Promesas de longevidad en una píldora: por qué la ciencia todavía no respalda lo que se vende
El boom de suplementos basados en NAD+ promete más años de vida sin ensayos clínicos que lo avalen. Vitaminas, minerales y omega-3 tampoco son la solución mágica: la evidencia robusta apunta a lo de siempre, movimiento, comida, sueño y vínculos.
Lo conocí a Sergio en una farmacia del barrio de Belgrano, hace unas semanas. Tenía en la mano una caja con letras en inglés que decía NMN y me la mostró como quien exhibe una promesa: 'Dicen que te alarga la vida', me dijo, mientras la cajera se la pasaba por el scanner. No era la primera vez que escuchaba algo así en la cola de una farmacia. Esa misma semana, una conocida me había contado por WhatsApp que empezó a tomar resveratrol después de ver un reels. Y un amigo de la redacción me preguntó si el omega-3 en cápsulas servía para 'zafar del infarto'.
Esas conversaciones se repiten en mesas familiares y grupos de chat. Hay algo muy humano en ellas: el deseo de ganar tiempo, de empujar un poco los límites del cuerpo. Y alrededor de ese deseo creció, sobre todo en los últimos años, un mercado de suplementos que promete más años de vida con una base científica real, pero no la que muchos imaginan.
NAD+, la molécula estrella y sus precursores
El NAD+ es una coenzima presente en todas las células del cuerpo, indispensable para producir energía y vinculada a la reparación del ADN. Sus niveles bajan con la edad y, en cultivos celulares y en modelos animales, aumentar su disponibilidad mejoró algunos parámetros metabólicos. De ese dato nació un negocio: suplementos con NMN y con nicotinamida ribósido, dos precursores que el cuerpo usa para fabricar NAD+. Se venden como inversión en longevidad.
El problema, como me explicó una investigadora del Conicet que trabaja en envejecimiento celular, es el salto entre el laboratorio y la mesita de luz. Los ensayos en humanos confirman que estos precursores elevan el NAD+ en sangre. Lo que todavía no tienen es evidencia clínica suficiente de que ese aumento se traduzca en menos enfermedades, en mejor función orgánica o en más años de vida. Que suba un valor en un análisis no equivale a vivir más.
Vitaminas, minerales y omega-3: qué dicen los ensayos grandes
- El estudio SELECT, con más de 35.000 participantes, mostró que el selenio no previno el cáncer de próstata. Además, quienes recibieron vitamina E presentaron mayor riesgo de desarrolllo durante el seguimiento.
- El ensayo VITAL, con cerca de 25.000 personas, no encontró que la vitamina D ni el omega-3 redujeran el cáncer ni los eventos cardiovasculares en quienes no tenían déficit previo.
- Cuando el déficit existe, la historia cambia: las carencias de vitamina B12 y de vitamina D son frecuentes en edades avanzadas y corregirlas mejora la calidad de vida de manera concreta.
La diferencia, entonces, está en medir primero y suplementar después si hay un déficit comprobado. Tomar a ciegas no solo no protege: en algunos casos, como el SELECT, puede exponer a riesgos que la ciencia tardó años en detectar.
A mí lo que más me llama la atención es la cantidad de plata que se mueve alrededor de promesas que todavía no pasaron los ensayos clínicos grandes. Sirve como recordatorio de que la medicina trabaja en tres escalones: lo que pasa en una célula, lo que se ve en animales y lo que se demuestra en miles de personas. Casi toda la oferta comercial de suplementos se apoya en los dos primeros y se presenta como si hubiera pasado el tercero. Un hallazgo real pero acotado termina convertido en una promesa que nadie demostró en la clínica.
Lo que sí tiene evidencia robusta
Lo que cuenta con respaldo sólido es menos novedoso y, a veces, menos apetecible en una góndola. La actividad física regular, con ejercicios de fuerza incluidos. Una alimentación equilibrada, con proteínas suficientes. Buen descanso. No fumar. Y, sobre todo, vínculos sociales: estar acompañado, sostenido, tener a quién llamar. Son cosas que no se encapsulan, pero que la literatura científica asocia una y otra vez con más años vividos y, sobre todo, con más años vividos bien.
Antes de irme de la farmacia de Belgrano, le pregunté a Sergio si había consultado con su médico de cabecera antes de empezar con NMN. Me dijo que no, que un compañero del gimnasio se lo había recomendado. Le sugerí, con el mayor de los respetos, que arrancara por una cita y un análisis de sangre, y que después decidiera con información propia. Se rio, pagó y se fue con la caja bajo el brazo. Espero, de verdad, que al menos le haya pedido turno al médico.
