La película que apenas vio media docena de personas en Estados Unidos y aun así terminó siendo un negocio
Protagonizada por Katherine Heigl, Leo Grillo y Tom Sizemore, "Zyzzyx Road" se estrenó en un solo cine de Dallas, recaudó 30 dólares en una semana y, sin embargo, terminó vendiéndose en 23 países. Una rareza comercial que empieza a contar su propia leyenda.
"Si esto es una película, entonces yo soy un vendedor de seguros", dice el estribillo popular cada vez que un filme atraviesa una de esas crisis comerciales que parecen inventadas a propósito por el destino. Y sin embargo, hay historias que existen, que están ahí, esperando que alguien se anime a contarlas. La de "Zyzzyx Road" es una de ellas, una rareza que todavía hoy, casi dos décadas después de su estreno, sigue siendo una postal insólita del modo en que se mueve la industria del cine cuando alguien decide correr al margen de las reglas. Les propongo que nos tomemos un rato para recorrerla juntos.
Una trama mínima, un elenco enorme
Antes de hablar de la recaudación, conviene detenerse en lo que pasaba en la pantalla, porque "Zyzzyx Road" no es un experimento vacío sino un thriller con una arquitectura bastante reconocible. La película fue escrita, producida y dirigida por John Penney, y cuenta una historia ambientada en Las Vegas: después de matar al exnovio de ella, los protagonistas deciden enterrar el cuerpo en la carretera que da nombre al filme. Cuando regresan a buscarlo, ya no está. Esa promesa de crimen y de misterio sostiene todo el metraje.
El elenco reúne a tres nombres que, mirados en perspectiva, llaman la atención. Por un lado está Leo Grillo, productor y defensor de los derechos de los animales, que aquí se pone en el papel central; por otro, Katherine Heigl, que llegó al proyecto después de que Thora Birch rechazara la propuesta, poco antes de quedarse con el protagónico en el piloto de "Anatomía de Grey"; y finalmente Tom Sizemore, una cara reconocible de filmes como "Rescatando al soldado Ryan" y "Heat", que en aquellos años atravesaba una etapa profesional muy particular. La combinación de un presupuesto bajo con actores que tenían rodaje en grandes producciones fue, desde el vamos, una de las claves del mito que se fue tejiendo alrededor del título.
El rodaje en el desierto y un presupuesto modesto
La producción contó con un presupuesto de 1,2 millones de dólares y se extendió durante apenas veinte días del verano de 2005, en pleno desierto de Mojave. Para Penney, que tenía antecedentes como guionista y había trabajado junto a Brian Yuzna y Joey Travolta, "Zyzzyx Road" representaba además el salto a ponerse detrás de la cámara con su propio material. No era un debut improvisado, sino un paso pensado en una carrera que venía construyéndose de manera bastante paciente.
La estrategia detrás del estreno
Ahora bien, lo que vuelve a esta película una rareza casi de coleccionista no está en el guion ni en el elenco, sino en cómo se decidió exhibirla en territorio estadounidense. Leo Grillo buscaba generar ingresos en el mercado internacional para financiar futuros proyectos cinematográficos vinculados con animales, y la exhibición en los Estados Unidos se organizó como un paso formal dentro de esa estrategia, no como un objetivo de público en sí mismo. La idea era cumplir con los requisitos de estreno que permitieran después vender los derechos internacionales, y punto. Toda la energía estaba puesta del otro lado del mostrador, en los compradores de afuera.
- Fecha de estreno en Estados Unidos: 25 de febrero de 2006 en el Highland Park Village Theater de Dallas.
- Sala alquilada por 1.000 dólares para una función diaria al mediodía durante una semana.
- Entradas a cinco dólares, con proyecciones que terminaron el 2 de marzo de 2006.
- Concurrencia total: seis espectadores en siete días, con una recaudación de 30 dólares.
- Grillo reintegró el importe de las dos entradas que pagaron la maquilladora Sheila Moore y una amiga, por lo que la cifra neta quedó en 20 dólares.
- Resultado posterior: unos 368.000 dólares por derechos internacionales de DVD en 23 países.
Esa paradoja, la de una película a la que en su propio país prácticamente nadie vio y que aun así terminó facturando en el exterior, es la que sostiene buena parte de la fascinación retrospectiva que el caso sigue despertando. Algunos cineastas independientes eligieron este ejemplo como manual de manual para entender hasta dónde puede llegar una estrategia de lanzamiento cuando el mercado doméstico deja de ser una prioridad. Otros, más suspicaces, lo recuerdan cada vez que se discute el negocio de las llamadas "producciones tax shelter", esos rodajes que se piensan desde el minuto cero como un producto a exportar.
A mí, personalmente, me gusta quedarme con el detalle casi humano del relato, esa escena en la que el propio protagonista le devuelve la plata a las dos espectadoras que pagaron la entrada. Hay algo de honestidad medio artesanal en ese gesto, como si quienes estaban del otro lado de la pantalla quisieran recordarle al público que aquella experiencia era, también, una experiencia entre personas y no un número más en un parte de prensa. Por eso, si alguna vez les toca pasar por Dallas y se cruzan con el Highland Park Village Theater, dense una vuelta, pidan un café en la zona y miren la marquesina con atención: pocas salas pueden contar que fueron epicentro, aunque más no sea por una semana, de una de las historias más insólitas que ha dado el cine estadounidense reciente. Y si les dan ganas de buscar la película, ya saben, abrochen el cinturón y preparen el control remoto: arranca el viaje.
