Adenocarcinoma de pulmón: el tumor que crece en silencio y el camino que abre una lobectomía a tiempo
El Vaticano confirmó que León XIV fue operado de un adenocarcinoma pulmonar en el Policlínico Gemelli de Roma. El neurólogo Conrado Estol explicó a este portal cómo se evalúa el pronóstico después de una lobectomía y por qué los estudios genéticos pueden cambiar el tratamiento.
Me lo imagino bajando el regazo de un sillón y empezando a caminar por la habitación del Policlínico Gemelli, todavía con la vía del suero y la respiración reciente de quien hace unas horas salió de un quirófano. Así lo describió el Vaticano: el Papa León XIV fue sometido a una cirugía videoasistida del lóbulo inferior derecho del pulmón, una intervención que duró alrededor de noventa minutos y en la que se le extirpó ese lóbulo completo. El examen histológico hecho durante la operación confirmó que el tejido correspondía a un adenocarcinoma pulmonar, el subtipo de cáncer de pulmón más frecuente entre las personas que nunca fumaron.
Un tumor que aparece sin hacer ruido
El neurólogo Conrado Estol, a quien consulté para entender mejor el cuadro, me dijo algo que me quedó dando vueltas: el adenocarcinoma representa entre el 55 y el 80 por ciento de los casos de cáncer de pulmón en no fumadores. Y por una razón anatómica suele pasar inadvertido mucho tiempo. Suele instalarse en la periferia del pulmón, lejos de los bronquios principales, así que mientras no invade una vía aérea gruesa no genera tos persistente, sangre al toser ni falta de aire marcada. Crece, en criollo, en silencio.
Eso ayuda a entender por qué muchos diagnósticos de este tipo aparecen en controles rutinarios o en estudios pedidos por otros motivos. Cuando el nódulo finalmente se hace visible, la decisión pasa por los cirujanos torácicos. Y ahí aparece la palabra que más se escuchó estos días alrededor del Papa: lobectomía.
Por qué se saca el lóbulo entero y no solo el nódulo
La lógica es oncológica y, si uno la piensa un rato, bastante intuitiva. Sacar únicamente el nódulo deja dudas sobre los márgenes: ¿qué pasa con el tejido que está justo al lado? ¿Y con los ganglios cercanos? La lobectomía, en cambio, garantiza márgenes más amplios y limpios de células tumorales y, sobre todo, permite estudiar con detalle el lóbulo entero, la pleura que lo envuelve y los ganglios linfáticos de la zona.
Durante la operación, según me explicó Estol, un patólogo puede analizar tejido en tiempo real para distinguir entre cáncer, fibrosis o una vieja cicatriz. Aun así, el diagnóstico definitivo siempre queda en manos del estudio microscópico posterior, que es el que termina de confirmar el subtipo y de medir con precisión el tamaño del tumor.
El escenario optimista que planteó Estol
Hay un número que me llamó la atención y que vale la pena repetir con cuidado, porque es un escenario hipotético y orientativo, no un pronóstico cerrado. Estol planteó que, si el nódulo mide dos centímetros, los ganglios están libres y la pleura no aparece comprometida, la sobrevida a cinco años puede acercarse al 99 por ciento. Es un dato que habla bien de la cirugía cuando el tumor se descubre chico y los márgenes dan limpios, y que también muestra por qué la detección temprana cambia tanto la historia.
La evolución posoperatoria informada por el Vaticano fue dentro de lo normal: el paciente retomó la alimentación habitual, hizo kinesioterapia respiratoria para volver a expandir bien el pulmón que quedó y empezó a caminar dentro de la habitación. Esa rutina, que parece menor, es la que va marcando el día a día de la recuperación en las semanas siguientes.
Genética del tumor y terapias con nombre propio
En paralelo a la recuperación, laboratorios especializados están estudiando la genética del tumor. La idea es buscar mutaciones específicas, como las del EGFR, el KRAS, el BRAF, el HER o el MET, que permiten indicar terapias dirigidas, generalmente administradas por vía oral. Si no se encuentra una mutación accionable, queda en el menú la inmunoterapia, que se aplica por vía intravenosa y que en los últimos años cambió el pronóstico de muchos pacientes con cáncer de pulmón.
Estol me hizo una aclaración que me pareció importante: tanto las terapias dirigidas como la inmunoterapia pueden ir perdiendo efectividad con el paso del tiempo, porque el tumor encuentra mecanismos de resistencia. Por eso el seguimiento oncológico continuo no es un trámite: es la otra mitad del tratamiento.
Vuelvo a la imagen con la que arranqué. Un hombre de unos setenta y tantos años caminando lento por una habitación de hospital en Roma, todavía con la marca de una cirugía mayor en el pecho y, al mismo tiempo, con un diagnóstico que en otra época hubiera sido mucho más amenazante. La medicina que le toca no es la misma que la de hace veinte años: ni en las técnicas quirúrgicas, ni en los estudios genéticos, ni en las terapias posteriores. Y eso, en esta historia, es parte de la buena noticia.
