Ted Lasso vuelve a la cancha: el Richmond abre sus puertas a una nueva generación de jugadoras y a viejas promesas que nunca se fueron del todo
Apple TV+ estrena la cuarta temporada de la serie creada por Jason Sudeikis y Brendan Hunt, con el regreso de Keeley, Rebecca y Roy Kent y la llegada de un equipo femenino que promete cambiar la dinámica del club inglés que conquistó al público durante la pandemia
Hay una frase que Jason Sudeikis repite como un mantra cada vez que le preguntan por qué volver a Ted Lasso después de haber cerrado la historia como si fuera un capítulo definitivo, y esa frase bien podría ser la banda de sonido de esta cuarta temporada que Apple TV+ acaba de estrenar: la idea de que hay partidos que no se ganan cuando terminan los noventa minutos, sino cuando uno se anima a patear de nuevo. Esa es, en el fondo, la apuesta más arriesgada de un regreso que llega cuando nadie lo pedía y, justamente por eso, se vuelve imprescindible para entender por qué seguimos hablando del AFC Richmond como si fuera un club de barrio que conocemos desde chicos. A mí, que vengo siguiendo la serie desde aquel 2020 en que apareció casi por casualidad en medio del encierro, me sigue sorprendiendo cómo un entrenador de fútbol americano perdido en Londres terminó converténdose en una de las criaturas más queridas de la pantalla chica contemporánea, y este regreso me encuentra, como a tantos, con la misma curiosidad de la primera vez.
La serie se ganó el corazón del público durante los meses más duros de la pandemia con una combinación muy poco frecuente: personajes entrañables que parecían gente conocida, un humor que nunca se reía de nadie y un optimismo que no caía en lo empalagoso porque estaba construido sobre la idea de que la bondad no es ingenua sino, en el mejor sentido de la palabra, una forma de coraje. Esa base de seguidores, que abrazó al bigote de Ted como si fuera un amuleto familiar, es la que recibe ahora esta cuarta entrega después de una ausencia más larga de lo que cualquier fanático hubiera querido, y eso se nota en la cantidad de conversaciones que vuelve a generar cada vez que aparece un capítulo nuevo en la plataforma.
Lo que cambia adentro de la cancha y afuera
- La incorporación de un equipo femenino al universo del AFC Richmond, con jugadoras que llegan con sus propias dinámicas y suman tanto frescura como tensiones internas entre las integrantes del grupo.
- La llegada de Alice Chilton como nueva entrenadora, una de las caras más destacadas del reparto renovado que se suma al elenco estable de la serie.
- Keeley Jones regresa con su empresa de relaciones públicas ya consolidada y abre un nuevo vínculo con Roy Kent que promete reconfigurar una de las relaciones más queridas por el público.
- Rebecca atraviesa una historia sentimental con un personaje llamado Matthijs y enfrenta conflictos que cruzan su vida personal con la conducción del club, un equilibrio que nunca le resultó sencillo.
- El regreso de uno de los protagonistas originales, algo que el cocreador Brendan Hunt defendió al sostener que su ausencia hubiera sido un flaco favor a la nueva historia.
“Hubiera sido un flaco favor a nuestra nueva historia”Brendan Hunt, cocreador de Ted Lasso
Esa última frase de Hunt, que acompañó el lanzamiento de la temporada,resume la filosofía detrás de un regreso que podría haber sido una simple operación de nostalgia y termina siendo, al menos en estos primeros capítulos, una segunda oportunidad para personajes que parecían haber dicho todo lo que tenían que decir. La tercera temporada había cerrado varios arcos con una prolijidad que muchos celebraron como un cierre perfecto, y volver sobre esos mismos personajes sin traicionar lo construido exige un equilibrio delicado que los guionistas parecen haber decidido resolver a su manera, abriendo líneas nuevas en lugar de repetir las viejas, y confiando en que el público está dispuesto a acompañar el camino en vez de pedirle a la serie que se quede quieta en el mejor momento de su historia.
A mí, lo confieso, este regreso me deja con una sensación rara, de esas que uno tiene cuando se reencuentra con un amigo al que quiere mucho pero con el que pasó mucho tiempo sin verse: hay alegría, sí, pero también la pregunta inevitable de cuánto cambió cada uno mientras el otro no miraba, y si todavía queda algo en común para charlar en la mesa de un bar porteño un viernes a la noche. Mi recomendación, si todavía no se animaron a darle play, es que lo hagan sin preconceptos y dejándose llevar por esa misma lógica que Ted repite hasta el cansancio en los vestuarios: que el cambio no es una amenaza sino una invitación, y que volver a empezar, en el fútbol y en la vida, muchas veces es la forma más honesta de decir que uno todavía cree en la historia que está contando. Iris Evans, Cultura y espectáculos.
