Una bici, un candado y un fallo que sacudió al súper de Neuquén: la Justicia confirmó que el comercio tiene que pagar
Un cliente dejó su bicicleta asegurada en la playa de estacionamiento, entró a hacer las compras y al salir ya no estaba. Lo que empezó como un enojo puntual terminó en una multa cercana a los cuatro millones de pesos que la Justicia acaba de ratificar.
Vuelvo una y otra vez a la misma imagen: un tipo en Neuquén capital que ata su bicicleta con candado en la playa de estacionamiento de un supermercado, mira un segundo el rodado, se da vuelta y entra a hacer las compras. Cuando sale, el lugar donde la había dejado está vacío. No hay señales de que se haya movido por su cuenta, no hay una nota diciendo que la retiraron, no hay nada. Solo el candado, cortado, y la certeza de que alguien se la llevó mientras él estaba adentro eligiendo qué llevar a la mesa. Esa es la escena que da origen a una resolución que acaba de marcar un precedente en la provincia y que, por cómo se vienen dando los hechos, puede empezar a repetirse en otros comercios.
La bicicleta nunca apareció. Pero la bronca del damnificado tampoco se quedó quieta: hizo el reclamo en la Dirección Provincial de Protección al Consumidor de Neuquén, que terminó imputando al supermercado por fallas de seguridad en sus propias instalaciones. El comercio hizo lo que hacen casi todos en estos casos: presentó sus descargos en sede administrativa y, cuando no le dieron la razón, llevó la discusión a la Justicia. La Justicia le contestó que no.
Una multa que pesa más que la bici
La sanción que terminó de confirmar el fallo judicial equivale a cinco canastas básicas alimentarias, lo que traducido a pesos de hoy ronda los cuatro millones. Es un número que llama la atención por una razón muy concreta: ese monto supera con holgura lo que habría costado reponer la bicicleta robada. La explicación que da el organismo provincial es que la multa no busca devolver la bici ni compensar al damnificado por el valor del rodado, sino castigar al comercio por no haber garantizado la seguridad en un espacio que él mismo habilitó para sus clientes. Son dos cosas distintas, aunque en la cabeza del consumidor terminen mezclándose.
Mientras la causa administrativa quedó firme, el damnificado mantiene abierto otro expediente, esta vez en el fuero civil, para reclamar el resarcimiento económico directo por la bicicleta perdida. Lo que resolvió el organismo provincial funciona como prueba preconstituida en ese proceso: ya hay un fallo que dice que el comercio falló en su deber de cuidado, y eso, en un juicio por daños, pesa mucho.
El cartelito de "no nos hacemos cargo" no sirve de nada
Hay una costumbre que está pegada en la entrada de casi todos los estacionamientos del país y que, según dejó en claro la resolución neuquina, no tiene ningún valor legal. Es ese cartel que dice algo así como "el comercio no se responsabiliza por los objetos dejados en el estacionamiento". Para la Dirección Provincial de Protección al Consumidor, esa cartelería no solo no exime de responsabilidad al establecimiento, sino que además puede inducir a error al consumidor, que termina confiando en un espacio que le están diciendo, sin decirlo, que es zona liberada. Y la advertencia va más lejos: los comercios que sigan exhibiendo esos avisos pueden recibir una infracción adicional, con su multa correspondiente.
La trama que abrió el caso
En el hecho que originó la sanción confluyen dos cosas que cualquier consumidor reconoce: por un lado, alguien que tomó los recaudos razonables antes de entrar al súper —ató la bici con candado en el lugar previsto para eso— y, por el otro, un comercio que dejó pasar el tiempo sin que la bici apareciera ni apareciera respuesta. El criterio aplicado por el organismo provincial es claro: quien decide abrir una playa de estacionamiento para que sus clientes la usen asume de manera objetiva la obligación de garantizar condiciones mínimas de seguridad en ese espacio. No es una obligación de resultado absoluto, pero sí es una obligación de medios que, en este caso, el supermercado no pudo acreditar.
Cuando vuelvo mentalmente a ese hombre saliendo del súper y mirando el hueco donde estaba su bicicleta, me queda la sensación de que su enojo estaba más justificado de lo que él mismo pensaba en ese momento. No solo perdió un medio de transporte: terminó abriendo un expediente que ahora obliga a un comercio a pagar cerca de cuatro millones de pesos y le recuerda, de paso, a todos los demás que el famoso "no nos hacemos cargo" que muchos cuelgan en sus playas de estacionamiento no es más que un cartel vacío. Si alguna vez te pasó algo parecido —te robaron algo del estacionamiento de un comercio y te dijeron que ellos no tenían nada que ver—, este fallo neuquino te está diciendo, en criollo y sin vueltas, que la responsabilidad la tiene el que abrió la tranquera.
