La soledad pesa más que el aislamiento: vivir solo por dentro acorta años sin enfermedades
Un trabajo con 277.000 adultos del Biobanco del Reino Unido encontró diferencias de hasta 5,8 años en la expectativa de vida sin problemas de salud mental entre hombres que se sentían solos. Los hábitos saludables amortiguaron el impacto del aislamiento social, pero no el de la soledad.
Me toca contarles esta investigación y, mientras la leía, no pude dejar de pensar en alguien cercano. Un hombre deincuenta y pocos, viudo hace tres años, que sigue yendo al club los domingos porque ahí lo esperan, pero que reconoce, en la intimidad de una sobremesa, que las noches se le hacen eternas. Tiene vínculos. Le falta otra cosa. Esa distinción, que parece menor, es la que sostiene toda esta historia.
Porque no es lo mismo estar aislado que sentirse solo, y un equipo de la Universidad de Tulane decidió ponerlo en números. Siguieron a más de 277.000 participantes del Biobanco del Reino Unido, de entre 40 y 69 años, que al comenzar el estudio no padecían ninguna de las siete condiciones evaluadas: diabetes, enfermedades cardíacas, problemas pulmonares, demencia, cáncer, depresión ni ansiedad. Tomando los 50 años como punto de partida, calcularon cuántos de esos años podían esperar vivir sin esas enfermedades, según fueran sus niveles de aislamiento social y de soledad.
Dos maneras de quedarse afuera del mundo
El aislamiento social es un dato casi objetivo: se cuenta quién tiene pocos vínculos, quién vive solo, quién participa poco de actividades con otros. La soledad, en cambio, la definen los propios Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades como la sensación de estar desconectado, de no tener las relaciones que uno necesita, aunque haya gente alrededor. Por eso alguien puede tener una agenda social nutrida y sentirse profundamente solo, mientras otro, con menos contactos, se siente conforme con lo que tiene.
- Mujeres con soledad y aislamiento: 2,4 años menos de vida sin enfermedades físicas y 3,7 años menos sin problemas de salud mental.
- Hombres en la misma situación: 1,7 años menos en salud física y 5,8 años menos en salud mental, la brecha más grande del estudio.
- Los hábitos saludables (alimentación, ejercicio, buen sueño, no fumar) atenuaron el daño del aislamiento social.
- Esos mismos hábitos no redujeron de forma significativa el riesgo asociado a sentirse solo.
Es decir: comer bien, moverse, dormir y no fumar ayudan a sostener el cuerpo cuando el mundo se vuelve más angosto, pero no alcanzan cuando lo que falta es una conexión que nos haga sentir vistos. El investigador principal, Lu Qi, lo resumió en un comunicado del 22 de septiembre de 2026 difundido por la Universidad de Tulane: los hallazgos atraviesan tanto la salud física como la mental, y obligan a mirar la soledad como un factor que va mucho más allá de la compañía.
Vuelvo a aquel hombre de las noches largas. Si le recetaran mejor dieta o más caminatas, algo mejoraría. Pero lo que él mismo me dice, con esa honestidad que aparece cuando baja la guardia, es que lo que realmente le duele es no tener a quién contarle cómo le fue en el día. Esa es, precisamente, la diferencia que esta investigación pone sobre la mesa: el cuerpo se cuida con hábitos, y la soledad se trabaja con otra cosa. Las dos puntas de un problema que, como vemos, también se mide en años.
