Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

Al Di Meola en La Trastienda: el regreso de un sobreviviente que volvió a tocar como si el tiempo no hubiera pasado

Después del infarto que en 2023 le cortó la gira por la región, el guitarrista estadounidense cerró su visita a Buenos Aires con un show íntimo de más de dos horas junto a dos músicos españoles, en el que repasó cinco décadas de carrera entre el jazz, el flamenco, el tango y los himbos que lo formaron.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · · hace 31 d
Al Di Meola en La Trastienda: el regreso de un sobreviviente que volvió a tocar como si el tiempo no hubiera pasado

Hay una línea de "In My Life", esa canción que los Beatles firmaron en 1965 y que Al Di Meola versionó el jueves a la noche en La Trastienda, que dice algo así como que los lugares cambian pero todos los rostros siguen siendo los mismos. Es una frase improbable para un músico de jazz fusión que cumple 72 años y que volvió a subirse a un escenario porteño después de un infarto que casi se lo lleva puesto en pleno show en Bucarest, en 2023. Y sin embargo, mientras la cantaba casi en silencio, acompañado apenas por el cajón de Sergio Martínez y la guitarra española de Isaac Romagosa, esa idea de que el tiempo no termina de pasar por algunos lugares pareció flotar en la sala como una certeza: el viejo Al Di Meola, el de las rodillas duras y la mano firme, el que supo tocar con Chick Corea en Return to Forever y compartir escenario con Paco de Lucía en los ochenta, volvió a Buenos Aires, y volvió entero.

Una formación mínima, un sonido enorme

El formato elegido para esta gira fue deliberadamente austero: tres músicos, guitarras acústicas y un cajón peruano que ofició de ancla rítmica toda la noche. Esa decisión, que podría haber parecido un riesgo para un guitarrista acostumbrado a sonoridades eléctricas y a secciones rítmicas más densas, terminó siendo la gran apuesta de un show que duró dos horas y diez minutos casi sin pausas. "Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer", dijo Di Meola desde el escenario, en un español masticado con paciencia, y la frase cayó como un manto sobre las casi ochocientas personas que colmaron La Trastienda: era el comentario de un hombre que sabe que el escenario puede faltarle de un día para el otro, y que igual insiste.

  • Fandangos, soleás y rítmica afrolatina convivieron con fragmentos de jazz fusión y con evocaciones mediterráneas que estiraron varios temas más allá de su forma original de estudio.
  • El programa recorrió distintas etapas de su carrera: hubo piezas asociadas a Return to Forever, el proyecto que compartió con Chick Corea, versiones de canciones de The Beatles como "In My Life", y pasajes del repertorio de Astor Piazzolla entre los que se coló "Café 1930".
  • También sonaron "The Sound of Silence", de Simon y Garfunkel, "Ava's Dance in the Moonlight" - que el guitarrista dedicó a su hija -, y temas propios como "Misterio", "Infinite Desire" y "Eden".
  • El cierre llegó con "Mediterranean Sundance", la pieza asociada a Paco de Lucía, con palmas del público y teléfonos en alto grabando el momento.

Coplas, Piazzolla y un poco de Buenos Aires

Lo que tuvo de particular esta velada es que Di Meola no se limitó a repasar su propio catálogo, sino que se permitió mirar hacia los costados y construir un puente con la historia musical de la ciudad que lo recibía. Esa decisión se notó sobre todo cuando se sentó a interpretar "Café 1930", la pieza que Astor Piazzolla compuso para su ciclo "Histoire du Tango": la tocaba despacio, con esa digitación cristalina que lo distingue desde los años setenta, y el público, que conoce cada uno de esos compases como si fueran propios, lo acompañó en silencio. Después llegaron los fandangos y las soleás, con Romagosa tomando el protagonismo y Martínez sosteniendo desde el cajón un pulso que sonaba a sur y a Mediterráneo al mismo tiempo, y entonces entendí que el verdadero tema de la noche no era el regreso en sí, sino la idea de que ciertas músicas, cuando están bien tocadas, terminan haciendo un mapa único que no le pertenece a nadie.

No todo fue perfecto, y vale la pena decirlo: en un tramo Di Meola llamó a su ingeniero de sonido al escenario para resolver problemas con el audio, y algunas improvisaciones se extendieron tanto que perdieron tensión, como si el diálogo entre los tres músicos se hubiera vuelto un poco redundante. Son asperezas menores, típicas de un formato acústico y de un músico que, a sus 72 años, ya no necesita demostrar nada en términos de velocidad ni de virtuosismo. Lo que mostró, en cambio, es algo más difícil de conseguir: la convicción de que todavía hay algo nuevo que decir con una guitarra entre las manos, y la humildad de volver a empezar cada canción como si fuera la primera vez.

“Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer.”Al Di Meola, desde el escenario de La Trastienda

Si me preguntan a mí qué me gustaría que revisitara en una próxima visita, lo digo sin dudarlo: me gustaría ver a Di Meola en una formación más amplia, con un contrabajo y un bandoneón, cruzando Piazzolla con Paco de Lucía en serio, en formato de trío o de cuarteto, en una sala como el Coliseo o el Gran Rex, que le daría otra escala a su propuesta. Pero también reconozco que esa intimidad de La Trastienda, esa cercanía casi hogareña con un músico que sobrevivió para contarla, es una de esas cosas que Buenos Aires sabe guardar para los que saben escucharla. Mientras siga tocando así, yo voy a estar en la primera fila.

IE
Iris EvansCultura y espectáculos

Te puede interesar