Martín Bossi se saca el disfraz y se pone en seis pieles ajenas: «Soy esos personajes, no los actúo»
A cuatro años de haberse filmado, llega a Disney+ la serie escrita y dirigida por Marcos Carnevale en la que el actor e imitador se anima a construir, por primera vez, seis personajes dramáticos sin la red del humor.
«Soy un pésimo actor. Soy muy mal actor porque no sé actuar. Yo 'soy' esos personajes». La frase podría sonar a boutade si no fuera porque pertenece a alguien que lleva décadas habitando escenarios, y porque aparece en un proyecto que le pidió justamente lo contrario de lo que venía haciendo: dejar la imitación, la carcajada, el golpe de efecto, y construir desde la psicología y la emoción de cada uno de los seis personajes que interpreta en «Amores inesperados», la serie que este mes desembarca en Disney+ con dirección y guion de Marcos Carnevale.
Seis historias, un mismo actor
La serie propone una arquitectura simple y ambiciosa al mismo tiempo: seis episodios autoconclusivos, cada uno con su propio universo, su propio elenco y su propia forma de entender el amor. Bossi se pone en la piel de un ladrón, un enfermero, un mozo, un empleado de peaje, un profesor de tenis y un hombre que queda atrapado en un departamento en medio de las fiestas. Lo rodean Betiana Blum, Osvaldo Santoro, Patricia Palmer, Eleonora Wexler, Jorgelina Aruzzi, Julieta Cardinali, Lula Rosenthal y Karina Hernández, entre otros.
- El episodio del ladrón: el amor obsesivo, con la fragilidad de quien cree tenerlo todo calculado.
- El del enfermero: el amor imposible, donde la contención profesional se cruza con la vida personal.
- El del mozo: el amor no correspondido, en el clásico escenario de la gastronomía porteña.
- El del peaje: el amor sorprendente, con el humor como puerta de entrada.
- El del profesor de tenis: el amor que incomoda, con un encuentro generacional inesperado.
- El del hombre encerrado en las fiestas: el amor temido, el que aparece cuando uno menos lo espera.
Los tres capítulos de registro cómico (el ladrón, el peaje y el tenis) funcionaron para Bossi como un terreno conocido. Los tres de carga más dramática, en cambio, le exigieron una preparación emocional sostenida durante semanas, episodio por episodio, según contó en la presentación a la prensa. La filmación se hizo hace cuatro años; la pandemia y los movimientos de calendario la dejaron en un cajón hasta hoy.
“Enano, no tenés que estar cómodo, un actor que está cómodo más de dos veces seguidas me preocupa.”Graciela Borges, según el recuerdo de Bossi
Bossi contó que ese consejo de Graciela Borges, dicho en un encuentro casual, se le instaló como una brújula. La incomodidad como método, la incomodidad como motor. La llevó al pie de la letra en este proyecto, que registró como el primero en el que se obligó a hacer algo que venía posterrando: componer personajes sin la muleta del humor. Sus propios profesores de teatro le habían señalado, en distintas etapas de su formación, que su tendencia a «ser» el personaje en lugar de «actuarlo» podía jugarle en contra. Para esta serie, esa misma intensidad se convirtió en aliada.
El propio Bossi lo define como un «respiro» frente a la saturación de suspenso y violencia que, a su criterio, domina la oferta de las plataformas. El amor como eje, el amor en sus cinco variantes —obsesivo, imposible, no correspondido, sorprendente y temido— como excusa para revisitar personajes arquetípicos de la comedia romántica y, al mismo tiempo, correrse del lugar seguro. Adelantó, además, que su próximo espectáculo teatral también girará en torno al mismo tema, lo que vuelve a «Amores inesperados» menos un punto de llegada que una estación de paso.
Como espectadora y como alguien que lo vio en mil y un escenarios disfrazarse de las más variadas figuras, le digo: vale la pena aceptar la invitación de Carnevale y dejarse llevar por estas seis historias. La serie está disponible en Disney+, sus seis episodios se miran en una tarde, y dejan, sobre todo, la pregunta de hasta dónde puede estirarse un actor que toda Argentina conoció por sus imitaciones. La respuesta, al menos en esta serie, parece ser: hasta donde se lo proponga.
