Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

Sarah Paulson se mete en la piel de Aileen Wuornos y la serie la cruza con Lizzie Borden: lo que es ficción y lo que no

La cuarta entrega de la antología de Ryan Murphy en Netflix incorpora a la reclusa condenada en Florida dentro del relato sobre los asesinatos de 1892. Un repaso por los datos comprobados y por las licencias narrativas que propone el guion, con la palabra del cocreador Ian Brennan.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · · hace 27 d
Sarah Paulson se mete en la piel de Aileen Wuornos y la serie la cruza con Lizzie Borden: lo que es ficción y lo que no

"Yo soy mi propio monstruo", parece susurrar la pantalla cuando Aileen Wuornos aparece leyendo bajo la lámpara, en una escena que funciona como declaración de principios para toda la entrega. Yo confieso que en ese instante me olvidé de que estaba frente a una antología y no ante una película de época: la dirección de Ryan Murphy hace lo imposible, que es hacerme creer que dos mujeres separadas por casi un siglo comparten el mismo living en Fall River, Massachusetts.

Lo que dice el material de base, punto por punto

  • Sarah Paulson interpreta a Aileen Wuornos en "Monstruo: La historia de Lizzie Borden", cuarta entrega de la antología de Netflix creada por Ryan Murphy.
  • El guion la incorpora al relato centrado en los asesinatos de Andrew y Abby Borden, ocurridos en 1892, mediante lecturas, una visita a la casa y encuentros imaginarios.
  • No hay pruebas de que Wuornos sintiera la fascinación que muestra la ficción ni de que haya visitado la vivienda de los Borden o pasado una noche allí: ese vínculo es un recurso narrativo.
  • Wuornos fue condenada por seis asesinatos cometidos en Florida entre 1989 y 1990. Confesó haber matado a siete hombres y argumentó al principio que intentó defenderse de ataques o intentos de agresión.
  • Recibió seis condenas a muerte y fue ejecutada por inyección letal en 2002, a los 46 años.
  • El acercamiento entre los personajes se construye desde el cuarto episodio: la acción pasa a Florida en 1988 y presenta un encuentro en la carretera donde Wuornos mata a un hombre de un disparo.
  • Más tarde, la serie la muestra leyendo un libro sobre Borden junto a su novia y encontrando en esa historia una experiencia con la que identificarse.
  • En el sexto capítulo, Wuornos permanece en la casa de los Borden mientras el montaje intercala pasajes de la investigación de 1892. Las visiones completan esa asociación sin un vínculo histórico acreditado.

La confesión del cocreador Ian Brennan

El cocreador Ian Brennan explicó que buscaban ofrecerle al personaje de Wuornos un cierre satisfactorio, aunque no fuera feliz. Esa intención se expresa en las escenas donde Lizzie aparece ante ella y, finalmente, la recibe después de la muerte. Yo le creo: hay algo de piedad narrativa en la forma en que la cámara se queda sobre los ojos de Sarah Paulson cuando el guion le da, por fin, un lugar donde ser escuchada.

¿Qué lugar merecen estas licencias en las series de casos reales?

Esa pregunta sobrevuela cada episodio y, me animo a decir, cada estreno de la antología. Yo creo que el público adulto que sigue estas producciones sabe que está viendo una versión, no un documental: entiende que la televisión necesita cerrar arcos, componer imágenes potentes y proponer lecturas que el expediente judicial nunca soñó. Pero también sé que, cuando se cruzan dos historias con el peso de Lizzie Borden y de Aileen Wuornos, la frontera entre archivo y ficción se vuelve porosa, y entonces conviene volver a la fuente, distinguir qué muestra la serie y qué prueban los papeles, y decidir con libertad cuánto se le concede al guionista y cuánto se le discute. Mi recomendación, después de maratonear los seis capítulos, es verlos como una pieza de autoría: apreciar el trabajo de Sarah Paulson, que compone a Wuornos con una fragilidad que duele, y leer al mismo tiempo sobre los casos reales, porque el contraste enriquece la experiencia y nos devuelve, como espectadores, el lugar que nunca deberíamos delegar: el del juicio propio.

IE
Iris EvansCultura y espectáculos

Te puede interesar