Tres clásicos y un mapa abierto: el catálogo de Filmin que invita a revisitar el cine de autor
Un juicio del siglo XV, la sátira del apocalipsis nuclear y el origen de una saga familiar funcionan como puerta de entrada a una selección que recorre comedias, westerns, ciencia ficción y suspenso, con nombres como Dreyer, Kubrick, Coppola, Keaton, Lang y Lupino.
Hay una frase que se le atribuye a Orson Welles y que cada tanto vuelve a mi cabeza cuando me siento frente a un catálogo de cine clásico: que el cine no es solo una forma de arte, sino también una manera de mirar la historia con la respiración contenida. Esa sensación aparece de nuevo al recorrer la nueva selección de películas que reúne Filmin en su plataforma, porque el recorrido propone algo más que una lista de títulos: propone un mapa para volver a entrar al cine de autor por distintos portales, algunos solemnes, otros francamente irónicos, todos con la materia viva de sus décadas.
La puerta solemne: un rostro y un juicio
Si hay una película que entiende el primer plano como territorio dramático, esa es La pasión de Juana de Arco, la obra de 1928 que Carl Theodor Dreyer rodó en Francia. En la pantalla aparece el rostro de Maria Falconetti, rodeada por un tribunal que la interroga y la condena, y el relato se construye a partir de los juicios y del sufrimiento, en una propuesta visual donde la luz y la sombra sobre las caras de los intérpretes ocupan un lugar central. El reparto se completa con Eugene Silvain, Maurice Schutz, Michel Simon y un joven Antonin Artaud, y la película puede verse hoy como una pieza bisagra entre el cine mudo tardío y el cine moderno, rodada en un momento en que el expresionismo europeo todavía dejaba huellas en la forma de contar.
La puerta irónica: el mundo al borde del botón rojo
El otro extremo del catálogo lo ocupa una sátira convertida en clásico instantáneo. ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, que Stanley Kubrick dirigió en 1964, parte de una pregunta tan absurda como verosímil: qué pasaría si un general desquiciado desata la tercera guerra mundial y un oficial británico, a la manera de un comodín, intenta desactivar la crisis desde la cabina de un bombardero. El elenco es uno de los más recordados de la historia del cine: Peter Sellers en varios registros, George C. Scott como el general Buck Turgidson, Sterling Hayden, James Earl Jones y Keenan Wynn. En plena Guerra Fría, Kubrick eligió el humor como vía para hablar del pánico nuclear y de la posibilidad de que las decisiones humanas conduzcan a la destrucción, y esa decisión sigue siendo, más de seis décadas después, su mayor hallazgo.
La puerta familiar: una saga que piensa a Estados Unidos
La tercera entrada al catálogo es, probablemente, la más popular de las tres. El padrino, que Francis Ford Coppola estrenó en 1972, cuenta el ascenso de Michael Corleone dentro de la familia mafiosa que lleva su apellido, y en el camino deja una reflexión sobre el sueño americano, sobre la lealtad y sobre los modos en que la violencia se vuelve casi una coreografía. Marlon Brando como el patriarca, Al Pacino como el hijo que llega a la mafia por obligación, Robert Duvall, James Caan y Diane Keaton integran un elenco que el público argentino conoce al detalle. La puesta en escena trabaja los contrastes de luz, los interiores en penumbra y las celebraciones familiares filmadas como rituales, y todo eso construye una representación estilizada de la violencia que todavía hoy es materia de estudio en escuelas de cine.
Más allá del trío: el resto del recorrido
- Buster Keaton, con una comedia que incorpora elementos fantásticos y confirma por qué su nombre sigue siendo sinónimo de gag físico perfecto.
- Fritz Lang, con una propuesta de ciencia ficción vinculada al expresionismo alemán, en la línea de un cine que pensó los futuros posibles antes de que el género se codificara.
- Ida Lupino, con una película de apenas 71 minutos en la que la tensión se concentra dentro de un auto y la dirección prueba que el suspenso también se construye en espacios mínimos.
- Títulos para recorrer el western, el cine negro y la comedia, que permiten organizar la elección por género, por director o por elenco.
Si me preguntan a mí con cuál empezar, y sé que la pregunta del final del material también se la están haciendo ustedes, les confieso que volvería a ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú: me gusta ver a Kubrick hacer reír en medio del pánico, me gusta comprobar cómo el humor sirve para hablar de lo que da miedo, y me gusta la idea de terminar la noche con una sonrisa incómoda. Pero la selección tiene la virtud de no obligar a un único recorrido: la pueden armar por estado de ánimo, por director o por elenco, y eso, en un catálogo de clásicos, es casi un regalo. Yo, por las dudas, dejo La pasión de Juana de Arco guardada para una tarde silenciosa, y El padrino reservado para una sobremesa larga con café de por medio.
