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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La privacidad que divide una calle: cuando Taylor Swift y Travis Kelce chocan con el perfil bajo de un pueblo del lago Erie

En Bratenahl, Ohio, una decena de vecinos sacó a la luz debates sobre raíces, cañerías y ciervos frente a la mansión de cinco millones de dólares que la pareja adquirió en marzo; la Junta de Revisión Arquitectónica aprobó el paisajismo frontal, pero la pulseada por la valla y los árboles sigue abierta.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · · hace 6 d
La privacidad que divide una calle: cuando Taylor Swift y Travis Kelce chocan con el perfil bajo de un pueblo del lago Erie

"You can't calm a storm you didn't make" dice una frase célebre del folklore que Taylor Swift fue tejiendo canción tras canción, y algo de esa tormenta íntima parece haberse instalado, sin querer, en una calle arbolada de Bratenahl, el pequeño pueblo del lago Erie donde la cantante y el jugador de los Kansas City Chiefs buscaron, hace apenas unos meses, un refugio fuera del foco público.

La historia empieza como muchas de las novelas suburbanas que el cine estadounidense cuenta desde los años cincuenta: una pareja famosa compra una propiedad enorme y decide reformarla para tener privacidad, y los vecinos, que llevan décadas cuidando el perfil bajo del lugar, empiezan a abrir los expedientes municipales para ver hasta dónde están dispuestos a negociar, una pulseada administrativa que se parece mucho a la de aquel pueblo costero que retrató "The Stepford Wives".

Las objeciones vecinales: raíces, ciervos y una cañería compartida

Según consta en las actas de las reuniones de planificación, las objeciones vecinales no apuntan contra las personas de Swift y Kelce sino contra el árbol del vecino, literalmente, ya que una residente que habita la casa contigua desde hace más de tres décadas advirtió que el plan de forestación que contempla plantar árboles de hoja perenne podría causar "desbordamientos catastróficos del alcantarillado" al interferir con una tubería de desagüe compartida, una cañería que ella misma se apresta a blindar con raíces mediante un presupuesto estimado en 75.000 dólares, que está siendo analizado por el abogado de la pareja, en lo que parece un cruce de facturas que puede terminar en un careo muy californiano en un juzgado de Ohio.

Otro vecino, cuya identidad se reserva en las actas, cuestionó la tala de arbustos preexistentes y manifestó inquietud por los daños que una valla perimetral podría causar a los ciervos que cruzan la zona, una preocupación muy concreta para quienes pagan impuestos por vivir en un pueblo cuya identidad se sostiene, justamente, en la convivencia con la fauna local.

Lo que se aprobó y lo que sigue trabado

  • Valla perimetral de 1,8 metros, reducida desde los 2,4 originalmente proyectados, aprobada por la Junta de Revisión Arquitectónica en septiembre, con la presentación de Jacob Kutz, de Tiny Construction, como responsable técnico.
  • Plan de paisajismo del frente de la propiedad, aprobado en la última sesión, y tercer proyecto aún pendiente de presentación para próximas reuniones.
  • Sistemas de seguridad tecnológica, como un sistema de alerta que se activa cuando alguien se aproxima demasiado al perímetro, instalados sin pasar por la junta.

Kutz explicó ante los concejales que la pareja busca "privacidad y seguridad", dos palabras que en el código de celebridades funcionan como una sola, y agregó que realizaron a su costo tareas voluntarias de mantenimiento, entre ellas la limpieza a presión de la tubería de alcantarillado compartida, "sin pedir ayuda", con el ánimo de mostrar buena vecindad hacia una comunidad que, por ahora, no termina de sentirse del todo convencida.

Una cartera inmobiliaria que no se detiene

La adquisición de la propiedad en Bratenahl, una mansión de cinco millones de dólares comprada en marzo pasado a través de una sociedad de responsabilidad limitada vinculada a Kelce, forma parte de un mapa de propiedades cada vez más disperso, ya que entre Ohio, Kansas, Nueva York, Tennessee, Rhode Island y California, la pareja suma un catálogo que recuerda al de aquellas estrellas de Hollywood que necesitaban un palacio por estado para sostener la ficción de no estar en ningún lugar, una paradoja que cualquier vecino con metros de cañería comprometida firmaría sin dudar.

Como columnista, y hablo desde esa primera persona que a esta altura ya es marca registrada, les digo que esta pulseada me atraviesa de modo particular, porque entiendo a la vecina que cuida una cañería que carga con tres décadas de uso y entiendo, también, que nadie elige vivir con la cámara de un paparazzi como vecino más cercano, y en ese empate de razones me parece razonable pedir que la próxima audiencia de la junta encuentre un punto medio, con forestación que no dañe el desagüe y vallas que no persigan a los ciervos, en un pueblo que sobrevive, sobre todo, gracias a su paisaje.

IE
Iris EvansCultura y espectáculos

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