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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una novela que Puig escribió lejos de casa y que Piñeiro decidió, por fin, subir a un escenario

La escritora y dramaturga adaptó Maldición eterna a quien lea estas páginas, un libro nacido en el exilio neoyorquino que la autora nunca había pensado como teatro hasta que volvió a leerlo para prologar la obra completa del autor de Boquitas pintadas. La pieza se estrenó el 23 de agosto bajo la dirección de Marcelo Moncarz, con Luis Campos, Mateo Chiarino y Luz Miraldi sobre el escenario.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · · hace 39 d
Una novela que Puig escribió lejos de casa y que Piñeiro decidió, por fin, subir a un escenario

"A veces uno escribe para no volverse loco", decía Manuel Puig, y esa sentencia parece flotar sobre Maldición eterna a quien lea estas páginas, la novela que el escritor argentino terminó en Nueva York, lejos de su pueblo, y que ahora, cuatro décadas después, encuentra por fin un escenario gracias al oficio y la obstinación de Claudia Piñeiro, que se animó a adaptar un texto que, según confiesa, nunca había imaginado como obra de teatro hasta que la relectura se la puso en bandeja.

Un prólogo como punto de partida

La historia de esta puesta empieza, curiosamente, por un encargo editorial. Hace algunos años, Piñeiro aceptó escribir el prólogo de la reedición de la obra completa de Manuel Puig y eso la obligó a volver sobre Maldición eterna, un libro que no había tocado desde su juventud. Lo que encontró al abrirlo de nuevo la sorprendió: una novela escrita casi entera como un diálogo entre dos personas, con una estructura tan cercana a la escena que, según ella misma admite, le resultaba extraño que nadie la hubiera subido antes a un teatro. Esa rareza fue, justamente, lo que la empujó a tomar el lápiz y empezar a trabajar sobre el texto.

“Me impresionó cómo le habla al presente el texto. Hay libros que encuentran su momento mucho después de salir, y este es uno de esos casos.”Claudia Piñeiro

El exilio, la memoria y una clase media que ya es arqueología

La novela nació en el exilio. Puig la escribió instalado en Nueva York, y ese desarraigo se mete en cada página, sobre todo en la voz del personaje argentino, un hombre mayor que pierde la memoria y que se enfrenta, en un departamento prestado, a un joven neoyorquino con el que no comparte más que la necesidad urgente de entenderse. Para Piñeiro, esa colisión entre dos mundos es lo que vuelve al texto tan actual, y al mismo tiempo tan irrepetible: Puig supo registrar como pocos la manera de hablar de una clase media argentina que ella, sin ironías, describe como "casi arqueológica", esa forma de dirigirse, de escribir cartas, de medir las palabras que ya casi no se escucha en ningún café porteño.

Luis Campos y el claroscuro de un personaje difícil

El trabajo actoral fue, según cuenta la propia Piñeiro, lo que terminó de revelarle matices que la lectura solitaria no le había mostrado. El personaje del argentino, duro y a veces hiriente, ganó una capa de sensibilidad gracias a la interpretación de Luis Campos, y esa tensión entre la aspereza y la ternura se transformó en el corazón de la puesta. La dramaturga lo resume con una idea que, dice, le ronda desde que empezó a escribir sus propias novelas: "Todos somos claroscuros", y el escenario, asegura, hace visible esa condición de un modo que la página no siempre garantiza.

  • Claudia Piñeiro firma la adaptación de Maldición eterna a quien lea estas páginas, novela de Manuel Puig escrita en su exilio neoyorquino.
  • Marcelo Moncarz dirige la obra, que se estrenó el 23 de agosto con funciones en cartel.
  • El elenco está encabezado por Luis Campos, junto a Mateo Chiarino y Luz Miraldi.
  • El punto de partida fue un prólogo que Piñeiro escribió para la reedición de la obra completa de Puig, lo que la obligó a releer el libro con ojos nuevos.
  • Piñeiro destaca la teatralidad natural del texto, construido casi enteramente como un diálogo entre el personaje argentino amnésico y un joven de Nueva York.

Yo recomiendo, sin dudarlo, que se acerquen a esta puesta quienes tengan la novela fresca en la memoria, pero también, y sobre todo, quienes nunca se cruzaron con Puig, porque la versión de Piñeiro funciona como una puerta de entrada amable a un autor que, como ella misma señala, escribía con el cine y el teatro siempre presentes, incluso cuando estaba dando forma a una novela. Ir a ver Maldición eterna a quien lea estas páginas es, además, una manera de acompañar a un libro que tardó décadas en encontrar su escenario y que, ahora que lo hizo, parece dispuesto a hablarle de frente a cualquier espectador que se siente en la butaca.

IE
Iris EvansCultura y espectáculos

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