Lo que queda cuando se apagan las cámaras: Leuco y Martínez, cara a cara después del amor
El cronista de TN y la conductora se sometieron a un cuestionario cruzado en televisión y dejaron al descubierto cómo se reconfigura una relación de ocho años cuando ya no comparten ni la rutina ni el aire. Crónica de un reencuentro que es, también, un espejo de los vínculos contemporáneos.
Hay una línea de Fito Páez que vuelve cada vez que alguien cuenta su historia de amor en cámara: "todo lo que empieza tiene un final". Diego Leuco y Sofi Martínez lo saben porque lo vivieron en primera persona, y esta semana lo contaron delante de un conductor, un cronómetro y un set lleno de luces que no perdona ningún titubeo. Los dos periodistas, que fueron pareja durante casi ocho años y que condujeron juntos un programa de televisión antes de separarse en 2024, se sentaron uno frente al otro para responder preguntas cruzadas sobre su vínculo, sus silencios y, sobre todo, sobre lo que quedó flotando después de la ruptura.
Una dinámica de preguntas que destapa lo cotidiano
El formato no era nuevo —el segmento de exparejas se instaló como recurso habitual de la pantalla—, pero el material que dejaron Leuco y Martínez tenía la textura de lo genuino. La mecánica arrancó con datos fríos: cuántas fotos juntos tenían en el celular, qué pasó con los seguidores en redes, qué objetos quedaron pendientes. Pronto, sin embargo, el tono se desplazó hacia un terreno más íntimo, donde las respuestas dejaron entrever cómo se reorganiza la vida cuando el otro deja de estar.
“El día que nos separamos te silencié y hasta el día de hoy no aparecés en mis redes. Era mejor silenciarte que eliminarte.”Sofi Martínez
La frase de Martínez, dicha con una sonrisa que no llegó a disimular del todo el peso de la confesión, abrió la puerta a un reconocimiento que suele quedar fuera del discurso público: el de las pequeñas decisiones digitales que se toman el mismo día en que una historia se termina. Silenciar, en la lógica de las redes, es una forma de duelo intermedio: no se borra al otro, pero se lo saca del campo visual. Es, en el fondo, un gesto de autocuidado que admite, al mismo tiempo, que todavía duele.
Lo que se extraña y lo que se calla
Cuando le preguntaron a Leuco qué era lo que más extrañaba, la respuesta no fue una gran declaración sentimental sino un detalle: la energía que su ex tiene los fines de semana. Esa clase de ausencia, la de los gestos cotidianos que solo se registran cuando ya no están, suele ser la más persistente. El propio Leuco lo dijo de manera llana: "Muchas veces, sí. Más veces sí que no", reconoció después de intentar esquivar la pregunta, en uno de los momentos más comentados del cruce.
- Silenciar en redes como forma de despedida intermedia, sin borrar del todo al otro.
- Devolver o conservar objetos pendientes como manera de mantener abierta una puerta simbólica.
- Escribir mensajes que después se borran: la práctica íntima de un duelo en diferido.
- Ajustar la configuración del celular para que el rostro del ex deje de aparecer en los recuerdos automáticos.
- Elegir el día de la separación como el único que se eliminaría del calendario, si eso fuera posible.
A mí, que sigo estos cruces televisivos desde hace años, me queda una sensación ambigua. Por un lado, pienso que son un ejercicio saludable de exposición: permiten poner en palabras aquello que, de otro modo, se queda atascado en el chat propio o en la memoria selectiva. Por el otro, sospecho que funcionan como una manera de no cerrar del todo, de mantener viva una conversación que la vida cotidiana ya había suspendido. Leuco eligió, cuando le dieron a elegir, borrar el día de la separación —"no hubo días tristes en nuestra relación, pero eliminaría ese", dijo—, y esa elección me parece la más honesta de todas: no se borra al otro, se borra el instante en que se dejó de ser parte de su mundo. Después de escucharlos, recomiendo a quien haya pasado por algo parecido permitirse esos gestos intermedios —silenciar, conservar, escribir y borrar, reconfigurar el celular— sin culpa. Son, a su manera, la prueba de que se estuvo vivo en esa historia, y de que se puede seguir estándolo afuera.
