Street Fighter se sube al ring de la taquilla mundial y arranca con el puño en alto
La adaptación de la legendaria franquicia de Capcom debutó primera en la recaudación global con 51,1 millones de dólares, en un fin de semana donde el público fanático la ovacionó y la crítica la miró con desconfianza. Te cuento los números, los matices de una recepción partida y por qué las próximas semanas van a ser decisivas para el futuro del universo de peleas en la pantalla grande.
Lo dijo en su momento la propia Chun-Li cuando le preguntaban por la fuerza que llevaba dentro: «El poder de la voluntad es lo que hace que el cuerpo se mueva». Y esa frase, que uno escucha casi como un mantra del animé ochentoso, vuelve a cobrar sentido cuando uno mira lo que acaba de pasar en las salas de cine de todo el mundo, porque la nueva película de Street Fighter, la franquicia de peleas que naciera en los arcades de Capcom allá por 1987 y que en Buenos Aires muchos descubrimos en años dorados de las maquinitas en los shoppings del barrio, acaba de subirse al ring de la taquilla global y arrancó con el puño en alto, primero en su categoría, con una recaudación estimada en 51,1 millones de dólares entre el mercado estadounidense y el internacional.
El dato no es menor si uno lo piensa en clave local, porque la memoria colectiva de nuestra colonia gamer todavía recuerda las tardes en viejos locales de la calle Corrientes o en los patios de comida de los centros comerciales donde los pibes se juntaban a tirar hadouken hasta que los dueños del local los echaban a las diez de la noche; aquel universo de golpes especiales y personajes de colores estridentes ahora salta a la pantalla grande de la mano de Paramount, Legendary y Capcom, y lo hace con un presupuesto declarado de 82 millones de dólares, sin contar promoción ni distribución, lo que deja la vara bastante alta para que el negocio cierre en negro.
Elenco y dirección: un equipo con pedigree de género
- Kitao Sakurai, director, con experiencia previa en cortometrajes y videoclips de acción.
- Andrew Koji como Ryu, el eterno protagonista de la saga.
- Noah Centineo como Ken, el rival y amigo de toda la vida.
- Callina Liang como Chun-Li, la agente venida de Hong Kong.
- David Dastmalchian como M. Bison, el villano de la organización Shadowloo.
- Jason Momoa como Blanka, el brasileño selvático que aquí se roba cada escena en la que aparece.
Ahora bien, lo que más me interesa señalar como espectadora y como periodista es que la película recibió dos veredictos casi opuestos, porque mientras los fans de los videojuegos salieron del cine con una sonrisa enorme y llenaron las redes de memes alabando las coreografías, la energía de Jason Momoa desatado como Blanka y ese ritmo de entretenimiento que no da respiro, la prensa especializada hizo lo que mejor sabe hacer en estos casos: mirar el guion con lupa y entregar calificaciones que rondaron el 43 por ciento de aprobación, una cifra que en el idioma de Rotten Tomatoes equivale a un tibio pase de, sin euforia ni rechazo absoluto, apenas un «no está mal, pero le falta alma».
“El público se divirtió, la crítica puso mala cara. Como en toda pelea callejera, los jueces rara vez coinciden con la tribuna.”Iris Evans
Para poner los números en perspectiva, alcanza con mirar un par de antecedentes cercanos, porque el debut de Street Fighter supera lo que obtuvo Mortal Kombat en su apertura estadounidense de 2021, aunque todavía queda por debajo de los 63 millones que llegó a recaudar la secuela de esa misma saga a nivel global, una vara alta que el film de Sakurai tendrá que escalar con el correr de las semanas si quiere convertirse en un éxito rotundamente rentable y no en un triunfo de honorable desempenho, algo que a esta altura, y siendo honesta, ya hubiera firmado cualquier director en plena preproducción.
Lo que viene: semanas clave para el futuro de la franquicia
Porque acá viene lo realmente importante, y es que el resultado acumulado de las próximas cuatro o cinco semanas va a condicionar buena parte del futuro del universo de los juegos de pelea en el cine, ya que si los números acompañan podríamos estar hablando de secuelas, de spin-offs, incluso de un crossover con otras franquicias de la casa, mientras que si la cosa se enfría en la cartelera mundial el proyecto quedará como uno de esos intentos tibios que Hollywood repite cada tanto con sus adaptaciones ochenteras, y eso sería una lástima, porque el material hay, los personajes están y el fandom argentino, ese que todavía recuerda las noches en las maquinitas del Once o del Abasto, merece una película a la altura de su cariño.
Mi recomendación, como siempre en esta columna, es que vayan a verla con expectativas de entretenimiento y no de poesía cinematográfica, que se dejen llevar por la nostalgia del joystick, que disfruten a un Jason Momoa desatado como Blanka —que es lo mejor que le pasó al elenco en años— y que después, con el buddy de siempre, debatamos en la fila del cine si esta vez Hollywood le acertó al Hadouken o si todavía le adeuda una buena al viejo arcade; yo, por las dudas, ya tengo mi entrada comprada para el jueves a la noche, porque hay nostalgias que merecen verse en pantalla grande aunque la crítica las mire con ceño fruncido.
