Los 114 minutos que el Vaticano quiso esconder: vuelve "Los demonios" de Ken Russell completa a las salas
Después de más de cinco décadas de versiones mutiladas por censores británicos y estadounidenses, llega a España la copia restaurada en 4K que el director inglés dio por definitiva en 2004, con una escena prohibida recuperada de un rollo olvidado.
"Yo no hago películas para que la gente se sienta cómoda, las hago para que la gente se sienta viva", dijo alguna vez Ken Russell, y esa sentencia parece escrita como un manifiesto para "Los demonios", ese filme maldito de 1971 que el Vaticano condenó, que diecisiete municipios británicos prohibieron y que Finlandia mantuvo fuera de sus salas hasta el año 2001, y que ahora, convertido en una rareza cinematográfica que durante décadas solo pudimos ver en versiones incompletas, regresa a las pantallas en su versión definitiva de 114 minutos, restaurada en 4K y con una escena de 89 segundos que la censura británica había arrancado del metraje oficial.
Una historia de monjas, possession y una hoguera en Loudun
Para entender de qué se nutre esta película hay que remontarse a 1634, cuando en el convento de las ursulinas de Loudun, una pequeña ciudad del valle del Loira, varias monjas empezaron a denunciar que estaban poseídas por demonios, y señalaron como responsable de aquellos males al sacerdote Urbain Grandier, un hombre atractivo, intelectual y políticamente incómodo para el establishment de la Francia de Richelieu, que fue sometido a juicio, condenado por brujería y quemado vivo en la plaza del pueblo el 18 de agosto de 1634, un episodio real que el escritor Aldous Huxley, el autor de "Un mundo feliz", recogió en su novela "Los demonios de Loudun", publicada en 1952, y que Russell adaptó con una libertad salvaje, llevando la historia al siglo XX y transformándola en una parábola sobre el poder, la fe y la locura colectiva.
La película, protagonizada por una Vanessa Redgrave en estado de gracia como la madre superiora Jeanne des Anges y por un Oliver Reed memorable como el cura sacrílego, recorrió el mundo en copias recortadas: la británica se quedó en 111 minutos, la estadounidense apenas alcanzaba los 108, y en ambos casos fue la Agencia Británica de Clasificación de Películas la que obligó a retirar secuencias que Russell consideraba esenciales para entender el corazón de su obra, con escenas de tortura, posesión y un erotismo ritual que escandalizaron a los censores mucho más que las preguntas teológicas que el filme planteaba.
El rollo perdido y la versión que el director soñaba
Lo que vuelve ahora a las salas españolas, en un estreno a partir del 16 de octubre, es la versión que el propio Russell armó en 2004, después de que el crítico cinematográfico Mark Kermode, que había conocido personalmente al director y conocía su frustración, rastreara durante años el metraje faltante con ayuda de la filial británica de Warner Bros. y de un grupo de archivistas independientes, hasta dar con un rollo catalogado como "C Cut 89", los famosos 89 segundos que la censura había mutilado oficialmente y que estaban archivados en un depósito que muy pocos sabían que existía.
“Estas alteraciones le rompieron el corazón a Ken Russell porque el material eliminado no solo contenía parte de su mejor trabajo, sino que también encapsulaba el corazón temático de la película.”Mark Kermode
Aquella versión completa se proyectó una sola vez en el BFI Southbank de Londres y Russell nunca llegó a verla circular de manera estable, porque el director inglés murió en 2011 sin que el sueño de recuperar íntegramente su obra terminara de concretarse, aunque el proceso de restauración que ahora llega a las salas de cine españolas cierra, de algún modo, ese duelo pendiente entre el artista y los censores que durante más de medio siglo le negaron al público la posibilidad de decidir por sí mismo qué quería ver.
Una película política disfrazada de filme de terror
Más allá del escándalo y la polémica, Russell fue siempre muy claro a la hora de explicar qué película había querido hacer, y lo dijo en una frase que resume mejor que cualquier análisis académico el espíritu de "Los demonios": "Para mí, trataba sobre el lavado de cerebro, sobre la toma del poder por parte del Estado", señaló el director en una de sus últimas entrevistas, dejando en claro que bajo la superficie de posesiones infernales y monjas que convulsionaban en el suelo, lo que le interesaba era retratar los mecanismos de manipulación de las masas, la alianza entre la autoridad religiosa y el poder político, y la manera en que una comunidad entera puede ser empujada a la locura cuando alguien enciende la mecha adecuada.
