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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Zach Cregger reescribe Resident Evil desde sus propias reglas: monstruos, llaves y una Raccoon City que respira otra vez

La nueva película adapta la saga de Capcom con una historia original, criaturas mutadas y guiños puntuales a los videojuegos, sin resignar la identidad del director de Barbarian.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · · hace 24 d
Zach Cregger reescribe Resident Evil desde sus propias reglas: monstruos, llaves y una Raccoon City que respira otra vez

Como dice una frase que sobrevuela la memoria de los que crecimos apretando joysticks en los noventa, sobrevivo, no estoy a salvo: y bajo esa idea parece moverse el nuevo filme de Resident Evil que acaba de presentar Sony, con Zach Cregger como director y un protagonista llamado Bryan que recorre una Raccoon City reconocible pero reorganizada desde cero. La producción retoma el universo de la franquicia de Capcom con una historia original e independiente, escrita por el propio Cregger junto a sus colaboradores habituales, y propone algo que en mi lectura aparece como una declaración de principios: se puede volver a un pueblo infestado de horrores sin repetir, plano por plano, lo que ya vimos en pantalla.

Bryan camina por calles tomadas, desciende a una alcantarilla, cruza una granja y entra en un hospital con el sello inconfundible de la saga: accesos bloqueados, cerraduras que no ceden a la primera y enemigos que aparecen cuando uno menos lo espera. En esos trayectos, el personaje consigue una pistola, una escopeta y un rifle de asalto, pero el armado no resuelve todo: en la granja debe juntar cartuchos para poder disparar la escopeta, un detalle que en mi recuerdo está clavado en tardes enteras frente a la pantalla del PlayStation. La linterna también cumple un papel central, porque ilumina la nieve, las cloacas y los pasillos del hospital y, al mismo tiempo, puede delatar la posición de Bryan frente a ciertas criaturas, como ocurre en buena parte de los títulos de la franquicia.

Raccoon City como escenario y como memoria

El peso de la ciudad se siente desde el primer minuto, porque Raccoon City no es solo un decorado: es el lugar donde funciona el laboratorio de Umbrella y desde donde se propaga el brote que define a toda la saga. En la película, esa lógica se mantiene con dos científicos de la farmacéutica, interpretados por Paul Walter Hauser y Zach Cherry, que aparecen como empleados de la compañía intentando frenar el desastre que ellos mismos ayudaron a provocar, un giro que en mi lectura devuelve a Umbrella a su lugar clásico de gran villano corporativo, pero con un matiz burocrático y casi tragicómico que Cregger ya había explorado en Barbarian.

El vínculo con los videojuegos no se queda en los guiños visuales ni en los nombres propios, sino que se construye desde la mecánica del recorrido: Bryan avanza por espacios oscuros, junta recursos y toma decisiones que condicionan los minutos siguientes. Esa estructura de búsqueda, escasez y amenaza constante aparece en el ADN de la franquicia desde 1996, cuando Chris Redfield y Jill Valentine quedaron atrapados en una mansión llena de zombis, y se consolidó en 1998 con la segunda entrega, que sumó a Claire Redfield y Leon S. Kennedy en la propia Raccoon City que ahora vuelve al cine. Cregger recoge esa herencia sin convertirla en museo: los guiños están, pero la historia es nueva y se sostiene sobre Bryan, un personaje pensado para esta película.

Monstruos, ácido y un granero que no se olvida

  • Un perro que lo persigue dentro de un granero y cuya cabeza se abre para mostrar tentáculos, en una de las escenas que mejor resumen el cruce entre bestialismo y horror biológico de la saga.
  • Una criatura que ataca con vómito ácido en el ascensor del hospital, un recurso que en mi lectura recupera el cuerpo a cuerpo grotesco que la franquicia viene explorando desde hace décadas.
  • Un monstruo compuesto por fragmentos de cuerpos que incorpora nuevos restos con sus tentáculos y crece a medida que se alimenta, pensado para funcionar como amenaza acumulativa y no solo como susto puntual.

Cierro esta primera lectura con una recomendación en primera persona, que es la forma en que más cómodo me siento cuando todavía no hay función de prensa ni crítica publicada: si creciste con Resident Evil, esta película te va a sacar una sonrisa cómplice cada vez que reconozcas un mecanismo, un giro o un escenario; si nunca tocaste un joystick de la franquicia, el filme se sostiene solo como un recorrido de terror bien calibrado, con un protagonista al que uno termina deseándole lo mejor que se puede desear en Raccoon City: que encuentre la próxima caja de municiones antes de que sea demasiado tarde.

IE
Iris EvansCultura y espectáculos

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