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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La propuesta de una psicóloga que sacudió la consulta: revisar la mesa antes que el diagnóstico

La especialista británica Kimberley Wilson sostiene que el cansancio crónico, la apatía y el ánimo bajo merecen una mirada más amplia, que contemple la alimentación, el descanso y el movimiento como piezas centrales del bienestar emocional.

Por Camila AguilarSociedad y vida · · hace 11 d
La propuesta de una psicóloga que sacudió la consulta: revisar la mesa antes que el diagnóstico

Lo primero que veo al entrar a la consulta es a alguien que se acomoda en la silla y dice, casi como un suspiro, que ya no da más. No es un drama: es un cansancio que lleva meses, una apatía que se instaló sin aviso y un ánimo que parece haberse quedado en la puerta de la casa. La escena, que se repite en consultorios de toda la Argentina, es la que tomó como punto de partida la psicóloga Kimberley Wilson para sacudir una idea instalada: cuando la cabeza no anda bien, no alcanza con revisar solo lo psicológico.

Wilson, que trabaja en Londres, propone incorporar la evaluación nutricional al cuidado de la salud mental. La idea suena simple, pero cambia de raíz la manera de mirar un síntoma. Si alguien llega con fatiga persistente, con problemas para concentrarse o con un desánimo que no se explica, la invitación es a preguntar también qué come, cómo duerme y cómo se mueve. No se trata de reemplazar la terapia ni la medicación, sino de sumar variables que muchas veces quedan afuera de la conversación clínica.

Una psicóloga con historia propia

Antes de hablar de vitaminas y de omega-3, Wilson cuenta su propio recorrido. Trabajó en la prisión de mujeres de Holloway, en el norte de Londres, y ahí aprendió a leer el cuerpo detrás del síntoma. Allí observó, en primera persona, cómo las dificultades para regular las emociones aparecían asociadas a carencias alimentarias. Esa experiencia la marcó y la empujó a investigar qué pasa cuando se corrigen esos déficits.

En su planteo, una persona con situaciones traumáticas puede necesitar terapia especializada, mientras que alguien con anemia o con una alimentación muy restrictiva podría mejorar parte de sus síntomas al corregir una carencia concreta. La psicoterapia y los medicamentos siguen formando parte del abordaje cuando resultan necesarios. No hay una receta única: cada cuadro se arma con las piezas que tocan, y la alimentación es una de ellas.

Qué nutrientes miran de cerca y por qué

Nutrientes que la especialista señala como clave para el funcionamiento cerebral

  • Vitaminas del grupo B, en especial B3 y B12, vinculadas con la energía y el sistema nervioso.
  • Zinc, asociado a la regulación del ánimo y a la respuesta al estrés.
  • Selenio, un mineral con funciones antioxidantes sobre el cerebro.
  • Omega-3, presente en pescados grasos y con evidencia creciente sobre su rol en la salud mental.

La especialista aclara que una insuficiencia nutricional no determina por sí misma la existencia de un trastorno mental. Puede, en cambio, agravar el cansancio, la irritabilidad o el bajo estado de ánimo, y por eso vale la pena investigar. Su propuesta es concreta: ante síntomas persistentes, sumar un análisis que contemple posibles déficits, sin perder de vista que los cambios de hábitos pueden tardar meses en percibirse.

Del plato a la consulta: qué cambiar y cuánto esperar

Entre las opciones alimentarias, Wilson destaca los pescados azules como la sardina, el salmón y la caballa, por su aporte de omega-3, y recomienda incorporar al menos una porción semanal. Para quienes siguen una dieta vegetariana o vegana, la sugerencia es consultar con un profesional sobre las alternativas de suplementación, porque obtener ciertos nutrientes solo de la mesa puede resultar más difícil. La revisión que propone incluye además el sueño, el sedentarismo, el consumo de sustancias, los conflictos personales y el estrés laboral. La salud mental, bajo esta lupa, aparece como un rompecabezas donde la comida es una pieza, no la única.

Vuelvo a la sala de espera y a la persona que se sentó hace un rato. Si algo deja en claro el planteo de Wilson es que preguntar qué comió esta semana, cuántas horas durmió y si se mueve durante el día no es un dato menor. Es una forma de cuidarse que empieza mucho antes del diagnóstico y que, en muchos casos, puede cambiar el rumbo de un tratamiento. La salud mental, dice esta psicóloga, también se construye en la mesa.

CA
Camila AguilarSociedad y vida

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