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Viernes, 16 de octubre de 2026
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A Messi lo quisieron descartar por flaco: los informes que Barcelona miró de reojo y firmó igual

Tres evaluaciones de formadores culés en el otoño europeo de 2000, cuando el rosarino tenía 13 años y medía 142 centímetros, recomendaron en partes iguales ficharlo y descartarlo. El club le hizo caso a la historia y no al físico.

Por Ezequiel OyarzoDeportes · · hace 19 h
A Messi lo quisieron descartar por flaco: los informes que Barcelona miró de reojo y firmó igual

Hay decisiones que nacen con viento a favor y aun así alguien se equivoca feo. En el otoño europeo de 2000, cuando en estas pampas todavía coleaba el veranito, un pibe rosarino de 13 años y 142 centímetros aterrizó en Barcelona con una valija y un sueño: entrar a La Masía. Tres formadores del club lo evaluaron por separado. Dos recomendaron no contratarlo. Uno lo comparó con Maradona y pidió ficharlo ya. Veintiséis años después, cuando el mundo entero sabe cómo termina la película, los informes salieron a la luz y se descubre lo que casi fue.

El veredicto que nunca falló tanto

El primero de los informes fue contundente y, a la distancia, tragicómico. El formador arrancó elogiando: jugador de calidad técnica indiscutible. Pero acto seguido lo mandó al freezer: su limitación física le impide competir en su categoría. La conclusión llegó en mayúsculas y subrayada: CREO QUE NO SE HA DE FICHAR. El consejo, razonado y firme, era seguir su evolución y volver a probarlo dentro de un par de años. Spoiler: el pibe no esperó dos años. Esperó cuatro y debutó en 2004 cargando encima el peso de los que descreían.

El segundo informe, en cambio, tiró la casa por la ventana con una frase que, vista hoy, parece profecía escrita en almanaque: Salvando las distancias, es un Maradona (pequeño de edad). Yo lo ficharía, tiene que ir a mucho más. Breve, decidido y, sobre todo, valiente. El que escribió eso le puso el apodo a la jugada antes de que la jugada existiera: el Enano de Oro, le empezaron a decir en el barrio mucho antes de que el mundo lo conociera como La Pulga.

El tercero coincidía en lo bueno: técnicamente muy completo, destaca sobre sus compañeros, tiene visión de juego, es ágil, tiene un dribbling muy bueno y un buen pase. Pero también se colgó del mismo argumento físico que el primero, ese fantasma del metro cuarenta y dos que aparecía cada vez que el pibe cruzaba la mitad de cancha.

La servilleta que tapó todos los informes

Seamos sinceros: si de aquellos tres papeles dependía el destino del mejor de todos, hoy estaríamos debatiendo otra cosa. Pero Carles Rexach, secretario técnico del Barcelona por entonces, firmó el compromiso en una servilleta de restaurante el 14 de diciembre de 2000, bajo su responsabilidad y a pesar de algunas opiniones en contra. Esa frase, que durante mucho tiempo sonó a descaro institucional, hoy suena a bandera levantada contra los escépticos. Rexach, en el fondo, eligió confiar en lo que había visto en la cancha, no en lo que decía la planilla.

Lo demás ya lo saben hasta los que no miran fútbol: 778 partidos oficiales, 672 goles y 35 títulos con la camiseta azulgrana, antes del portazo hacia París, Miami y una vuelta a casa que ya es otro capítulo. Aquel chico al que un formador desaconsejaba por flaco terminó midiendo 170, ganándole de cabeza a centrales que le duplicaban el físico y convirtiéndose en el máximo goleador histórico de un club que, técnicamente, había pensado dejarlo afuera.

No fue el único: otros cracks que estuvieron a punto de quedar en el camino

  • Cristiano Ronaldo: en su paso por las inferiores del Sporting de Lisboa lo consideraron demasiado delgado y liviano para el fútbol profesional. Lejos de frenarlo, el Manchester United de Sir Alex Ferguson lo llevó a Old Trafford en 2003 y el resto es estadística de museo.
  • David Beckham: el Everton inglés no lo retuvo en su cantera por considerar que no tenía físico para el primer nivel. El Manchester United lo recogió en 1993 y desde ahí construyó una carrera de galáctico.
  • Fabio Cannavaro: varios clubes italianos lo descartaron por su estatura (1,76), poco habitual para un zaguero central. El Napoli le dio lugar y después ganó un Balón de Oro, rareza para un marcador.
  • Andrés Iniesta: en La Masía lo evaluaban como bajo y delgado, dudas que se reiteraron en varios informes de su adolescencia. El Barcelona confió y cosechó a uno de los mediocampistas más determinantes de la historia.
  • Sergio Agüero: en Independiente ya mostraba destellos, pero su físico menudo generaba reservas. Atlético de Madrid se lo llevó a los 18 años y el Kun devolvió la apuesta con goles y una carrera de leyenda.

La lista, claro, podría seguir. Pero la moraleja ya está cantada. El fútbol está lleno de informes firmados por gente muy sabia que se equivocaron con los genios, y de un tipo, en una servilleta, que se animó a ir contra la corriente. Messi, mientras tanto, sigue jugando. El próximo rival del Inter Miami, en lo inmediato, es el de siempre: el reloj. La hora de la próxima función la dirá el calendario.

EO

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