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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una despedida, cuatro soñadoras: Gran Hermano Generación Dorada se juega la corona entre históricas, debutantes y una revelación del público

Yanina Zilli cerró su paso por la casa tras 196 días de encierro y un versus decisivo contra Charlotte Caniggia. Las finalistas que quedan en carrera prometen una definición con aromas a revancha, identidad de clase y raíz rioplatense.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · · hace 37 d
Una despedida, cuatro soñadoras: Gran Hermano Generación Dorada se juega la corona entre históricas, debutantes y una revelación del público

Hay un dicho que me acompaña cada vez que un reality se acerca a su final, y que esta semana volvió a cobrar sentido en la pantalla chica argentina: "Todo tiempo pasado fue anterior", cantaba María Elena Walsh, y parecía escrita para describir lo que se vive puertas adentro de Gran Hermano Generación Dorada, porque lo que allí ocurre deja de ser presente apenas se cruza la puerta de salida y se convierte, para siempre, en un capítulo anterior de la vida de quien lo protagoniza. Eso es exactamente lo que le pasó a Yanina Zilli en la gala del lunes 7 de septiembre: su presente dentro del juego se apagó, pero su historia en la casa ya quedó escrita, y vaya si dio para escribir.

La exvedette fue la quinta eliminada de la finalissima, luego de caer en el versus decisivo frente a Charlotte Caniggia. Egresó con 196 días de encierro, una marca enorme si se considera que prácticamente no salió nunca de la casa desde el primer día del ciclo, y apenas un 2,1% de los votos positivos en la placa que decidió su continuidad. En un reality donde la moneda corriente es la sobrada, esa cifra podría leerse como un fracaso, pero la propia Zilli eligió otro encuadre al despedirse, y yo coincido con ella: "Me siento ganadora, llegué lejos, di lo mejor de mí. Fue un honor compartir esta casa con todas ustedes. Voy a extrañar este lugar", dijo antes de cruzar la puerta, y se fue gritando "ganalo, Sol", mientras abrazaba a Solange Abraham, la jugadora que, curiosamente, ya había vivido el sabor agridulce de quedar en quinto puesto en su edición de 2011.

Las cuatro finalistas, cuatro perfiles para una misma corona

  • Yisel "Yipio" Pintos, la uruguaya que celebró su salvación con un festejo que ya es marca registrada y le habló directo al bolsillo del público: "Gracias, muchas gracias, yo sé que cada voto es plata".
  • Luana Fernández, presente desde el día cero del ciclo y otra de las jugadoras que completó los 196 días sin pisar la calle, un récord que habla de resistencia tanto física como emocional.
  • Solange Abraham, que llega a la final con una mochila personal cargada: en 2011 quedó en quinto lugar tras perder un versus, y esta vez se plantó en el estudio con la intención explícita de "quedarse con el premio mayor".
  • Charlotte Caniggia, la gran revelación de la placa, que admitió estar transitando su primer versus con el corazón en la boca: "Es mi primer versus, qué miedo, estoy muy nerviosa. Si me voy voy a llorar un par de días, porque me va a dar bronca haber estado tan cerca de la copa y que se lleve otra".

La gala dejó, además, la postal más humana de la noche: Zilli optó por retirarse a la habitación antes de que el conductor abriera el sobre con su nombre, en una decisión que habla de su forma de pararse frente al juego, sin estridencias, sin pedir cámara, dejando que el resultado hablara por sí solo. Ese detalle, casi íntimo, contrasta con el vértigo del reality y, para mí, resume por qué esta edición atrapó a una franja de televidentes que no siempre se engancha con el formato: hay una colonia de mujeres adultas, con trayectorias previas en la farándula, en la música y hasta en la política, que se animaron a ponerse en juego frente al país, y eso, en un país que suele ver el reality desde el sofá y la ironía, no es un dato menor.

La semana que se viene tampoco regalará respiro: el martes se conocerá qué visitante se lleva un viaje a Bariloche, el miércoles habrá una nueva eliminación que dejará a tres finalistas, el jueves las participantes podrán ver sus propios castings de ingreso, y el domingo el conductor entrará a la casa para una cena con las jugadoras que sigan en carrera. Es decir, antes de la gran final habrá todavía una eliminación más, y eso reconfigura el tablero: cualquiera de las cuatro puede soñar, pero también cualquiera de las cuatro puede despertarse del sueño el miércoles a la noche.

Mi lectura, a corazón abierto

Si me apuran a arriesgar un nombre, y lo hago con todos los recaudos que merece un formato donde el voto del público puede dar vuelta cualquier pronóstico, creo que la finalísima tiene aroma a revancha personal, y eso pone a Solange Abraham en un lugar privilegiado: volvió al reality después de más de una década, ya conoce el sabor del quinto puesto y se lo dijo a la cámara con la cara lavada. Pero no descartaría a Yipio Pintos, que arrastra un voto popular muy fuerte del otro lado del Río de la Plata y que conecta con ese público que, como yo, se reconoce en su manera de festejar. Luana Fernández, en tanto, tiene a su favor la resiliencia de haber estado desde el primer día, y Charlotte Caniggia, justamente por ser la que menos tiene en el formato, es la: nadie la tiene demasiado en el radar y, cuando eso pasa, la sorpresa siempre es posible.

Recomendación para seguir la semana

Mi consejo, si van a prenderse a esta recta final, es no perder la eliminación del miércoles: suele ser la más emotiva del ciclo, la que define el podio y, sobre todo, la que deja a la verdadera favorita con el peso específico de saber que está a un paso de la gloria o de la decepción. Después, el jueves, dedíquense a ver los castings de las finalistas: entender de dónde vienen ayuda a entender por qué el público las acompaña. Y el domingo, siéntese a comer con la familia mientras miran la cena con el conductor, porque ese tipo de veladas, en la televisión argentina, ya son una pequeña fiesta nacional.

IE
Iris EvansCultura y espectáculos

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