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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La nueva aventura animada de DreamWorks que se anima a contar la amistad desde Filipinas

Joel Crawford y Januel Mercado dirigen «La isla olvidada», una película de DreamWorks que crece sobre el vínculo entre dos adolescentes filipinas obligadas a separarse, mientras atraviesan mundos fantásticos, conocen nuevos compañeros y enfrentan a una villana que las persigue sin tregua.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · · hace 23 d
La nueva aventura animada de DreamWorks que se anima a contar la amistad desde Filipinas

Yo no podía empezar esta nota de otra manera que con una frase que, me parece, le cabe justo a Raissa y Jo, las protagonistas de esta historia: «no es lo que uno vive, sino con quién lo vive, lo que queda guardado para siempre». Es una idea cantada por Serrat, pero también es, punto más punto menos, el motor emocional de «La isla olvidada», la nueva película de animación de DreamWorks que llega a las salas argentinas con una aventura adolescente ambientada en Filipinas y con dos directoras y un director al mando: Joel Crawford y Januel Mercado, que se ponen al hombro una propuesta que mezcla fantasía, acción y comedia sin descuidar el corazón de la historia, que es, en definitiva, el lazo entre dos amigas que tienen que aprender a despedirse, al menos por un tiempo, y a reconstruir ese cariño en la distancia y en los mundos que les toca atravesar juntas antes de que la vida las separe.

Una historia con acento filipino

Lo primero que me llamó la atención cuando me senté a ver esta película es que no se queda en el plano genérico de la «aventura animada con dos protagonistas»: hay una decisión clara de plantar la historia en un lugar concreto, con sus costumbres, sus comidas, sus colores y su paisaje, y de hacer de esa identidad una parte del relato y no un decorado. Las referencias a la vida cotidiana, a los juegos de la infancia, a la relación con la familia y a los pequeños rituales que sostienen los vínculos aparecen a lo largo del film y le dan un espesor que, creo, los lectores de mi edad van a valorar porque uno reconoce en esas escenas esa mezcla de ternura y de despedidas que tiene la adolescencia, sobre todo cuando un amigo o una amiga se muda de ciudad o de país y uno empieza a entender que las distancias pesan.

El conflicto de arranque es bien sencillo y por eso funciona: Raissa y Jo son dos amigas inseparables que, por distintas circunstancias que la película va develando, tienen que separarse. A partir de ahí, la historia toma ese emocional como combustible y lo lleva a un terreno fantástico en el que las chicas pasan de un mundo a otro, se cruzan con personajes de lo más y, sobre todo, van sumando compañeros de ruta hasta formar un grupito bien entrañable, de esos que uno quisiera tener cerca. En el medio, una villana las persigue y les complica los planes, lo que le permite al film alternar secuencias de acción con golpes de humor físico muy al estilo de la animación contemporánea, apoyados en gags visuales y en una cámara que se mueve con bastante energía.

Lo que se pone en juego cuando la amistad cambia

A mí, lo que más me interesa destacar es que «La isla olvidada» no le tiene miedo a los temas difíciles: la separación, el trauma de decir adiós, la sensación de que un mundo se termina cuando un vínculo se modifica, todo eso aparece en pantalla sin necesidad de dramatizar de manera solemne, porque la película confía en que la emoción se construye con tiempo y con pequeños gestos. Las protagonistas tienen sus defectos, sus dudas, sus reacciones desproporcionadas, y eso las vuelve más cercanas que si fueran heroínas perfectas, porque uno las ve y dice «esta chica es como mi hija», o «como la amiga que tuve a los catorce», y eso, para un público adulto que mira la película con sus propios recuerdos a cuestas, vale oro.

En el tramo final, el vínculo entre Raissa y Jo recupera el centro de la escena y se nota el trabajo de los directores para que el desenlace no quede atado solo a la resolución del conflicto con la villana, sino que también cierre la pregunta emocional que abrió la película, esa de qué hacemos con los recuerdos cuando la vida nos separa de alguien importante, y me parece un acierto enorme que en una producción pensada para adolescentes haya lugar para esa reflexión, porque les deja a los chicos y a las chicas una herramienta para pensar sus propias amistades, y a nosotros, los grandes, nos permite reencontrarnos con la idea de que las despedidas también se pueden mirar como una forma de amor.

  • El punto de partida es la amistad entre Raissa y Jo, dos adolescentes que deben separarse y cargar con los recuerdos compartidos.
  • La película recorre distintos mundos fantásticos en los que las protagonistas suman aliados y se enfrentan a una villana que las persigue.
  • La animación combina estilos visuales, humor físico y gags apoyados en el movimiento de cámara y en situaciones disparatadas.
  • Hay referencias a series de los años ochenta dentro del universo de fantasía, que funcionan como guiños para los espectadores más grandes.
  • El relato convive con temas sensibles como la separación, el trauma y el valor de las experiencias compartidas, sin caer en solemnidades.
  • El tramo final recupera la relación entre las protagonistas y le da un cierre emocional al recorrido, más allá de la acción.

Una recomendación, en primera persona

Si me preguntan a quién se la recomiendo, les digo que «La isla olvidada» es una película para ir a ver con un hijo, con una nieta, con un sobrino o, por qué no, con el amigo o la amiga con la que uno comparte cine desde hace décadas, porque tiene la virtud poco frecuente de hablarle a los adolescentes sin hablarles en diminutivo, y de hablarles a los adultos sin caer en la nostalgia fácil, y eso, en los tiempos que corren, es una apuesta que vale la pena acompañar en la sala, así que anotén esta sugerencia de quien les firma: dense el gusto de perderse un rato en esta isla, que no es la del realismo mágico pero bien podría serlo, y vuelvan después a contarme qué les quedó dando vueltas en la cabeza, que uno, como periodista y como espectador, siempre agradece una buena conversación de salida.

IE
Iris EvansCultura y espectáculos

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