Bryan, el último mensajero de Raccoon City: la nueva cara de Resident Evil según Zach Cregger y Austin Abrams
La película basada en la saga de videojuegos dura cerca de 95 minutos y vuelve a reunir al realizador y al actor después de Weapons. La nota recorre la trama, las condiciones del rodaje en Praga y el destino del protagonista, con revelaciones del desenlace.
Hay una frase que sobrevuela buena parte de la filmografía de Zach Cregger y que aparece, casi sin proponérselo, en cada uno de sus proyectos: "Lo peor siempre está por empezar". El director, que con Weapons se había consagrado como uno de los nombres más singulares del terror contemporáneo, vuelve ahora a la carga con una adaptación muy esperada, la de Resident Evil, y lo hace acompañado por un actor que ya conoce los secretos de su puesta en escena, Austin Abrams, con quien compartió aquella experiencia y a quien convocó otra vez para encabezar un relato que reinterpreta, desde una óptica adulta y despojada, el universo de los videojuegos que popularizaron a los zombis en los años noventa.
Quiero detenerme en lo que me parece más interesante de esta película, y es que no arranca con un soldado entrenado, ni con un especialista en virus, ni con un héroe de manual. Arranca con Bryan, un mensajero cualquiera, un tipo común que trabaja con un uniforme azul y que, en su última entrega del día, recibe un paquete que debe llevar al hospital de Raccoon City, una ciudad que el cine ya asoció de manera indeleble con el desastre biológico. La elección de Cregger es deliberada, y Abrams lo sabe: él mismo contó que su intención fue sostener durante toda la película esa condición de persona común, sin preparación, sin reflejos de película de acción, alguien que reacciona como reaccionaría cualquiera de nosotros si de pronto se encontrara con criaturas que antes sólo había visto en una pantalla.
Una historia que dura 95 minutos y que se mide en una sola carrera
El material de base indica que la adaptación tiene una duración aproximada de 95 minutos y que, en ese tramo relativamente breve, Abrams protagoniza una sucesión de persecuciones y enfrentamientos que lo obligan a correr sobre la nieve, a esconderse en granjas abandonadas y a tomar decisiones bajo una presión que él no eligió. El rodaje se realizó en Praga, donde las jornadas de bajas temperaturas formaron parte del propio elenco, y el actor recordó que en varias oportunidades la lluvia se congelaba sobre el vestuario, un detalle que parece menor pero que termina definiendo el tono físico de la película, porque cada escena transmite ese frío que se mete en los huesos y que, de alguna manera, también se le instala al espectador.
- Bryan es un mensajero que debe entregar un paquete en el hospital de Raccoon City en su último viaje del día.
- El envío contiene un posible antídoto para el virus T, el agente que provoca la transformación zombi.
- Durante el recorrido, Bryan atropella accidentalmente a una mujer que comienza a mutar.
- Luego huye de un policía y encuentra refugio transitorio en una granja.
- Recibe una mordedura que lo condena a la transformación, y finalmente se convierte en una criatura de gran tamaño.
La transformación, los rugidos y la incomodidad de actuar como un monstruo
Me parece justo detenerme en lo que Abrams contó sobre el proceso de filmación de la mutación final, porque hay algo muy humano en su testimonio y, al mismo tiempo, muy profesional. El actor explicó que, para las escenas en las que Bryan ya se ha convertido en una criatura enorme, Cregger le pedía que intensificara los rugidos, que se abandonara a una vocalidad animal, y que esa indicación lo obligó a superar la incomodidad inicial de actuar como un monstruo y comprometerse con lo que imaginaba durante la filmación. Esa incomodidad es, en definitiva, la misma que atraviesa cualquier personaje cuando se aleja del registro realista, y Abram la resolvió entregándose por completo al material, aun cuando eso implicara gritar, deformar la voz y perder, durante algunos minutos, su propia fisonomía de actor conocido.
Hay un segundo plano que a mí, como espectador, me resulta conmovedor, y es la elección de matar al protagonista. Abrams señaló que lo sorprendió la decisión de llevar a Bryan hasta la muerte y de frustrar aquello por lo que había luchado durante toda la película, pero señaló lo contrario: ese desenlace permite contar cómo continuó extendiéndose el virus pese a que existía una oportunidad concreta de detenerlo. En su lectura, la película funciona como una historia de orígenes, como el momento cero de una tragedia que ya vimos en otras entregas de la saga, y por eso la muerte de Bryan no es un capricho narrativo sino una necesidad dramática: es la forma que tiene Cregger de decirnos que, aun cuando alguien lo da todo, el sistema siempre encuentra la manera de reproducirse y de expandirse.
Una recomendación, en primera persona
Si me permiten cerrar con una recomendación que es también una advertencia, les digo lo siguiente: vayan a verla si les interesa el terror que se construye desde los cuerpos y desde el clima, desde la nieve y desde el silencio de una granja, y no tanto desde el jumpscare gratuito. Abrams y Cregger vuelven a encontrarse después de Weapons y lo hacen con un material que parecía maldito, el de Resident Evil, y en lugar de traicionar la saga la honran con una de las decisiones más radicales que se hayan visto en una adaptación de videojuegos: matar al héroe en el primer acto. Esa decisión puede gustar o no, pero obliga a repensar qué esperamos cuando nos sentamos en la butaca esperando una película basada en un juego, y por eso, aun con sus zonas discutibles, esta Resident Evil me parece una de las propuestas más arriesgadas del cine de género reciente. Como siempre digo después de una función de este tipo: salgan del cine con el abrigo puesto, porque el frío de Praga se les va a quedar pegado al pecho durante un buen rato.
“Lo peor siempre está por empezar.”Zach Cregger, director de Resident Evil
