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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La secuela que aprendió a volar: Prácticamente magia 2 seduce al público y deja pensando a la crítica

Veintisiete años después, la reunión de Bullock y Kidman mejora la nota del debut en boleterías y en CinemaScore, aunque la prensa especializada la mira con cautela y la pregunta del millón sigue siendo si podrá replicar el largo recorrido de culto que tuvo la original.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · · hace 31 d
La secuela que aprendió a volar: Prácticamente magia 2 seduce al público y deja pensando a la crítica

"Dos son mejor que una", cantaba algún hit de los noventa, y parece que el público de Prácticamente magia 2 tomó la frase al pie de la letra: la secuela que reúne a Sandra Bullock y Nicole Kidman veintisiete años después del estreno original arrancó su carrera en las salas estadounidenses con una nota superior a la que había obtenido la primera entrega en 1998, lo que ya de entrada es un dato que invita a pensar en cómo se miden los regresos cinematográficos cuando hay una base de fans esperando en la puerta del cine.

En el sistema CinemaScore, esa encuesta que se hace a la salida de las funciones del viernes por la noche y que durante décadas funcionó como una especie de termómetro instantáneo del entusiasmo del público, la nueva entrega se llevó una B+, mientras que la película original había terminado con una B-. No es una calificación para tirar cohetes ni para encabezar rankings de fin de año, pero la diferencia existe y se nota: subir un escalón en esa escala suele traducirse en boca a boca más favorable y, sobre todo, en una segunda semana más sólida, que es donde las películas de género fantástico empiezan a construir su recorrido real en la cartelera.

Un punto de partida distinto

Ahora bien, antes de festejar, conviene poner las cosas en contexto con un poco de historia de esta colonia cinéfila que tanto quiere a sus clásicos de los noventa: la primera Prácticamente magia llegó al cine sin una base de fans previamente construida, fue un fracaso comercial en su momento y se ganó el cariño del público con el paso de los años, transformándose en uno de esos filmes de culto que la gente descubre en el video club, luego en el DVD y más tarde en el streaming. La secuela, en cambio, sale a la cancha con casi tres décadas de espectadores que crecieron viendo la original y que concurrieron al estreno con expectativas previas y, sobre todo, con una relación emocional ya formada con los personajes. Esa asimetría suele inflar las notas iniciales, y cualquier lectura fría de los números debería tenerla en cuenta antes de cantar victoria.

  • CinemaScore de la secuela: B+, frente a la B- de la original de 1998.
  • Aprobación en Rotten Tomatoes: 39% para la nueva entrega, contra 31% de la primera película.
  • Presupuesto informado: 75 millones de dólares, que exigirá varias semanas en cartelera para recuperarse.
  • Posición en la taquilla estadounidense: número uno en su fin de semana de estreno.

La crítica, tibia pero mejor

En el frente de la crítica especializada la mejora existe pero no alcanza para hablar de consagración: la secuela reúne un 39% de reseñas positivas en el agregador Rotten Tomatoes, apenas ocho puntos por encima del 31% que había cosechado la película original en su momento. Es un número que deja poco margen para el entusiasmo y que confirma lo que uno intuye al seguir la conversación en redes: hay conformidad con el reencuentro de las protagonistas, pero también una sensación generalizada de que la propuesta no termina de sacudir del todo ni de reinventar lo que ya se contó en 1998. La prensa la recibe mejor que a su antecesora, sí, aunque con la misma desconfianza con la que suelen recibirse las continuaciones tardías de títulos con público propio.

Y aquí aparece, para mí, el verdadero centro de la cuestión: la película lidera la taquilla estadounidense en su fin de semana de apertura, lo que suena a triunfo rotundo en los titulares, pero el número hay que leerlo con los 75 millones de dólares de presupuesto sobre la mesa. En la industria se sabe que un primer fin de semana fuerte no garantiza nada si no se sostiene en las siguientes semanas, y en un mercado cada vez más dominado por las plataformas de streaming, sostener una película de fantasía adulta en salas se volvió una tarea casi artesanal. Warner, el estudio detrás del proyecto, necesita que la secuela tenga ese recorrido largo y paciente que terminó teniendo la original después de su paso por el videoclub, y eso es algo que recién se podrá medir con el correr de los meses.

La pregunta que sobrevuela la sala

Personalmente, y se lo digo desde el lugar de alguien que se dejó llevar más de una vez por esa melancolía ochentosa y noventosa que tanto nos gusta revisitar, lo más interesante de este estreno no es tanto el B+ ni el 39% sino la pregunta que sobrevuela cada sala llena: ¿qué esperaban realmente de esta secuela quienes vieron la primera película? Porque la original construyó su mito en el fracaso y en la repetición hogareña, en el cassette que se veía una y otra vez en familia, en esa magia de que Bullock y Kidman supieron construir en pantalla y que quedó flotando como una promesa. La secuela tiene la obligación de responder a esa promesa sin traicionarla y, al mismo tiempo, de justificar su propia existencia veintisiete años después, cuando el mundo del cine y el de sus espectadores ya no son los mismos.

Si me permiten cerrar con una recomendación honesta, les diría que vayan a verla con expectativas calibradas: disfruten del reencuentro, déjense llevar por la química que sigue intacta entre las dos protagonistas y no se obsesionen con las notas de Rotten Tomatoes ni con los análisis de la prensa anglosajona. Esta secuela no viene a reinventar la rueda ni a destronar a ningún estreno de superheroes del momento; viene, más modestamente, a cerrar un círculo para una generación que creció con la original, y en ese trayecto intermedio entre el fracaso de 1998 y el presente hay algo genuinamente emotivo que merece, como mínimo, una butaca y unas pochoclos. El veredicto definitivo, como siempre, lo dará el tiempo: si dentro de unos años seguimos hablando de Prácticamente magia 2 con el mismo cariño con el que hoy hablamos de la primera, entonces la apuesta habrá valido la pena; si no, quedará como una nota al pie entrañable de la historia grande del cine de fantasía de fin de siglo.

IE
Iris EvansCultura y espectáculos

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