un título decorativo sino una herramienta concreta de posicionamiento internacional, la pulseada se juega tanto en las oficinas de la IMTA como en cada uno de los senderos, refugios y centros de interpretación que sostienen, día a día, la experiencia turística de estas cinco montañas.
