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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Mariano Moreno vuelve a abrir las puertas del concurso Ciudad Zapallo: semillas gratis y una mañana para animarse a la huerta

El martes 13, desde las 10, el municipio y el PRODA lanzan la segunda edición de la cita que en su debut consagró a un ladrillero de Los Hornos con un zapallo de más de 23 kilos. Hay capacitación, kits sin costo y lugar para los que nunca sembraron.

Por Camila AguilarSociedad y vida · · hace 5 d
Mariano Moreno vuelve a abrir las puertas del concurso Ciudad Zapallo: semillas gratis y una mañana para animarse a la huerta

Son las diez de la mañana del martes 13 de octubre y el Balneario Municipal de Mariano Moreno se empieza a llenar de gente con gorra, cuadernos y muchas ganas de preguntar. Algunos llegan con las manos todavía marcadas por el trabajo en el campo, otros con la carpeta de la escuela y la curiosidad de quien nunca plantó una semilla en su vida. Todos van por lo mismo: el lanzamiento oficial de la segunda edición del concurso Ciudad Zapallo 2026-2027, la propuesta que el municipio y el PRODA vuelven a poner en marcha para que las familias del Valle del Covunco se animen a producir su propia comida.

La convocatoria, según lo que se difundió desde la comuna, no pide experiencia previa ni exige inscripción previa. Quien quiera participar puede acercarse al balneario, recibir una capacitación presencial y, ese mismo día, llevarse un kit de semillas sin costo. La idea, me cuentan, es tan simple como ambicioso: que un vecino que nunca abrió un surco pueda terminar la mañana con lo necesario para arrancar su primera huerta en el patio de casa.

La historia de Daniel: del barro del ladrillo a la semilla del zapallo

Antes de hablar de datos y de podios, vale la pena conocer a Daniel Ceferino Panitrul, el hombre que le puso cara a la primera edición. Tiene 57 años, vive en el barrio Los Hornos, a unos ocho kilómetros del centro de Mariano Moreno, y trabaja como ladrillero desde hace más de dos décadas. Primero lo hizo en el taller de otro; desde 2008 maneja el propio, instalado sobre el arroyo Covunco, en un predio donde el sonido de las máquinas se mezcla con el ruido del agua.

Hace tres años, Daniel decidió probar algo nuevo en ese mismo terreno. Con unas semillas que le entregó el municipio empezó una huerta que hoy tiene papas, tomates y, sobre todo, zapallos. En la última temporada cosechó un ejemplar de 23,560 kilos, el más grande de toda la competencia, y se quedó con el primer puesto del certamen inaugural. "La producción de ladrillos me ayudó a vivir", me dijo cuando le pregunté por qué seguía combinando las dos tareas, como dejando claro que ninguna le sobra.

A Daniel lo escoltaron en el podio Antonio Moscoso, de Covunco Arriba, con un zapallo de 19,260 kilos, y Mariano Villagra, también de Los Hornos, con uno de 14,760. Tres hombres, tres familias, tres historias de esfuerzo compartido en un valle que supo ser colonia agrícola y pastoril y donde el zapallo fue, durante años, uno de los cultivos emblema. Reactivar esa memoria es, justamente, uno de los motores del programa.

Qué se viene el martes y por qué importa

La jornada del martes 13 está pensada como una mañana completa. A las 10 empieza el acto de apertura, después se dicta la capacitación y, mientras se desgranan los consejos, se reparten los kits de semillas entre los que se anoten. No hace falta llevar nada especial: la entrada es libre y gratuita, y el evento se extiende durante la mañana. Para los que recién empiezan, es la oportunidad de preguntar cara a cara cómo preparar la tierra, qué sembrar según la temporada y cómo cuidar el agua. Para los que ya tienen experiencia, es el punto de partida de un nuevo ciclo que vuelve a poner el foco en la producción familiar.

“Cuando hay política pública y manos dispuestas, la tierra responde.”Carolina Gez, responsable del área de Producción municipal

Me quedo con esa frase de Carolina Gez, que acompañó a los huerteros durante todo el primer ciclo, porque resume bastante de lo que uno ve cuando recorre Los Hornos y Covunco Arriba. No se trata solo de un concurso para ver quién levanta el zapallo más pesado: se trata de recuperar una tradición, de poner en valor el trabajo de familias como la de Daniel y de abrir una puerta a los que siempre miraron la huerta desde lejos. El martes, en el Balneario Municipal, esa puerta se abre otra vez. Los espero ahí.

CA
Camila AguilarSociedad y vida

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