Luján Sáez se sacó el apellido a la pasarela y construyó su propio universo nocturno
La hija del creador de Ona Sáez presentó LS en Bafweek con una colección debut que mezcla denim, cuero y brillos, y eligió a sus amigas como protagonistas del desfile. Habló de la herencia, de los silencios del entorno familiar y de por qué arrancó su firma con un nombre tan corto como una firma propia.
Las luces bajaron, la música empezó a sonar en vivo y, antes de que la primera modelo cruzara la pasarela, Luján Sáez ya estaba del otro lado, mirando. Esa noche de Bafweek no fue un simple desfile: fue la carta de presentación de LS, la marca que la diseñadora argentina decidió lanzar después de años de crecer entre percheros, pruebas de fitting y reuniones de producción. Y aunque en la salida muchos buscaban ver cuánto había de su padre en sus prendas, lo que terminó apareciendo en la pasarela fue otra cosa: una voz propia, nocturna y urbana, que se anima a dialogar con el brillo sin perder la calle.
Yo la vi de cerca hace apenas unos días, cuando la diseñadora atendió a la prensa en su atelier a horas del debut. Tiene poco más de treinta años, jeans anchos, una remera simple y esa manera de hablar que mezcla la timidez con la firmeza de quien sabe exactamente lo que quiere mostrar. Me contó que LS no fue un experimento ni un juego: fue la decisión de armar, desde cero, una marca que llevara sus iniciales y nada más. "Nació como una manera de construir mi propio camino y expresarme con libertad, siempre tomando referencias y guiños de todo lo que me formó", resumió, sentada frente a una mesa llena de muestras de telas.
Crecer entre percheros y arrancar desde otro lugar
Luján es hija del diseñador Santiago Sáez, fundador de Ona Sáez, una de las firmas que marcaron el diseño argentino de principios de los 2000 y que durante años fue synonymous con una cierta manera de entender la moda local. Su madre, además, trabajó como productora de moda, así que la pasarela, las pruebas y los backstage fueron su paisaje de infancia. Esa herencia, me dijo, fue a la vez una escuela y un techo: "Mi apellido puede generar una expectativa inicial, pero después es el trabajo el que tiene que estar a la altura". Por eso eligió arrancar con un nombre sin apellido, sin patronímico, apenas dos letras que funcionan como una firma en un papel.
N.1, una colección pensada como experiencia
La colección debut se llama N.1, un nombre que la propia diseñadora define como un punto de partida. El denim aparece como tela central, pero la propuesta se anima a cruzarlo con cuero, encaje y texturas foil para construir una estética nocturna, pensada para la calle cuando ya se hizo de noche y para los lugares donde la ropa funciona como una declaración. "Quiero que durante esos minutos el público pueda entrar completamente en el universo de la marca", me dijo antes del show, mientras terminaba de ajustar los looks que iban a desfilar con música en vivo, algo poco habitual en las pasarelas argentinas y que LS usó como parte del relato.
- Denim como materia prima, cruzado con cuero, encaje y brillos.
- Siluetas amplias, con pantalones de morfología exagerada y capas superpuestas.
- Música en vivo durante el desfile, presentada como parte de la puesta en escena.
- Las "musas" de la marca, amigas y artistas cercanas, desfilaron la colección.
Una de las claves del método de Luján es que las prendas se prueban primero en su círculo más cercano. "Arranco siempre con una pregunta: ¿me lo pondría yo? Después trabajo con amigas y artistas cercanas, veo cómo cambia la misma remera o el mismo pantalón según quién lo lleva, y desde ahí voy ajustando materiales y formas", me explicó. Esa lógica, que es la contracara del laboratorio cerrado, explica también por qué las modelos del debut eran conocidas más por su vida artística que por su currículum en pasarela: la marca entiende la ropa como una herramienta de identidad, y la identidad se prueba en personas reales, no en maniquíes.
Cuando le pregunté a quién le habla LS, la respuesta fue todo un programa: "Me interesa vestir a alguien que quiere entrar a un lugar y sentirse seguro, distinto, un poco protagonista". No hubo rangos etarios ni segmentación por edad, solo una descripción de actitud. La diseñadora mencionó como fuentes permanentes a la escena nocturna porteña, los recitales, los clubes y las nuevas generaciones de artistas locales, un ecosistema que, según me dijo, le sirve para tomar el pulso de cómo se vive la moda cuando ya pasó la alfombra roja.
El apellido como punto de partida, no como destino
Lo que más me quedó de la charla fue la manera en que Luján Sáez habla de su propia historia. No la borra, tampoco la usa como escudo. La asume como punto de partida y la traduce a oficio: observar, probar, ajustar, mostrar. LS aparece entonces como un primer acto deliberado, con dos letras en el logo y una colección marcada como N.1. La apuesta es concreta, asumida, y deja en la pasarela una pregunta que ya empezó a circular entre diseñadores y público: ¿la ropa como herramienta de identidad, una propuesta de diseño independiente o el apellido, qué pesa más cuando una marca arranca? Luján, mientras tanto, volvió a su atelier, a sus muestras de telas y a sus amigas modelo. El resto lo cuenta el tiempo.
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